La Ley Natural es aquello que naturalmente conocemos
J. Budziszewski es Profesor de Gobierno y Filosofía de la
Universidad de Texas, en la ciudad de Austin. En su nuevo libro “Lo que
no podemos ignorar: Una guía” se enfoca en el conocimiento moral natural
y lo que ocurre cuando lo reprimimos –y que funciona mal a nivel individual
y cultural cuando intentamos convencernos a nosotros mismos de que realmente
no sabemos lo que hacemos. Contribuye asiduamente con “First Things”
y ha obtenido el premio de Christianity Today del año 1997 por su trabajo “Escrito
en el corazón: El caso de la Ley Natural”. En lo teológico, es un cristiano
ortodoxo de la denominación anglicana. Junto a su familia, se reúnen en la congregación
de St. Lukes on The Lake, de Austin, Texas.
R&L: El
concepto de Ley Natural fundamenta el análisis que presenta en su último
libro “Lo que no podemos ignorar: Una guía”. ¿Qué es la Ley Natural?
Budzidzewski:
Nuestro tema de estudio se denomina ley natural porque presenta las
características de toda ley. La ley ha sido correctamente definida como el
ordenamiento de la razón, para el bien común, concretado por quien vela por la
comunidad, y la promulga. Consideremos la ley natural contra el homicidio. No
es un capricho arbitrario, sino una regla que la mente puede apreciar como
correcta. No sirve a intereses especiales, sino al bienestar universal. Su
autor cuida del universo, porque él (Dios) lo ha creado. Y tampoco es una regla
secreta, pues Dios ha ordenado su creación de tal manera que cada ser racional
la conozca.
Nuestro tema de estudio se denomina “ley” natural porque es inherente
al diseño de la naturaleza humana y se halla entrelazado en la trama de la
mente humana normal. Otra razón para denominarla natural es que normalmente la
apreciamos tal cual es – una regla como la prohibición de matar refleja
no una mera ilusión o proyección, sino un conocimiento genuino. Expresa el
verdadero carácter moral de cierta clase de acto.
R&L: ¿Por
qué la ley natural es algo “que no podemos ignorar”?
Budzidzewski:
Principalmente porque Dios nos ha dotado con una conciencia. Me refiero a una
“conciencia profunda”, denominada “sinderesis” – el testigo interior de
los principios fundacionales de nuestra moral. Debemos hacer una distinción
entre “conciencia superficial” o “conscientia” – que deriva de nuestros
principios fundacionales, ya sea en forma correcta o incorrecta, imbuida de
honestidad o deshonestidad. La conciencia profunda puede ser suprimida y
negada, pero nunca borrada. La conciencia superficial, desafortunadamente,
puede ser borrada y distorsionada de muchas maneras – una de las tantas
razones por las que continúan siendo necesarias la educación moral y la
disciplina.
De hecho reconocemos la ley natural al menos a través de cuatro caminos
diferentes. La conciencia profunda o Primer Testigo, es la responsable primaria
de “lo que no podemos ignorar”. Las otras corresponden a “lo que no podemos
evitar aprender”. El Segundo Testigo es nuestro reconocimiento del diseño de
las cosas en general, lo cual no sólo dirige nuestra atención hacia el
Diseñador, sino que también nos asegura que los otros testigos se complementan.
El tercer testigo corresponde a nuestro diseño en particular – por
ejemplo, la interdependencia y complementaridad de los sexos. El Cuarto Testigo
corresponde a las consecuencias naturales de nuestro comportamiento. Los cuatro
trabajan en conjunto.
R&L: ¿Cuáles
son las demandas y peligros de avanzar con un argumento sobre la ley natural en
el contexto de las disputas por políticas públicas?
Budzidzewski: La
tradición de la ley natural sostiene que los principios fundacionales de
moralidad son “los mismos para todos, tanto en lo que hace a rectitud como a
conocimiento” – en otros términos, no sólo son adecuados para todos, sino
que en cierta medida son prácticamente conocidos por todos. Si esto es
verdadero, entonces el debate sobre moralidad no está enseñando a las personas
algo sobre lo que no tienen la más mínima idea, sino que está sacando a flote
el conocimiento moral latente o bien el conocimiento moral reprimido que ya
poseen. Hay un cierto arte en esto; la gente por lo general tiene poderosos
motivos para “no” permitir que dicho conocimiento salga a la superficie, y
asume una posición defensiva. Uno tiene que asimilar las evasiones del pasado y
las auto-decepciones, y esto es más difícil de lograr en el ámbito público que
en una conversación privada. Aún así, cierto conocimiento moral básico
permanece “allí abajo”, y nuestras actitudes públicas pueden hacer contacto con
el mismo. Cuando esto se hace correctamente, la actitud defensiva de los
espectadores es desarmada, y entonces reflexionan, “Por supuesto. Nunca antes
pensé en ello, pero de alguna manera ya lo sabía”.
R&L: ¿Está
Ud. de acuerdo en que una gran proporción de la comunidad evangélica
protestante haya rechazado la ética de la ley natural? Si es así, ¿Por qué cree
Ud. que la han rechazado?.
Budzidzewski:
Los evangélicos deben creer en la ley natural. Muchos están comenzando a darse
cuenta. Sin embargo, algunos dicen que el único lugar donde se encuentra la
verdad moral es la palabra de Dios, y que la tradición de la ley natural niega
la misma. Argumentan que la tradición de la ley natural deposita demasiada
confianza en la capacidad del hombre caído para conocer la verdad moral. Les
preocupa que los primeros en emplear el término ley natural hayan sido los
Estoicos, quienes eran paganos. Finalmente, sospechan que el dios de la ley
natural no es el Dios de la Biblia, sino el dios del deísmo – un Creador
distante que diseñó el universo, lo puso a girar, lo dejó correr, y luego lo
abandonó. La respuesta a la primera objeción es que la Biblia misma testifica
de la realidad de la ley natural; aunque no emplea el término ley natural,
alude a los cuatro testigos. La respuesta a la segunda objeción también es
bíblica. El apóstol Pablo no culpó a los paganos por no tener la verdad acerca
de Dios y sus requisitos morales, sino por suprimirla y negarla. En Proverbios,
la principal queja respecto de los “necios” no es la falta de conocimiento sino
el desdén hacia el mismo. Respecto de la tercera objeción, es cierto que los
primeros filósofos en emplear el término ley natural eran paganos, pero el
testimonio bíblico de esa realidad es aún anterior. Además, si Dios ha hecho
algunas cosas simples para todos los seres humanos mediante los Cuatro
Testigos, ¿No deberíamos esperar que algunos pensadores paganos hubieran
admitido algunos de ellos? Respecto de la cuarta objeción, el Dios de la ley
natural no es diferente del Dios de las Escrituras – es una imagen
incompleta del mismo Dios. La naturaleza proclama a su Creador; las Escrituras
nos dicen quién es Él. La naturaleza muestra los resultados de sus designios en
la Creación; las Escrituras nos dicen los resultados históricos de sus
designios. La naturaleza nos manifiesta sus requisitos morales; las Escrituras
nos dicen qué hacer con nuestra falta de cumplimiento de los mismos.
R&L: ¿Qué
preocupación –en caso de tenerla- en lo teológico tiene Ud. respecto de
una ética que se funda ostensible y fuertemente en la razón como su principal
cimiento?
Budzidzewski:
¡Hubiera deseado que no lo expresara de esa forma! Demasiadas personas piensan
que atender a los reclamos de la razón significa negar las demandas de la
revelación. Yo de ninguna manera lo veo así. Piensen en el asunto de esta
forma. Dios ha revelado algunas cosas a todos los seres humanos; esto es la
revelación general. El también ha revelado algunos temas adicionales a la
comunidad de la fe; estas constituyen la revelación especial. La ley natural
está vinculada con la revelación general, no con la especial. Sin embargo, un
pensador cristiano que suscribe al concepto de ley natural hará uso de la
revelación especial para iluminar la revelación general y utilizará el poder de
razonamiento dado por Dios para así entender ambas.
R&L: ¿Qué
deberían saber los ejecutivos de negocios acerca de la ley natural? ¿Cómo
afecta o debería afectar la ley natural la rutina diaria del ejecutivo de
negocios promedio?
Budzidzewski: La
ley natural es una realidad moral. Afecta la rutina diaria del ejecutivo de
negocios promedio de la misma manera en que afecta a todas las demás personas.
Como las otras personas, entonces, el ejecutivo de negocios promedio debe
reconocer que si dice “Estoy haciendo lo mejor que puedo, pero todo tiene
matices de gris”, se miente a sí mismo. La mayoría de las veces, hacer lo
correcto es bastante sencillo. Al igual que las demás personas, también
necesitan enfrentarse al hecho de que algunas reglas morales no admiten
excepción. Imaginarse métodos para evitar las malas consecuencias habituales o
bien huir de las mismas, no convierte algo básicamente malo en algo correcto.
R&L: ¿Cuáles
considera Ud. que son la principales amenazas al involucrarse en cuestiones de
ética comercial”?
Budzidzewski: En
el momento en que se acepta la mentira en vez de condenarla, se requiere
aplicar la ética. Porque una vez que la mentira es aceptada como otro medio
para ganar, cuando alguien se niega a mentir por el partido, la compañía o la
causa, se considera que la persona no está haciendo su trabajo.
R&L: ¿Son
estas amenazas más significativas que las amenazas sufridas por las
generaciones pasadas? ¿Por qué sí o por qué no?
Budzidzewski:
Si, creo que sí. Estamos atravesando una etapa de la historia que asusta, un
momento en que las cosas que todos definitivamente saben son tratadas como
doctrinas jamás escuchadas, un momento en el que los elementos de la decencia
son atacados como si fueran indecentes. Nunca antes había sucedido algo
parecido en lo más mínimo a lo que hoy sucede. Aunque nuestra civilización ha
abrevado de algunas fuentes de inmoralidad, nunca antes el vicio había atacado
de esta manera los fundamentos de la moral.
R&L: ¿Qué rol, si
acaso alguno, cumple la ley natural en determinar la sustancia de las leyes que
gobiernan una sociedad en particular? ¿Qué sucede si la ley natural es excluida
del proceso legal?
Budzidzewski:
Intente pensar en alguna ley que no tenga bases en alguna idea moral; Ud. no
podrá. La ley que exige impuestos se basa en la idea moral de que las personas
deben pagar por los beneficios que reciben. La ley que pena las violaciones a
contratos se basa en la idea moral de que las personas deben cumplir lo que
prometen. La ley que pena el homicidio se basa en varias ideas morales: que no
debe derramarse sangre inocente, que las personas no deben hacer justicia por
mano propia, que las personas deben hacerse responsables de sus acciones.
Aunque nos negáramos a permitir que se discuta la moralidad cuando enunciamos
leyes, la leyes aún estarían basadas en ideas morales, pero tendrían mayor
tendencia a basarse en ideas falsas.
R&L: ¿Cómo
funcionan las libertades individuales bajo la ley natural?
Budzidzewski: La
ley natural y los derechos naturales trabajan en conjunto. Yo tengo el deber de
no matarlo; Ud. tiene el derecho a su vida. Yo tengo el deber de no robarle a
Ud.; Ud. tiene el derecho de utilizar las propiedades resultantes del uso
productivo de sus dones. Si todos tenemos el deber de buscar a Dios, entonces
todos debemos tener la libertad de buscarle.
La correlación de libertades y obligaciones pueden parecer meramente
cuestión de sentido común. Y justamente eso es la ley natural: Sentido Común
Moral, libre de evasiones, elevado, y llevado a un orden sistemático.
Desafortunadamente, la forma en que hoy se interpreta la libertad niega el
sentido común moral. En 1992, por ejemplo, cuando la Corte Suprema de los
Estados Unidos de América declaró que “(en) el núcleo de la libertad es(tá) el
derecho a definir nuestro propio concepto de la existencia, del sentido de las
cosas, del universo, y del misterio de la vida humana” propuso un derecho moral
universal a NO reconocer las leyes morales universales de las que todos los
derechos dependen. La así llamada libertad tiene mucha extensión, pero
ninguna profundidad. Un derecho es el poder para efectuar un reclamo moral a
una persona. Si uno puede elaborar sus propias “definiciones” acerca de la
no-existencia –tal como la Corte dijo que uno puede definir al nonato-
ese poder sería destruido, y la verdadera libertad sería destruida junto al
mismo.
R&L: Ud
comienza “Lo que no podemos ignorar” con una afirmación explícita de que su
punto de vista es cristiano. ¿Por qué advierte explícitamente al lector acerca
de esto?
Budzidzewski: Yo
escribo no solamente para los cristianos sino para los judíos, y no sólo para
los judíos sino para todos los grupos de creyentes y futuros creyentes. ¿Por
qué soy explícito en declarar que mi punto de vista es cristiano? Porque lo es;
lo hago así por honestidad. Aunque estemos hablando de cosas que todos
compartimos, lo hacemos desde tradiciones que no todos compartimos. Este hecho
no significa que no podemos compartir una charla; sería más preciso decir que
el hecho de reconocerlo es un requisito previo para compartir esa charla. Por
eso, al destacar que el libro es cristiano no pretendo excluir de la discusión
a los no-cristianos, sino que los invito.
Un preconcepto del pensamiento liberal* contemporáneo es que de nada
nos sirve alzar nuestras voces en público a menos que hagamos una abstracción
de nuestras tradiciones, suspendamos el juicio respecto de la existencia de
Dios, y adoptemos una posición neutral respecto de las ideas que compiten por
definir lo que es bueno para los seres humanos. Esto es una fachada –es
autoritarismo escondido. La neutralidad es un método para catapultar un juicio
moral particular y convertirlo en ley sin tener que molestarse en justificarlo,
fingiendo que no es un juicio moral.
R&L: ¿Ser
cristiano es un requisito previo para aceptar el argumento de la ley natural?
¿Puede una persona secular llegar a comprender la ley natural?
Budzidzewski:
Como destaqué anteriormente, los principios fundacionales de la ley natural no
sólo son correctos para todas las personas, sino que en cierto nivel son
conocidos por todos. Esto significa que los no-cristianos también los conocen
–incluidos los ateos. Esto no significa que creer en Dios no tiene nada
que ver con el tema. El ateo tiene conciencia; los ateos saben al igual que los
creyentes que no deben robar, que no deben matar, y demás. El problema es que
asumen una visión del mundo que no comprende dicha conciencia. Si no hay un
Dador de la ley moral ¿cómo puede haber una Ley moral? Peor aún, si es
realmente cierto que los seres humanos son el resultado de un proceso sin
sentido ni significado y que no estaba planeado, ¿cómo puede nuestra conciencia
ser Testigo de algo? Es tan sólo un accidente; podríamos habernos desarrollado
como los animales que se comen a sus crías. Por esta y otras razones es que no
creo que podemos ser buenos sin tener a Dios.
R&L: En “Lo
que no podemos ignorar” alude al hecho de que Ud. no siempre adhirió a la ley
natural ni creyó en la Cristiandad. ¿Qué ha provocado su cambio de mentalidad?
Budzidzewski: Es
correcto; negué el Cristianismo, negué a Dios, incluso negué la distinción
entre lo bueno y lo malo. Lo que me ocurrió es que el Evangelio de Juan
convence de pecado. Comencé a horrorizarme de mí mismo: no era un sentimiento
de culpa, o vergüenza, o de insuficiencia –fue una poderosísima intuición
certera de que mi condición era objetivamente maligna. No podría haber dicho
por qué mi condición era horrible; simplemente percibía que lo era. Es como si
de repente un hombre descubriera en un atardecer que el cielo ha sido siempre
azul, aunque por años haya creído que era rojo. San Agustín argumentaba que
aunque el mal es real, es derivativo; el concepto de maldad “pura” no tiene
sentido, dado que la única forma de conseguir algo malo es tomar algo bueno y
arruinarlo. Siempre había considerado que este era un razonamiento originado en
una falsa premisa. Sí, descontado el horror, tenía que existir una maravilla de
la cual lo horrible era su perversión –pero no daba por sentado el
horror. Entonces todo eso cambió. Tenía que dar por sentado el horror, porque
estaba justo frente a mis ojos. Pero como San Agustín percibió, si existía el
mal, también debía existir el bien. Al permitir que estos pensamientos
fluyeran, mi censura mental tambaleó.
Comencé a darme cuenta, no sólo que mis errores eran absolutos, sino
que fueron errores para nada honestos, eran simplemente auto-engaños.
Todo podía ser cierto, aún las proclamas de Jesucristo, a quien había
rechazado 10 o 12 años antes. A esto continuó un período de lectura y búsqueda
intensas. No puedo indicar el momento en que comencé a creer, pero llegó un
momento en el cual tomé conciencia de que había creído por algún tiempo, sin
darme cuenta.
*En el sentido aglosajón del término.
Traducción: Lic. Gabriel Sciarillo
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