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MISES Y EL CRISTIANISMO

1. Bases filosóficas de Mises

Para establecer adecuadamente el conflicto que siempre se presenta entre una primera lectura de Ludwid von Mises y una cosmovisión cristiana, hay que establecer sus bases filosóficas.

En primer lugar, Mises es neokantiano. Las nociones medio-fin, fundamentales para su teoría de la acción humana, tanto como las nociones lógicas, son categorías a priori1.

En segundo lugar, hay en Mises un peculiar utilitarismo y una explícita negación de la tesis tradicional de la ley natural2. Decimos “peculiar” porque no es un utilitarismo de los habitualmente conocidos, sino la afirmación de que lo bueno o lo malo se reduce a los medios necesarios para el mantenimiento de la cooperación social3. Allí el problema no es la noción de los medios para la cooperación social, sino el reduccionismo con el cual ello está afirmado. Su utilitarismo es “principista”, no se trata de la mayor felicidad para el mayor número, pero aún así su problema es la negación de la ley natural.

En tercer lugar, su neokantismo le produce, consecuentemente, un agnosticismo con repecto a la posibilidad de valoraciones objetivas y últimas en el orden moral. Mises argumenta clara y coherentemente que ante la imposibilidad racional de establecer un fin último para todos los seres humanos4, la salida es precisamente el utilitarismo referido anteriormente.

Todo este agnosticismo gnoseológico y metafísico no hubiera sido un grave problema si Mises lo hubiera presentado en escritos filosóficos aislados de su teoría económica. Pero no fue así, y no por un defecto. Es una virtud de los pensadores de la escuela austríaca que ellos presenten sus posiciones económicas unidas a los problemas metodológicos de la escuela, y éstos, a su vez, unidos, como en sí lo están, al trasfondo filosófico que los sostiene. Por ende, el problema central consiste en que la economía de Mises depende de su praxeología, esto es, su teoría general de la acción humana, y ésta, a su vez, aparece en los textos de Mises indiscerniblemente mezclada con su agnosticismo, su utilitarismo y su neokantismo de base. Por ende, es natural que no sea tan fácil distinguir las cosas. Cualquier filósofo cristiano advertirá todas esas posiciones en los primeros e importantísimos capítulos de La Acción Humana5, y dirá que Mises mismo sostiene que todo lo que sigue es un resultado de lo anterior. Por ende, el conflicto entre Mises y una cosmovisión cristiana no es gratuito. Por supuesto que los filósofos cristianos no se han caracterizado, en general, por tratar de establecer una línea de diálogo, dado sobre todo el problema ideológico que hay detrás de todo esto. Pero el problema es que estamos ante un autor que de modo claro y distinto une sus bases filosóficas con sus aportes epistemológicos, filosófico-sociales y económicos. He allí la cuestión.

2. Bases para el diálogo

Nuestra tesis será que varias de las posiciones misianas en economía, filosofía de las ciencias y filosofía política no son en sí incompatibles con el eje central de una cosmovisión cristiano-católica, aunque Mises mismo no lo haya considerado así.

2.1. La praxeología de Mises es en sí misma compatible con el eje central de la filosofía de Santo Tomás de Aquino

En varias oportunidades hemos presentado esta tesis6, lo cual fue, por otra parte, la contestación a la única crítica seria y fundada que en la Argentina se hizo a mi libro Economía de mercado y Doctrina Social de la Iglesia7. En efecto, si allí afirmaba yo que los aportes técnicos de la escuela austríaca de economía –y la impronta que yo le daba era fuertemente misiana, y sigue siendo- eran en sí mismos separables de cuestiones filosóficas de sus autores que chocaban, efectivamente, con los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, entonces yo me enfrentaba con esta dificultad: la economía de mercado fundada en Mises se basa en su praxeología y ésta, a su vez, en el agnosticismo misiano. Entonces?

Pues que no es así. La praxeología es el estudio de la conducta humana desde el punto de vista de las consecuencias lógicas de la descripción de acción humana. Entre esas consecuencias lógicas se encuentran cuestiones tan importantes como la teoría del valor, la teoría del interés, etc. Ahora bien: la acción racional es caracterizada por Mises como el paso de una situación menos satisfactoria a otra más satisfactoria. Y el punto es que ello, a su vez, puede inferirse de que todo agente obra por un fin que es un bien para el agente, como claramente establece Santo Tomás8. El fin por el cual la persona obra puede ser egoísta o altruísta (en sentido moral), pero eso no obsta para que sea una situación más satisfactoria. Porque, aún en el caso de la acción huamana más desinteresada, la situación más satisfactoria que se obtiene es el perfeccionamiento moral de la persona como fruto de su amor de benevolencia9. Por otra parte, aunque el fin buscado sea inmoral, sigue siendo una situación más satisfactoria buscada, pues lo malo se busca sub rationi boni (bajo razón de bien)10 aunque se obtenga una pérdida desde un punto de vista moral. Por otra parte, aunque Mises haya pensado lo contrario, la teoría del valor subjetivo en economía nada tiene que ver con una subjetividad de valores morales. Una acción humana es valiosa moralmente según esté adecuada a su fin último, Dios11, y eso no presenta ninguna contradicción con que una mercancía carezca de valor en el mercado en caso de que su demanda sea cero12.

2.2. La cooperación social de Mises no es en sí misma contradictoria con la ley natural de Santo Tomás

Cuando Tomás plantea la ley natural, no habla sólo de la naturaleza humana in abstracto, sino que habla de las inclinaciones básicas de nuestra naturaleza. Es una detalle inadvertido que, cuando se refiere a las inclinaciones racionales, habla de la tendencia “a conocer la verdad sobre Dios y a vivir en sociedad”13. De lo cual puede inferirse que todo lo que atenta contra la sociabilidad natural del hombre atenta contra el desarrollo de la sociedad y, por ende, contra la naturaleza humana. Pero esta interpretación está explícitamente afirmada por Tomás: “….aquellas cosas sin las cuales no puede conservarse la sociedad humana son naturalmente convenientes al hombre”14. Nuestra conclusión es lo siguiente: aquello que tiene “necesidad de medio”15 para el desarrollo de la sociedad humana forma parte de la ley natural. Por ende, la cooperación social de la que habla Mises está en sí incluída en la ley y el derecho natural. Fundamentar un derecho natural, en cuanto secundario16, en su utilidad social así entendida, es claramente compatible con una filosofía cristiana donde la sociabilidad del hombre es esencial a su naturaleza.

Cabe agregar, además, que Mises explica el paso de la competencia biológica del reino animal a la cooperación social humana por la escasez de recursos17. Ha pasado inadvertida también la clara conexión con el pensamiento del Aquinate en este punto: “El hombre es por naturaleza un animal político o social; cosa que ciertamente se pone de manifiesto en que un solo hombre no se bastaría a sí mismo, si viviese solo, en razón de que la natureleza en muy pocas cosas ha provisto al hombre suficientemente, dándole una razón por la cual pueda procurarse las cosas necesarias para la vida, como ser el alimento, el vestido y otras semejantes, para obrar todas las cuales no basta un solo hombre; por lo cual ha sido naturalmente dispuesto que el hombre viva en sociedad.”18.

Todo esto que venimos diciendo es de suma importancia para la fundamentación del derecho de propiedad.

2.3. La fundamentación misiana del derecho de propiedad en la cooperación social es plenamente compatible con la fundamentación tomista de la propiedad

Innumerables han sido los debates y posiciones sobre la fundamentación del derecho de propiedad. Desde Locke hasta Buchanan, Nozick y Kirzner19, la lista sería interminable. Pero se observa una oscilación entre los que fundamentan la propiedad por sus consecuencias beneficiosas para el orden social, y aquellos que la fundamentan en la naturaleza humana, independientemente de sus consecuencias.

Santo Tomás supera límpidamente este debate entre lo que hoy llamaríamos consecuencialismo y deontologismo moral respecto de la propiedad. Si bien en su época no había distinción entre bienes de consumo y de producción, lo importante es que la propiedad no aparece como un principio fundamental de la ley natural, sino una invención de la razón humana no contraria al derecho natural20. Por ello a fines del siglo XIX algunos afirmaron que era “antitomista” el fundamento de León XIII de la propiedad como derecho natural, lo cual dio como resultado la distinción, en cuanto a propiedad se refiere, entre derecho natural primario y secundario21, siendo este último una deducción posterior a partir de los principios básicos de la naturaleza humana. Por ende, que la fundamentación de la propiedad radique en su utilidad social no le quita, sino que le otorga, su carácter de derecho natural secundario. Ahora bien: en qué fundamenta Mises la propiedad privada de los medios de producción? En su utilidad a la cooperación social, en su “necesidad de medio” para la realización del cálculo económico22. La conclusión, desde un punto de vista iusnaturalista, es clara: los aportes de Mises a la fundamentación de la propiedad privada sobre la base de su teoría del cálculo económico dan más fuerza aún a la fundamentación de la propiedad privada como derecho natural secundario. La combinación de Mises y Tomás, en este punto, permite superar el debate entre consecuencialismo y deontologismo moral en este caso, y terminar con unsuperables aporías sobre la adquisión originaria, el trabajo y otras cuestiones.

2.4. El dualismo metodológico de Mises es claramente compatible con el libre albedrío afirmado por toda filosofía cristiana

Como se sabe, Mises divide a las ciencias en naturales y ciencias de la acción humana, y estas últimas, en praxeología e historia23. Lejos está de nuestra intención establecer un paralelismo entre los detalles técnicos de estas discusiones y la visión cristiana del mundo (que, así como no tiene una economía revelada, tampoco tiene una epistemología revelada) sino sólo llamar la atención sobre un detalle: aunque el dualismo metodológico de Mises haya sido exagerado24, tiene sin embargo como una de sus bases al libre albedrío, afirmado por Mises, aunque su demostración sea incorrecta e incompleta al lado de la de Santo Tomás25. Y ese libre albedrío es la base para unas ciencias sociales que nada tienen que ver con el neopositivismo, lo cual establece una línea de diálogo importante con la filosofía social cristiana, pero inadvertido por los problemas arriba referidos. Por otra parte, el análisis praxeológico, que en nuestra opinión es el gran aporte de Mises a las ciencias sociales26, no niega el libre albedrío, sino que lo supone27. Las deducciones necesarias de la praxeología son deducciones a partir de valoraciones libremente establecidas. En la deducción de la ley de la utilidad marginal, esto se ve claramente28.

3. La economía de mercado

Hemos dicho varias veces que los aportes técnicos de la teoría del proceso de mercado son opinables en relación a la fe. Pero la economía de mercado en Mises tiene una peculiar impostación, pues está basada en su teoría de la acción racional, la cooperación social, la utilidad social del derecho de propiedad y su epistemología. Ahora bien, hemos visto que ninguno de esos elementos es contradictorio con una filosofía cristiana fundamental, por más que Mises mismo los haya presentado de algún modo así. Por ende, queda abierto, para el filósofo cristiano, el análisis del proceso de mercado tal cual lo presenta Mises, limpiado ya el terreno de todos esos malentendidos. Por ende, yo lo invito a que descubra un mercado libre que, sobre la base de la incertidumbre de la acción humana y la propiedad privada de los medios de producción, tiende a acercar los siempre escasos recursos a las necesidades de la demanda, lo cual es parte esencial del bien común y la función social de la propiedad. Lo invito también a descubrir a un Mises que, en 192729 y en 1949, en la parte sexta de su tratado de economía30, describe y por ende predice las consecuencias del intervencionismo global y del nacionalismo que estamos padeciendo hoy, que absolutamente lejos están de ser un “capitalismo global”. Frente a la miseria que nos rodea, frente a los refugiados sin hogar, frente a los muchos sufrimientos que estaría en nuestras manos evitar, no creo que sea una vana invitación. La economía de mercado no es el cielo en la tierra, contrariamente a lo que muchos cristianos pensaron del socialismo. Es, nada más, un sistema que tiene los pies en la tierra, una tierra que siempre es camino hacia el cielo.



1. Ver La acción humna, [1949], Sopec, Madrid, 1968, Cap. II, sobre todo, el punto 2.

2. Op. Cit., cap. XXVII, punto 3.

3. Idem. Ver También Teoría e historia [1957], Unión Editorial, Madrid, 1965.

4. Op. Cit, cap. 4.

5. Op. Cit.

6. En nuestra tesis Fundamentos filosóficos y epistemológicos de la Praxeología, presentada a la Universidad Católica Argentina, Marzo de 1990, publicada con el mismo título en Libertas, (1990), Nro. 13; en “La filosofía cristiana y el pensamiento de Ludwig von Mises”, en Libertas (1986), Nro. 5; en “Caminos abiertos I”, en Libertas (1996), Nro. 25; en Epistemologia da economia, Pontificia Universidade Catolica Do Rio Grande Do Sul, Porto Alegre, 1997; en “Misesian Praxeology and Christian Philosophy”, en The Journal Of Markets & Morality (1998), Nro. 1. y en “Ludwig von Mises y la filosofía cristiana”, en Estudios Públicos (1986), Nro. 21.

7. Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1985.

8. En SCG (Summa Contra Gentes), libro III, caps. 2 y 3.

9. La única objeción seria que hemos recibido, tan caritativamente hecha que no parece objeción, fue realizada por Ricardo Crespo, quien me señaló que este “ensamble” tomista en Mises convierte a la teoría de la acción humana de Mises en la de Santo Tomás, con lo cual ya no estamos en Mises, sino en Tomás. Crespo me señala, además, que en este caso se trata de lo que yo digo, y no de lo que dice Mises. Lo más importante que tenemos para decir a nuestro amigo Ricardo es que la praxeología es de Mises, no de Tomás, y menos aún mía; pero, sobre todo, desde la teoría del problema de comunicación de paradigmas de Kuhn, rectamente entendida, debemos decir que es obvio que cuando un paradigma (tomista en este caso) re-interpreta a otra paradigma (misiano) es obvio que no puede hacerse sin un costo en la pérdida de sentido, pero en este caso esa pérdida se convierte en una ganancia: la base metafísica y antropológica de la praxeología de Mises. En última instancia, es obvio que la praxeología de Mises basado en Tomás ya no es la misma que la de Mises: es mejor.

10. SCG, III, 4.

11. ST, I-II, Q. I y II.

12. Además, una mercadería que en el mercado no tenga ningún valor porque nadie la demanda puede tener otro tipo de valores objetivos, además de los morales: estéticos e intelectuales.

13. ST, I-II, Q. 94, a. 2c.

14. SCG, III, 129. Versión castellana de María Mercedes Bergadá, Club de Lectores, Buenos Aires, 1951.

15. ST, I, Q. 82, a. 1c.

16. “En cuanto secundario” es una denominación tomista de fines del siglo pasado. Refiere a aquellas cuestiones de ley natural que implican una deducción adicional a partir de las inclinaciones básicas de la ley natural. Con respecto al caso de la propiedad, ver Hoffner, J.: Manual de Doctrina Social Cristiana (Rialp, Madrid, 1974), sección 3ra., punto 4. El paso adicional que damos nosotros (el agregado del tema del cálculo económico, en el punto siguiente) permitiría hablar de un derecho natural terciario o cuaternario, en cuanto tiene la mediación de una determinada ciencia social en determinada época.

17. La acción humana, op. Cit., cap. VIII.

18. SCG, III, 85. Versión castellana, idem.

19. Buchanan, J.M.: The Limits of Liberty, University of Chicago Press, 1975; Nozick, R.: Anarchy, State and Utopia, Basic Books, New York, 1974; Kirzner, I.M.: Discovery, Capitalism and Distributive Justice, Basil Blackwell, 1989.

20. ST, II-II, a. 2 ad 1. Hay que tener mucho cuidado con los términos aquí, y las mediaciones hermenéuticas implicadas en dos horizontes de precomprensión distintos. El término utilizado por Tomás, en la versión latina (Marietti, Roma, 1963) es “adinventionem”. Cuando nosotros, desde nuestro horizonte cultural, leemos “invención” nos imaginamos al inventor, a “alguien que inventó algo”, lo cual nos puede dar una lectura racionalista de este párrafo de Tomás. Al contrario, en su tradición, la via inventionis, tanto en lo especulativo como en lo práctico, siempre es un ir-hacia, un encontrar, un desarrollo progresivo. Lo afirmado por Tomás no es por ende contradictorio con un desarrollo progresivo de instituciones humanas donde la propiedad ha ido evolucionando durante siglos.

21. Ver Hoffner, op. Cit.

22. Mises, L. von: El socialismo [1922], Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires, 1968, y La acción humana, op. Cit., cap. 26.

23. Op. Cit, cap. II; ver, también, sobre su epistemología en general, Epistemological Problems of Economics [1933], New York University Press, 1981, y The Ultimate Foundation of Economic Science [1962], Sheed Andrews and McMeel, Inc., 1978.

24. Lo que queremos decir es lo siguiente: Mises afirmó que en ciencias sociales no era posible ningún tipo de testeo empírico dado que tenía in mente la versión positivista (NO porque él fuera positivista) del testeo empírico, a saber, aquella donde no hay interpretación y distingue ingenuamente entre enunciados teóricos y observacionales. Desde esa perspectiva del testeo empírico, es obvio que es imposible en ciencias sociales, pero, después del debate Popper-Kuhn-Lakatos-Feyerabend, ese tipo de testeo empírico es imposible absolutamente, y es imposible también, por ende, en ciencias naturales. Lo que estas últimas hacen es una hermenéutica de lo empírico, dada la carga de teoría (“Theory-ladenness”) de la base empírica. Y, por ende, es obvio que las ciencias sociales mucho más interpretan sus “datos” desde lo teórico, dado que la interpretación fenomenológica de las motivaciones del mundo espiritual (Husserl) es esencial para la elaboración de sus conjeturas generales. Por lo tanto, lo que Mises hizo en su época fue totalmente comprensible. Las ciencias sociales están abiertas a cierto tipo de testeo empírico, pero sólo después que éste es re-interpretado desde la fenomenología, la praxeología y la hermenéutica realista del método hipotético deductivo. Hemos esbozado algo de esto en nuestro artículo “Hacia una fenomenología de las ciencias sociales”, en Derecho y Opinión, (1997), Nro. 5.

25. Efectivamente, las afirmaciones de Mises al respecto (Teoría e historia, op. Cit., cap. 5) se quedan cortas en comparación a la fundamentación metafísica del libre albedrío en Sto. Tomás, pero pedirle esa metafísica a Mises es irrelevante. No hay que pedile lo que no tiene. Hay que dárselo.

26. Ver nuestro art. “Hacia una fenomenología de las ciencias sociales”, op. Cit, nota 24.

27. Hemos desarrollado en detalle este tema en nuestro art. “La filosofía cristiana y el pensamiento de Ludwig von Mises”, op. Cit., nota 6.

28. La deducción de la ley de la utilidad marginal es a partir de una escala de fines y medios libremente establecidos por el sujeto actuante. Ver nuestra tesis “Fundamentos…”, op. Cit., nota 6.

29. En su gran y olvidada obra de filosofía política, programática y profética, Liberalismo [1927]; Unión Editorial, Madrid, 1977.

30. La acción humana, op. Cit. En esa parte trata sobre el mercado intervenido. Su lectura es una explicación asombrosa de lo que hoy está pasando. Nos espera, conjeturamos, un largo período de soledad intelectual a los partidarios de la escuela austríaca, si los promotores de los desastres internacionales de hoy en día lo siguen haciendo en nombre de un supuesto capitalismo globalizado. Pero Mises nos dio un ejemplo de vida y honestidad intelectual. Se puso a re-escribir su tratado de economía en la soledad del exilio y en la total soledad intelectual. Si no hubiera sido por su grandeza moral e intelectual, la nueva generación de economistas austríacos en los EEUU, liderados por I.M. Kirzner, no hubiera surgido nunca.

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