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El Legado de una EducaciónJames C. Holland ¿Cómo explicar el continuo interés en Lord Acton? Después de todo, él estuvo alejado de la cultura popular en su época: era un aristócrata (el único hijo de la Condesa de Dalberg), un intelectual, un profesor y un católico cuyos pensamientos a menudo molestaron a las autoridades de la Iglesia. Excepto las raras ocasiones de sus coletazos de brillantez en el medio social, él no era muy prominente en la mente popular. No, no es debido a su actuación pública que Acton vive en nuestra memoria, es más bien debido a sus ideas que su nombre sigue siendo honrado. Cada año, el nombre de Acton aparece cientos de veces en libros, panfletos, artículos y en charlas eruditas y no tan eruditas. La verdad es que debemos mirar a su educación muy excepcional para responder a la pregunta, porque fue su educación lo que lo dejó con un notable conjunto de creencias, fascinantes y provocativas para la posteridad. Hubo media docena de influencias claras y formativas en la educación de Acton: (1) una gran familiaridad con el liderazgo y el funcionamiento del mundo eclesial; (2) una pasión por la historia, los libros y los manuscritos; (3) una exposición, detrás de la escena, a los cambios revolucionarios en las artes de los historiadores que se estaban produciendo en las universidades alemanas; (4) acceso personal a una vasta colección de archivos, recientemente habilitados, en el continente; (5) entrenamiento en una filosofía de la historia que lo llevó a su preocupación durante toda su vida por la historia de la libertad; y finalmente (6) la adopción de una devota fe cristiana no dogmática. Mi propósito aquí es sostener que estos elementos en la formación intelectual de Acton modelaron la expansión de su intelecto que, a cambio, estableció su lugar en la historia. El primer rasgo distintivo en la educación de Acton, algo que siguió siendo una constante durante sus años de formación, fue una gran familiaridad con el mundo clerical. Su tío fue obispo, y después cardenal. En 1842, a la edad de ocho años, pasó algunos meses como estudiante en Saint Nicholas de Chardonnet, cerca de París, bajo la dirección de Félix Dupanloup, más tarde obispo. Los próximos cinco años (1842-1847) los pasó en el Saint Mary's College, en Oscott, cerca de Birmingham, bajo la dirección de Nicholas Wiseman, más tarde obispo y pronto primer Cardenal Arzobispo de Westminster. Finalmente, después de dos años de estudios en Escocia (bajo la dirección de otro clérigo), fue a Munich a la edad de dieciséis años a pasar casi cinco años de estudios universitarios guiado por el célebre sacerdote e historiador Ignaz von Dölinger. Acton nunca fue intimidado o inhibido por las casullas, mitras, sombreros rojos o incluso la tiara. Fue durante su estancia en Oscott que Acton descubrió su pasión por la historia. Wiseman había convertido el lugar en un centro de intercambio de información para los católicos ingleses, especialmente clérigos -en particular los convertidos del Movimiento Oxford. Años más tarde Acton reflexionaría sobre Wiseman y la atmósfera del lugar: "Acostumbrábamos a verlo con Lord Shrewsbury, con O'Connell, con el padre Mathew, con un Patriarca de la Mesopotamia, con Newman, con Pugin, y sentíamos que Oscott, después de Pekín, era el centro del mundo."1 Desde Oscott este niño de ocho años escribió exuberantes cartas a su madre: "Voy a escribir una especie de compendio de los hechos más importantes, en la historia, para mi consulta ocasional." 2 Había firmado una carta anterior "César, Agamenón, John Dalberg Acton."3 Pronto se quejaba de que necesita una habitación privada. "Cuando tenga una habitación estudiaré mucho Historia. Quiero tener varios libro de Historia." 4 De inmediato comenzó a escribir sobre una pasión emparentada: "Como pretendo tener una biblioteca perfecta en mi habitación, te pediré que me traigas de París algunos libros de literatura francesa. Me gustaría particularmente una buena edición de las Histoires des Croisades, y la Historia de Francia. Como me lo has prometido, ahora me gustaría mucho el Biographical Dictionary [Diccionario Biográfico]..." 5 Sus cartas se convirtieron en una verdadera letanía de agradecimientos por los volúmenes recibidos como regalo, abarcando temas del mundo clásico, Santo Tomás Moro y la Francia contemporánea. Esta modesta compilación de libros en Oscott sería el núcleo de su vasta y magnífica biblioteca personal de setenta mil volúmenes, que se conserva como una colección especial en la bilbioteca de la Universidad de Cambridge. Después de cinco años de estudios rigurosos de las lenguas clásicas, literatura, historia y religión, Johnny Acton estaba deseoso de mudarse de un lugar donde, según él, "se acusa demasiado a los recuerdos." También, el padrastro de Acton, Lord Granville, un eminente Whig que se había ganado el título de lord en 1846, estaba descontento con las limitaciones de Oscott. 6 Äl creía que el muchacho necesitaba mejorar en latín, griego, inglés, matemáticas e historia antes de presentarse en uno de los Colleges de Cambridge, donde habían estudiado el padre y el tío de Acton. Granville hizo los arreglos para que estudiara dos años bajo tutela privada en Edimburgo, en la casa y bajo la dirección del Dr. Henry John Charles Logan, un clérigo y ex vicepresidente de Oscott. Johnny Acton llamó a estos años su "exilio polar" pasados en "un pueblo que estaba construido para estudiar": el viento frío y los días cortos ofrecían muy pocas distracciones de las conversaciones, los libros y el lugar al lado de la chimenea. Herbert Butterfield observa que Acton dejó Escocia como "un corriente escolar Whig...rebosante de petulancia y con una pincelada de ïMacaulayismo'." 7 De hecho se habían publicado por entonces dos de los cinco volúmenes de la Historia de Inglaterra (History of England) de Macaulay çy Acton admitía haberlos leído cuatro veces! 8 Sin duda este comienzo de educación política -allí también descubrió a Burke- complació a su padrastro Whig. Olvídense por un momento de los defectos en la teoría Whig de la historia; sólo recuerden la sobredimensionada historia de la libertad triunfando sobre la tiranía en la Inglaterra del siglo diecisiete, instituciones aristocráticas representativas frustrando los mejores esfuerzos de los reyes Estuardo de concentrar el poder. El simple drama de este cuento exitó la mente precoz de Johnny Acton, y permaneció con él mucho después de que hubiera descartado la exageración de los Whig. En el mismo momento que Acton se presentó como candidato a tres "colleges" de Cambridge -otoño de 1850- había una agitación nacional por la restauración formal de la jeraquía católica, que había sido suprimida desde la Reforma. El rechazo por los tres "colleges" no fue, de hecho, algo personal, sino la consecuencia de un resugimiento del anticatolicismo cultural. Mirando retrospectivamente, este rechazo probó ser la mayor bendición de su vida. Forzada a buscar en otro sitio la educación de su hijo, Lady Granville se contactó con sus parientes en Munich, el Conde y la Condesa Arco-Valley, quienes eran amigos cercanos del famoso erudito Ignaz von Dölinger. De inmediato Dölinger aceptó dirigir los estudios universitarios de Acton y durante los siguientes cuatro años el estudiante y el "Profesor", como sería conocido desde entonces, se hicieron inseparables. Estos fueron los años más felices en la vida de Acton, años de estudio y viajes, cuando cosas apasionantes estaban ocurriendo en las universidades alemanas, en las bibliotecas y archivos de Europa continental. A través de la influencia de sus dos profesores más importantes -Dölinger y Peter Ernst von Lasaulx- Acton formó el núcleo de su perspectiva intelectual que guió sus esfuerzos por el resto de su vida. Fue en Munich donde encontró la paz emocional, tan desesperadamente ansiada, en el calor del hogar Arco-Valley, en su residencia de la ciudad, en su castillo cerca de Ried en la Alta Austria, y en su casa de campo en Tegernsee, donde el mismo Dölinger era un huésped frecuente. Acton desarrolló una relación inmediata, intensa y cariñosa con la condesa, a quien visitaba a menudo y con quien hacían largos paseos en carruaje por el campo. Ella se convirtió en su segunda madre, y escuchaba todas sus preocupaciones, llenando el vacío ocasionado por el casamiento de su madre natural con Lod Granville. Las grandes obligaciones de Lady Granville como una de las principales anfitrionas durante las temporadas inglesas sociales y políticas, le dejaba un tiempo muy inapropiado para ocuparse de su hijo. Quince años después, Johnny Acton se casó con su prima Marie, la hija de la condesa. El mismo Dölinger era el heredero intelectual de una creciente instrucción católica en estudios históricos que comenzó con las reformas revolucionarias que Bonaparte impuso en las Alemanias. Después del Acta de Secularización de 1803, no hubo estados exclusivamente protestantes o católicos en el Sacro Imperio Romano. Como resultado, los estudiosos católicos y protestantes fueron forzados a desenvolverse por primera vez en ambas sociedades indistintamente, trabajando codo a codo en universidades, bibliotecas y archivos. La facultad de teología católica llegó a la universidad protestante de TÙbingen en 1817 procedente de Ellwagen. Äste fue un desarrollo de trascendental importancia para la vida intelectual en las Alemanias. El terreno comenzó a cambiar en los círculos teológicos católicos. A través del trabajo de unos pocos teólogos eminentes, incluyendo a Johann Sebastian von Drey (1777-1853) y Johann Adam Möhler (1796-1838), el pensamiento católico alemán abrazó el concepto del desarrollo doctrinal sensible a la historia. La piedra de toque de la petición de Drey era la continuidad de la creencia dentro de un marco de definiciones teológicas perfeccionadas, mientras que Möhler alimentaba la idea de la Iglesia como Cristo viviendo en la historia. Ese concepto fue el logro principal de la escuela de TÙbingen. Möhler se mudó a la facultad de Munich en 1835 a través de los esfuerzos de Dölinger, y jugó un papel decisivo en que Dölinger se dedicara a los estudios históricos mientras se dedicaban a la teología. Esto fue fatal, como ha escrito Stephen Tonsor: "Fue la historia la que lo llevó a la idea del desarrollo de la doctrina cristiana y finalmente a una postura tildada de herética por sus oponentes." 9 Dölinger pronto se convirtió en el principal defensor de la nueva escuela de teología histórica, sosteniendo que los documentos históricos, objetivamente examinados y comprendidos, revelarían los engaños y las falsas ideas de muchos años y también explicaría el "desarrollo" de las doctrinas de la fe cristinas de los primeros tiempos. Äl creía que un conocimiento de la interacción de la historia y la teología ofrecía el medio más seguro para sacar aquellos errores de larga tradición y para revindicar los reclamos esenciales del catolicismo histórico. Dölinger nunca dudó de la naturaleza providencial de la historia. Incluso, según él, la aparición del error en la historia, e incluso la aparición del mal, sólo servía para estimular un posterior "desarrollo" de la verdad doctrinal como corrección. Acton recordaba la atmósfera intelectual:
Acton asistió a las conferencias de Dölinger sobre la historia temprana de la Iglesia, la Edad Media, la Iglesia desde la Revolución Francesa y la filosofía de la religión. Significativamente, el Profesor también insistió en que Acton estudiara teología durante tres años completos. Cuando Acton llegó a Munich, el Profesor estaba escribiendo su historia de la Iglesia, pero sus tres libros anteriores sobre la Reforma (1846-1848) y su biografía de Lutero (1850) ya reflejaban el nuevo espíritu. A pesar de que lamentaba la ruptura protestante con la continuidad y el desarrollo, Dölinger retrató a Lutero en términos heroicos, como una figura nacional alemana, algo nunca oído antes entre los estudiosos católicos. Debe recordarse que tanto Dölinger como Acton estaban convencidos de que los nuevos métodos de estudio sustentarían al final las afirmaciones del catolicismo. Pero también creían que primero debía admitirse dolorosamente que las autoridades de la Iglesia, en el más alto nivel, habían obrado mal. A pesar de que las promesas del nuevo conocimiento eran excitantes y que los hombres que proponían este nuevo conocimiento eran muy estimados, la preocupación creció en sectores poderosos. Los líderes de la Iglesia temían que la revelación de algunos errores específicos engendrarían un amplio escándalo y mucha confusión entre las masas de fieles. Y el nuevo conocimiento, con sus demandas de un libre cuestionamiento intelectual, era percibido como una amenaza a los fundamentos mismos de la autoridad episcopal. Incluso más, el ambiente se exacerbó por el surgimiento de un nacionalismo italiano estridente e intensamente anticlerical que amenazó la existencia continua de los Estados Pontificios de once siglos de antigÙedad. Comprensiblemente, muchos líderes eclesiásticos no veían en los nuevos conocimientos más que otra amenaza en un mundo rápidamente secularizado. Entre los que más influyeron en Acton en Munich, después de Dölinger estaba el profesor Peter Ernst Lasaulx, con quien estudió historia y literatura griega, estética, historia del arte y filosofía de la historia. Ya que fue Lasaulx quien introdujo a Acton en la historia de las ideas. Lasaulx veía a la historia como un relato continuo, un fluir continuo, y creía que la religión impulsó el núcleo del avance humano a través del surgimiento y la caída de las civilizaciones. Lo expresaba así:
De nuevo vemos la focalización en la historia y el proceso histórico como la clave para comprender tanto el desarrollo histórico como las afirmaciones de la autoridad en la religión. Temerosa de las implicaciones de su trabajo, Roma colocó casi todos los escritos filosóficos de Lasaulx en el Index de Libros Prohibidos, incluso su Philosophie der Geschichte de 1856, de la que Acton escribió más tarde, "desde Schlegel, no ha aparecido un trabajo más brillante en el mismo campo." 12 Cuando Lasaulx murió en 1861 Acton compró casi la totalidad de su extensa biblioteca, valorando especialmente aquellos libro con anotaciones de su antiguo profesor. Un tercer historiador que influyó significativamnete en el entrenamiento de Acton en Historia fue Leopold Ranke, quien estaba a la vanguardia de aquellos estudiosos que se habían beneficiado con la apertura de las colecciones de archivos. Äl creía que el acceso a los archivos y una severa metodología científica hizo posible evocar el pasado con precisión y certeza. A pesar de que Dölinger había realizado esfuerzos infructuosos por llevar a Ranke a Munich desde la Universidad de Berlín, fue él quien tenía pensamientos ambivalentes con respecto a la "escuela científica," porque veía en la secularización el peligro de un caballo de Troya. Acton, por otra parte, que cayó bajo la influencia de Ranke al final de su educación en Munich, abrazó el régimen "científico" con el fervor de un converso. 13 Äste fue el zeitgeist distintivo de la educación de Acton, y se sumergió completamente en ese mundo y con unas energías estupendas. Äl apreciaba que no hubiera nada comparable fuera del mundo de habla alemana. Más aún, a pesar de que no estaba bajo una educación formal, durante tres años después de 1854, Acton pasó largas temporadas con el Profesor, tanto en Munich como viajando y visitando archivos y estudiosos de renombre, profundizando su conocimiento y expandiendo su entusiasmo por el nuevo conocimiento. Vayamos ahora a la pregunta: ¿Cómo dio forma la educación de Acton a sus pensamientos maduros? ¿Qué impronta dejó en los trabajos de su vida? Para este propósito, consideraremos cuatro ejemplos: (1) sus logros en periodismo, (2) su relación con las autoridades de la Iglesia, (3) su amistad con William Ewart Gladstone y (4) sus conclusiones de que los historiadores, al escribir la historia, deben ejercitar el juicio moral al corregir los crímenes de la historia. Acton comenzó su carrera periodística tan pronto como regresó a Inglaterra a principios de 1858. Lleno del tesoro de los nuevos conocimientos, estaba ansioso por regresar a su país para elevar el nivel intelectual de sus co-religionarios. Para este fin adquirió el control de un modesto periódico católico, el Rambler, explicándole al profesor:
Desde febrero de 1858 hasta abril de 1864 Acton se convirtió en el propietario, administrador y escritor de dos periódicos sucesivos, el Rambler hasta mayo de 1862, y después el Home and Foreign Review hasta abril de 1864. Acompañados por otros, incluso John Henry Newman, Acton y su compañero literario, Richard Simpson, un converso de sacerdocio anglicano que, al contrario de Acton, tenía un maravilloso sentido del humor, se lanzaron a investigar y a estimular una gran cantidad de temas, que iban desde la educación y la literatura hasta la historia y la teología. Al mismo tiempo insistían en el libre cuestionamiento intelectual como el camino más seguro para llegar a la verdad, sin importar el tema. Pronto surgieron los problemas desde dos sectores. En una época de una animosidad sectorial muy estrecha, las autoridades eclesiásticas no tomaron a bien las posiciones abiertas a las que recientemente habían llegado los laicos; el grupo del Rambler pronto se convirtió en persona non grata en los centros católicos de poder entre Londres y Roma. Más descorazonante fue la respuesta de la gran masa del laicado, que no parecía comprender el mensaje, y en la hora oscura de una controversia particular Acton le aconsejó a Simpson:
Después de seis años llenos de conflictos, de malos entendidos, de una creciente tensión entre los periódicos y las autoridades de la iglesia, y enfrentando una inminente censura por parte de esas autoridades, Acton decidió abandonar el esfuerzo. Tanto su corazón como su mente se pusieron al descubierto al despedirse de sus lectores:
Le quedó al astuto ecéptico protestante, Matthew Arnold, reconocer el logro profundo del círculo de Acton cuando escribió acerca del Home and Foreign "quizás en ningún otro órgano de crítica en este país hubo tanto conocimiento, tanto juego mental." 17 La génesis de ese conocimiento y de ese "juego mental," su tono preciso y su sustancia, se pueden rastrear hasta Munich. Tanto el Rambler como el Home and Foreign Review a menudo estaban en oposición con las autoridades eclesiásticas en temas relativos a educación, historia, teología y el principio del libre cuestionamiento intelectual. Pero por lejos, lo que mejor ilustra las relaciones de Acton con la autoridad eclesial es su papel prominente en el Concilio Vaticano de 1869-1870, mejor recordado por su definición de la doctrina de la infalibilidad papal. Acton -y Dölinger con él- se oponían mucho a esa doctrina sobre bases históricas que aún deben ser refutadas. A través de sus estudios y de la influencia personal ellos trabajaron arduamente para prevenir que los obispos aprobaran el dogma. Armados con sus vastos conocimientos y su acceso a aquellos en posiciones importantes, tanto académicas como políticas, los dos hombres apoyaron con todo el peso de sus influencias a los obispos que se oponían a la doctrina. Acton, recién elevado a la categoría de Lord por los esfuerzos de su amigo Gladstone, fue a Roma para ayudar los esfuerzos de los 140 prelados de la minoría, como se los llamaba. Ästa es una historia extraordinaria de la que poco se conoce hoy. Un joven laico de treinta y cinco años organizó a los obispos, los proveyó de argumentos históricos contra la definición, les levantó la moral y los alentó una y otra vez, e incluso en ocasiones los reprendió por haber cedido en sus convicciones. Mientras tanto desarrolló una correspondencia epistolar agresiva con altas autoridades políticas en Austria, Francia, Italia, Prusia y, por sobre todo, Inglaterra, en un esfuerzo por provocar la intervención de los gobiernos para evitar la promulgación del dogma. Pero todo terminó en nada cuando casi la totalidad de la oposición se derrumbó hacia el final del Concilio, y los gobiernos no intervinieron. A pesar de que fue más afortunado que el Profesor, que fue finalmente excomulgado, fue un golpe muy duro para Acton, revelándole la inutilidad de sus esperanzas de llevar la reforma intelectual a la Iglesia. Pero ésa es otra historia que está más allá de nuestro propósito aquí. Odo Russell, el observador británico en Roma, en su carta a Lord Clarendon, el Ministro de Exterior británico (Foreign Secretary), escribió lo siguiente sobre el papel de Acton en el Vaticano I:
Si Russell hubiera conocido mejor a Acton, podría haber agregado que fueron las enseñanzas alemanas las que permitieron que Acton tuviera ese desempeño en el Concilio. La relación Acton-Gladston comenzó en 1861 cuando Gladstone leyó el artículo de Acton sobre las causas de la Gran Guerra Civil norteamericana. Gladstone se conmovió con lo que leyó, expresando su aprecio a Acton en una carta, quien era veinticinco años menor que él. Lo que siguió, durante treinta y siete años, fue uno de los más grandes compañerismos intelectuales de la era victoriana. Gladstone, el más reflexivo y duradero de los políticos, y Acton, el principal estudioso de la historia de las ideas, se encontraron en el terreno común de la curiosidad insaciable. Acton era ahora el mentor, recibiendo inteminables preguntas del hombre más poderoso de la vida pública británica. Su diálogo viajó por el universo de la antigÙedad, la literatura, la historia, la filosofía, la política, la teología y mucho más. De tiempo en tiempo Acton le enviaría cajas con libros de su enorme biblioteca o lo proveería de listas exhaustivas de autoridades a quien consultar. En ocasiones Gladstone tenía que excusarse de realizar sus tareas para poder dedicarse a conducir los asuntos de gobierno de Su Majestad. Pero nunca se cansó de expresar su gran gratitud por recibir los beneficios de los conocimientos asombrosos y aparentemente inextinguibles de Acton. Owen Chadwick resume la relación entre ellos de esta manera: "Ellos discutían todo. Para Gladstone, Acton era un sabio con los más altos ideales éticos en religión, en política o en la vida privada ..." Después, citando al niño preferido de Acton, Mamy, Chadwick sigue diciendo: "Gladstone le dijo una vez en la cara a Acton que confiaba en él ïmás completamente que en cualquier otro hombre'." 19 De todos los intereses que compartían y discutían, ninguno se parecía en magnitud al intercambio entre religión y política, que es precisamente donde Acton concentraría sus poderes. La evaluación del compromiso de Acton hacia el juicio moral en la historia es más compleja. Desde sus días de estudiante en Oscott, nada lo atrajo tanto como el estudio de la historia. Se convirtió para él en el sendero esencial para la comprensión de la humanidad en todo su triunfo y tragedia. En Munich descubrió que la historia era una ciencia en la metodología, que si se la seguía adecuadamente podía revelar las verdades ocultas, seculares y divinas, de las eras. De a poco comenzó a apreciar que la amenaza universal al desarrollo de la verdad en la historia era la propensión corruptora del poder, de cualquier poder, de presentar de manera sesgada sus errores y de ocultar sus crímenes. En 1881 escribió a Mary, la hija de Gladstone:
Fue a lo largo de esa "línea ondulante" entre la religión y la política que Acton distinguió la historia de la libertad desarrollándose a lo largo del tiempo. Comprendió con una claridad absoluta que la libertad -ese "fruto delicado de una civilización madura"- no puede existir sin la restricción del poder, tanto en la iglesia como en el estado. Para él, el requisito supremo para la existencia de la libertad era la santidad de la conciencia individual. El concepto de un "reino de la conciencia" emergente se convirtió en la pieza central del compromiso de Acton hacia el juicio moral en la historia. Aprendió de sus profesores de Munich y de otras personas que en la historia hay sentido y certeza. Su propia fe cristiana, poderosamene formada por sus años en Munich, era profunda, devota, e informada por la historia; lo sostuvo durante muchas crisis públicas y privadas de su vida. Dölinger había mostrado que la cristiandad es un cuerpo de pensamiento en el tiempo y el espacio, encarnado en una iglesia institucional cuyas enseñanzas y autoridad habían sido formadas por fuerzas históricas. Así la progresión del pensamiento de Acton era tan inevitable como incesante. La Revelación había sacado a la ambigÙedad del campo moral; el crimen ya no podía refugiarse en la ignorancia; se sigue, por lo tanto, que todo comportamiento criminal debe ser llevado ante el juez que es la historia imparcial. Sólo así la tendencia incansable y corruptora del poder puede ser contenida y el reino de conciencia puede ser asegurado. Acton llegó a la conclusión de que ningún individuo o institución puede ser eximido del escrutinio desapasionado del historiador, que nadie que ostente algún puesto puede ser santificado por el puesto que ostenta, y que a ningún ocultamiento o delito, sin importar lo sagrado de la causa a la que sirve, se le debe evitar la exposición y la censura. A pesar de haber reconocido que estaba aislado en su posición esencial, Acton nunca comprometió este mensaje. Lo forzó en su Conferencia Inaugural como Profesor Regio de Historia Moderna en Cambridge en junio de 1895:
Pero su posición fue expresada más elocuentemente en noviembre de ese año cuando dió una conferencia, en la privacidad de sus habitaciones en la Nevile's Court en Trinity, al Cambridge Eranus, una sociedad selecta de no más de doce personas. El profesor Lord Acton recordó su pródiga labor de años anteriores en bibliotecas y archivos, y habló de justicia y esperanza, y de los escritos de la historia:
Al final fue su visión esperanzada en la ascendencia de la verdad en la historia -una visión enraizada en su refinada educación- lo que aseguró el lugar de Acton en el panteón de los grandes intelectos. ______________________________Notas: 1. Acton, citado en The Life and Times of Cardinal Wiseman, por Wilfrid Ward, 2 tomos. (Londres, 1897) 1:348-349. 2. Acton a Lady Leveson, viernes sin fecha, citado en Selections from tne Correspondence of the First Lord Acton, editado por John Neville Figgis y Reginald Vere Laurence (Londres, 1917), 2. 3. Acton a Lady Leveson, 15 de febrero de 1844, ibid. 4. Acton a Lady Leveson, sin fecha, citado en "The Education of Lord Acton" por James C. Holland, disertación doctoral sin publicar (Catholic University of America, 1968), 26. 5. Acton a Lady Leveson, sin fecha, ibid., 26. 6. Granville pensó que estaba educando a un futuro líder político de la clase dirigente Whig, y estaba preocupado por que la educación de Acton lo preparara correctamente para esa finalidad. Äl forzó la ida a Edimburgo, lo que se convirtió en una nueva complicación en su ya tirante relación. En su próxima biografía de Acton, Roland Hill sostiene persuasivamente que sus recurrentes combates contra la soledad provienen del segundo matrimonio de su madre, una unión que Hill cree despojó a Acton de la contención emocional que tanto ansió y raras veces recibió. 7. Herbert Buttefield, "Acton: His Training, Methods and Intellectual System," en A. O. Sarkissian (editor), Studies in Diplomatic History and Historiography (Londres, 1961), 170. 8. Acton a Lady Granville, 21 de mayo [1848], CUL add. 8121 (7)/494. 9. Stephen J. Tonsor, "Lord Acton on dölinger's Historical Theology," Journal of the History of Ideas, XX, No. 3 (junio-septiembre 1959), 331. 10. Acton, "Dölinger's Historical Work," English Historical Review, 5 (1890), reimpreso en Selected Writings of Lord Acton, 3 tomos, editado por J. Rufus Fears (Indianapolis, 1985-1988), II, 419. 11. Citado en Friedrich Engel-Janosi, "The Historical Thought of Ernst von Lasaulx," Theological Studies, XIV, No. 3 (septiembre 1953), 385. 12. Lord Acton, "Mr. Buckle's Philosophy of History," The Rambler (agosto 1858), reimpreso en Fears, op. cit., III, 449. 13. Butterfield, op. cit., 188. 14. Acton a Dölinger, 17 de febrero de 1858, en Ignaz von Dölinger, Briefwechsel mit Lord Acton 1850-1890, 3 tomos. Editado por Victor Conzemius (Munich, 1963-1971), I, 128. 15. Acton a Simpson, 5 de febrero de 1859, The Correspondence of Lord Acton and Richard Simpson, editado por Josef L. Altholz, Damian McElrath y James C. Holland. 3 tomos (Cambridge, 1971-1975), II, 42. 16. Acton, "Conflicts with Rome," The Home and Foreign Review (abril 1864), reimpreso en Fears, op. cit., III, 259. 17. Matthew Arnold, "The Function of Criticism at the Present Time," Essay in Criticism (Londres, 1928), 20, citado en Josef Altholz, The Liberal Catholic Movement in England (Londres, 1962). 206. 18. Russel al Conde de Clarendon, 18 de junio de 1870, Noel Blakiston (editor), The Roman Question. Extracts from the Despatche of Odo Russell from Rome 1858-1870 (Londres, 1962), 446. 19. Owen Chadwick, Acton and Gladstone. The Creighton Lecture in History 1975 (Londres, 1976), 29; Acton a Mamy, 23 de mayo de 1898, CUL Add MS, Acton, Box 22. 20. Acton a Mary Gladstone, 3 de junio de 1881, en Herbert Paul (editor), Letters of Lord Acton to Mary, Daughter of the Right Hon. W. E. Gladstone (Londres, 1904), 104. 21. "The Study of History," reimpreso en Fears, op. cit., II, 552. 22. "Notes on Archival Researches 1864-1868," editado por James C. Holland, en Damian McElrath, James C. Holland, W. Ward White y Sue Katzman, Lord Acton. The Decisive Decade: 1864-1974 (Louvain, 1970), 139-140.
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