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El recurso económico por antonomasia

Mayo-Junio, 1998

Rev. Robert A. Sirico

Los amigos de la libertad perdimos un aliado fiel a comienzos de este año, cuando se fue Julian Simon el 8 de febrero, poco antes de su cumpleaños 65. Fue célebre por la defensa que hizo de la sociedad libre -y su capacidad para liberar la fuerza creativa de la persona humana-, principista en la argumentación, y a la vez guiada por los hechos y realidades.

Contrariamente a los neomaltusianos y antinatalistas, que monopolizaron la discusión sobre el crecimiento poblacional y el uso de los recursos, Simon apuntó que de acuerdo a los datos, la condición de la familia humana de hecho mejoraba año a año, especialmente en los países con libertad política e instituciones de mercado.

Quizá la más emblemática de las tácticas de Simon fue su celebrada apuesta con Paul Ehrlich, ecologista catastrófico. Se recordará que Ehrlich, a finales de los años '60 y comienzos de los '70, contribuyó a fundar ese floreciente negocio de profecía apocalíptica, con sus torvas visiones de un futuro signado por un crecimiento poblacional que dejaría atrás a los recursos naturales requeridos para sostenerlo. En 1980 Simon lo discutió en las páginas de "Science", refutando cada una de las predicciones de Ehrlich en un artículo firmemente argumentado, y apoyado por pilas de cuadros estadísticos y gráficos. Ehrlich le opuso más predicciones de futura escasez.

Tocado con el estímulo apropiado, Simon desafió a Ehrlich a respaldar con su dinero lo que decía. Si es cierto que ciertos recursos se están haciendo cada vez más escasos -razonó Simon-, de acuerdo a los principios económicos entonces sus precios tendrían que subir, de otro modo se mantendrían constantes o decrecerían.

De este modo hizo su "oferta pública de apostar 10 mil dólares ... a mi convicción de que el precio de las materias primas no controladas por el Gobierno (incluyendo granos y petróleo) no aumentará en el largo plazo."

Ehrlich, y sus colegas John P. Holden y John Harte, concienzudamente aumentaron el desafío. Seleccionaron cinco metales que predijeron se volverían más escasos: cromo, cobre, niquel, estaño y tungsteno. En el papel, compraron 200 dólares de cada uno de ellos, usando sus precios al día 29 de setiembre de 1980 como índice, para una apuesta total de mil dólares. Si a diez años vista subían los precios -ajustados a la inflación- de esta cesta de recursos, Simon pagaría a Ehrlich la diferencia; si por el contrario caían, Ehrlich y sus compañeros pagarían a Simon. Y esperaron.

En la siguiente década, la población mundial creció en más de 800 millones de personas. En esos mismos diez años, los precios de los cinco recursos cayeron. El cromo bajó de U$S 3.90 la libra a 3.70. El estaño se desplomó de U$S 8.72 a 3.88. Y Paul Ehrlich envió a Julian Simon un cheque por U$S 576.07

No podría haber más clara refutación a la noción de que el crecimiento poblacional es un insostenible drenaje a los recursos del planeta. De cierto, como Simon lo expresó: "Es tu mente lo que económicamente importa, tanto o más que tu boca o tus manos."

Las actuales manías del control poblacional y de la catástrofe ecológica arraigan en una falsa concepción del hombre. No somos sólo bocas que consumen; somos manos que trabajan, mentes que crean, almas que adoran. Al resaltar este hecho crucial acerca de la persona humana, Simon reflejó un tema dominante en toda la tradición de la enseñanza social Cristiana, más recientemente articulado por el Papa Juan Pablo II en "Centesimus Annus": "Aparte de la tierra, el principal recurso humano es el hombre mismo. Su inteligencia lo capacita para descubrir el potencial productivo del planeta, y las muy diferentes maneras en las cuales las necesidades humanas pueden ser satisfechas."

Hemos sido comisionados como administradores de la Creación, y como tales tenemos la sagrada responsabilidad de cultivarla sabiamente y en beneficio de todos. Además, como portadores de la "imago Dei" se nos ha bendecido con el don de la creatividad; y así bendecidos tenemos la sagrada responsabilidad de ejercerlo al servicio de Dios y de la comunidad humana.

Simon nos recordó la gran dignidad y el potencial de la persona humana, y la necesidad de un ambiente de libertad; honremos su memoria con el esfuerzo permanente para preservar la dignidad de las personas humanas libres, ejerciendo su creatividad al servicio de lo bueno.

Fr. Sirico es Presidente del Instituto Acton

www.acton.org

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