Acton Institute for the Study of Religion & Liberty

Site Map | Contact Us
About Book Shoppe Calendar Programs Policy Publications Press Research Audio Discuss Contribute
Home ›› Español ›› publicac

Publicaciones

La Vocación Empresarial

por Robert A. Sirico

¡Cómprelo ya! >>

Introducción de William E. Lamothe

Occasional Papers no 13E

Este ensayo fue originalmente ofrecido como la alocución de clausura para los retiros de ejecutivos empresariales y las conferencias "Hacia una Sociedad Libre y Virtuosa" patrocinados por el Instituto Acton para el Estudio de la Religión y la Libertad.

Introducción

Para aquellos de nosotros que hemos pasado la mayor parte de nuestros años en el mundo de los negocios, el título de este ensayo por el P. Robert Sirico puede sonar un poco extraño. En mi propia experiencia, la misma palabra vocación generalmente significó un llamado que, por su lado, usualmente implicó, un llamado de la vida como un sacerdote o una monja, o como un religioso o misionero. La pregunta que el título trae consigo es, entonces, esta: ¿ cómo los conceptos de empresario y vocación se juntan y logran sentido?

En este ensayo, el Padre Sirico responde esa pregunta. El punto de vista se establece desde el hecho que todos los empresarios creen fuertemente en sus ideas, como para aceptar el hecho que estas ideas implican un llamado, un llamado que surge en ellos, a menudo hasta el punto de arriesgar todo con tal que suceda. Si un producto o servicio es exitoso, éste satisface una necesidad a aquellos que lo compran, y el empresario puede volverse famoso y rico. Aun si un producto dado no resulta exitoso, el empresario puede mantener la confianza, si está convencido que Dios lo ha elegido para este tipo de tarea como el trabajo de su vida.

El Padre Sirico señala la necesidad que tienen los empresarios de poseer un marco moral en el que puedan entender sus esfuerzos. Este entendimiento ayuda al hombre de negocios a afirmar la dignidad de la empresa que él ha tomado. Esto también le imparte ciertas responsabilidades; ya que no puede pensar acerca de sus esfuerzos comerciales sin referencia a los dictados de su conciencia y los principios religiosos a los cuales se adhiere.

Este ensayo también resalta la necesidad de que otros, especialmente los líderes religiosos, reconozcan y aprecien el carácter moral de los esfuerzos del empresario. Muchos líderes religiosos son recelosos del sistema de libre empresa y, del empresario. El Padre Sirico no sólo intenta clarificar la división existente entre hombres de negocios y el clero, sino también ofrece una manera de conciliar esta división. Lo hace elucidando los principios cristianos que son inherentes al espíritu empresarial.

El Padre Sirico se sitúa de manera excepcional para analizar las esferas de la religión y los negocios. Como miembro del clero, ha pasado por la experiencia del seminario y la educación teológica y ha trabajado como pastor. Entiende las exigencias de justicia social y exhibe una profunda preocupación por aquellos quienes no han sido capaces de compartir la riqueza creada por la economía de mercado.

Al mismo tiempo, ha sido un estudiante del sistema de libre mercado. Ha escrito y hablado extensamente sobre la excelencia de una sociedad que es a la vez libre y virtuosa. También ha trabajado y guiado a líderes empresariales. El Padre Sirico no sólo convoca al clero para que se ocupe de los hombres de negocios y viceversa, sino que él ha iniciado este llamado. Puedo testificar, en la base de una experiencia de primera mano, que sus seminarios para ejecutivos de negocios son eventos que ponen en práctica los principios esbozados en este ensayo. Me he beneficiado ampliamente con las reflexiones del Padre Sirico, las cuales me han conducido a un mejor entendimiento de mi papel como hombre de negocios y de las responsabilidades que vienen con ese llamado.

Es mi sincera esperanza que todos los empresarios y hombres de negocios (así como otros) lleguen, a través de este ensayo, a un mejor entendimiento del papel de la actividad empresarial y su sublime dimensión como llamado de Dios.

William E. LaMothe
Catedrático Emérito
Corporación Kellogg

 

Hubo un tiempo, en el pasado no muy distante, cuando los estereotipos eran socialmente aceptables. Sin embargo, los estereotipos, que típicamente funcionan como atajos al conocimiento, son hoy considerados ofensivos. Esto es así, sin tomar en consideración si éstos elucidan o no las características de un grupo. La gente no debería ser juzgada meramente por las asociaciones que mantiene, sin consideración a su persona o a sus cualidades individuales. Tal tendencia es objetable para cualquiera que tenga sensibilidad moral.

A pesar de la encomiable actitud de la cultura popular contra prejuicios de cualquier forma, todavía queda un grupo sobre el cual ha sido declarada una temporada abierta: los empresarios. Uno observa una vívida evidencia de este prejuicio a casi cada momento, particularmente en los términos de formas populares de comunicación. Considere, por ejemplo, obras literarias clásicas (digamos, de Charles Dickens1,o Sinclair Lewis2), programas de televisión (tales como Dallas y Dinastía), películas (El Síndrome de China, Wall Street, y algunas versiones de Un Árbol de Navidad), tiras cómicas (tales como Doonesbury y Dilbert), y aún sermones en los cuales los empresarios son descritos como ambiciosos, inmorales, e inescrupulosos3.

En la rara ocasión en que los creadores de opinión, especialmente líderes morales, se abstienen de denunciar el ‘apetito rapaz’ y el ‘consumismo obsceno y conspicuo’ de estos capitalistas, lo mejor que uno puede esperar es que la gente de negocios sea tolerada como un mal necesario. La mayoría de los editores de noticias, los novelistas, los productores de cine, y el clero asumen que el comercio requiere una amplia y complicada red de controles para servir necesidades humanas genuinas. Aun los amigos del capitalismo frecuentemente muestran la misma actitud. Los líderes religiosos y los críticos del mercado a menudo sufren de una confusión en su pensamiento económico y moral. Esto puede ser visto, por ejemplo, en su rechazo a conceder cualquier moralidad al empresario. Así, en vez de elogiar al empresario como una persona de ideas, un innovador económico, o un proveedor de capital, el sacerdote o ministro promedio piensa a las personas de negocios como individuos que traen consigo una culpa adicional. ¿Por qué? Por poseer, controlar, o manipular un porcentaje desproporcionado de la riqueza “de la sociedad”.

Al tiempo que los empresarios no deberían ser injustamente criticados por hacer dinero, tampoco deben ser tratados como víctimas de una injusta discriminación que merece una bendición especial. Sin embargo, es también verdad que la profesión que han escogido ha de ser legitimada por su fe. El público debe empezar a reconocer el valor de la vocación empresarial, la sabia administración de talentos, y las contribuciones tangibles de los empresarios a la sociedad.

Las consecuencias de un divorcio entre el mundo de los negocios y el mundo de la fe serían desastrosas en ambos campos. Para el mundo de negocios, esto significaría no reconocer ningún valor superior a la conveniencia, la ganancia, y la utilidad, lo cual resultaría en lo que ha sido descrito como capitalismo sangriento o salvaje4.Esto conduciría a una visión truncada de los consumidores, así como de los productores, cuyo único valor sería medido por la utilidad. No requiere mucha imaginación calcular el efecto que tales actitudes ejercerían en un amplio dominio de normas sociales y cívicas. Similarmente, las preconcebidas nociones de líderes religiosos deben ser desafiadas para evitar el cargo de “estar tan ocupados con las cosas del cielo que no son suficientemente buenos para las cosas de la tierra”. Olvidando que la actividad empresarial requiere discernimiento o intuición, y no meramente un punto de referencia transcendente señalando el bien común de la sociedad, los críticos religiosos no prestan atención a la dimensión espiritual implícita en la labor empresarial.

Algunos moralistas5 parecen ver la ética de los negocios como un oximoron o como un esfuerzo en subordinar lo que es un mecanismo intrínseca y moralmente comprometido a leyes morales. Con respecto a esta forma de pensar, la ética y los negocios se encuentran en una tensión fundamental el uno con el otro. Sin embargo, yo veo estos asuntos de una manera diferente. Mi trabajo con grupos de exitosos líderes de negocios, extensas lecturas en los campos de la economía y la ética de negocios, y una buena parte de meditación y oración en estos asuntos, me ha llevado a la conclusión de que la búsqueda de la excelencia es el principio de una búsqueda de Dios. Dicho sucintamente, la sed humana por lo trascendente es lo que impulsa a las personas a buscar la excelencia, aunque ellas lo reconozcan o no. No obstante, esto no excluye nuestro impulso inicial e intuición de ser “remolcadores” divinos en la dirección correcta. Esto también sucede con la capacidad humana del conocimiento. Varios filósofos y teólogos sostienen que la búsqueda humana por el conocimiento revela que los seres humanos están ontológicamente orientados hacia la verdad6. La mente humana fue originalmente diseñada para tener una inmediata conciencia de la verdad.El principal argumento de este ensayo es que tanto la búsqueda de la excelencia, como la constitución original de la mente, develan la orientación ontológica de la humanidad hacia el más elevado y supremo bien, a saber, la perfecta aprehensión de Dios en el cielo (cf. Cor. 13:12).

Administración de Talentos: La Brecha Intelectual entre Líderes Religiosos y Empresariales.

Ya es tiempo de que las instituciones religiosas y los líderes traten la actividad empresarial como una vocación digna, como un llamado sagrado. Todos los laicos tienen un papel que jugar en la economía de la salvación, compartiendo el objetivo de fomentar la fe, utilizando sus talentos en formas complementarias. A cada persona creada en la imagen de Dios, le han sido dadas ciertas habilidades naturales que Dios desea que sean cultivadas y tratadas como dones buenos. Si el don resulta ser una inclinación para los negocios, bolsa de valores, o inversiones bancarias, la comunidad religiosa no debería condenar a la persona meramente en base a su profesión.

En respuesta a mis escritos en una variedad de revistas de negocios, me contacta gente de un perfil particular. En una ocasión, un caballero me llamó para hacerme saber que acababa de leer un artículo mío en Forbes. Esto resultó, como él explicó, en una impactante experiencia emocional ya que en toda su educación religiosa católica y asistencia regular a misa, nunca había escuchado hablar a un sacerdote tan profundamente acerca de las responsabilidades, tensiones, y riesgos inherentes a emprender un negocio. ¿No había, él se preguntaba ­ algún componente espiritual en aquello que había ocupado tanto en su vida? Al leer el artículo, se sintió afirmado ­por primera vez- por un líder religioso en el punto de su vida donde pasó mayor tiempo y esfuerzo: en el mundo del trabajo.

Este hombre representa a muchos otros cuyas historias son demasiado numerosas para contar aquí. Muy a menudo, se trata de individuos relativamente exitosos, con convicciones religiosas y morales profundas. Sin embargo, cada uno de ellos experimenta una tensión moral, no debido a que lo que hacen es de alguna manera incorrecto, sino a que, usualmente, el liderazgo religioso ha fallado en captar la dinámica de su vocación y así proveerlos de una relevante guía moral y afirmación.

Estas personas representan una variedad de tradiciones cristianas, y todas ellas expresan un sentido de ser desarraigados y alienados de sus iglesias. Los líderes religiosos generalmente muestran muy poco entendimiento de la vocación empresarial, de lo que requiere, y de lo que contribuye a la sociedad. Desafortunadamente, la ignorancia de los hechos no los ha apartado de moralizar sobre asuntos económicos y causar gran daño al desarrollo espiritual de las personas de negocios. En particular, recuerdo un hombre, uno que se describía a sí mismo como cristiano conservador, diciendo que ya no atendía a los servicios de la iglesia debido a que rechazaba sentarse en el banco de la iglesia con su familia y, en efecto, ser discriminado por su perspicacia en los negocios. ¿ Cuántos sermones críticos puede escuchar un pequeño propietario de negocios o un banquero de inversiones antes que él o ella se desanime y decida dormir en el día de culto?

Michael Novak relata otra experiencia demostrando la casi impenetrable resistencia de algunos clérigos a admitir el potencial moral del liberalismo de mercado. Su experiencia ocurrió en una conferencia sobre economía en la cual diversos sacerdotes de América Latina estuvieron participando. La conferencia se mantuvo por varios días, durante los cuales un persuasivo caso se presentó acerca de cómo la economía libre es capaz de sacar al pobre de su pobreza a través de los medios productivos del mercado. Los sacerdotes permanecieron en silencio hasta el último día de la conferencia y Novak ofrece un interesante relato de lo que pasó a continuación:

En la última sesión de lo que había sido un feliz seminario, uno de los sacerdotes se levantó para decir que sus colegas se habían reunido la noche anterior y le pidieron hacer una declaración en su representación. “Nosotros, dijo, hemos disfrutado enormemente esta semana. Hemos aprendido mucho. Vemos muy bien que el capitalismo es la manera más efectiva de producir riqueza, y aún que distribuye riqueza más ampliamente y equitativamente que los sistemas económicos que vemos en América Latina. Pero todavía pensamos que el capitalismo es un sistema inmoral7”.

¿Por qué esta situación todavía persiste? ¿Por qué es tan común que la gente de negocios no escuche nada mejor de un líder religioso que algo parecido a, “Bueno, la manera de redimirte es darnos tu dinero”? ¿Por qué sucede que muchos de aquellos que forman la conciencia moral de nuestro mundo no captan ni los fundamentos morales ni los principios básicos del mercado?

Una obvia razón de esta ignorancia es la asombrosa carencia de cualquier entrenamiento en economía en virtualmente todos los seminarios. Es raro encontrar un solo curso de seminario que explique los principios económicos fundamentales, el complicado mundo de las acciones, o de la dinámica de la microeconomía. Históricamente, en la mayoría de los cursos de ética social, los seminaristas fueron acostumbrados a escuchar las consignas vacías de los proponentes de la teología de la liberación, quienes creían que las naciones desarrolladas explotan a las naciones menos desarrolladas, manteniéndolas así en un perpetuo estado de pobreza8. Generalmente, estos argumentos eran propuestos por teólogos que tenían poco entendimiento de la economía.

La Brecha Práctica entre Líderes Religiosos y Empresarios

Sumada a la brecha intelectual o académica hay, por lo regular, una clase de brecha práctica entre los líderes religiosos y los empresarios en su entendimiento de las operaciones del mercado. Esto se debe a que los dos grupos tienden a operar desde diferentes visiones del mundo y emplean diferentes modelos en sus operaciones diarias. Note ahora como estas diferencias se manifiestan típicamente. En la mañana de un domingo, una canasta de colectas se pasa en la mayoría de las iglesias. Los lunes, las cuentas son pagadas, las obras de caridad atendidas, y los diezmos pagados a las sedes de las denominaciones. Sin embargo, cuando la colecta no alcanza, haciendo difícil pagar las cuentas, la mayoría de los ministros predican un sermón sobre la responsabilidad de la distribución. En la mente de muchos clérigos, las decisiones económicas se asemejan a dividir un pastel en partes iguales. Desde este punto de vista, la riqueza es vista como una entidad estática, lo que significa que para que alguien con un pequeño trocito aumente su porción del pastel, otra persona tiene ­necesariamente­ que recibir una porción más pequeña. La ‘solución moral’ que surge de este modelo económico es la redistribución de la riqueza, que puede ser llamada la moralidad de Robin Hood.

Los empresarios operan desde un entendimiento muy distinto acerca del dinero y la riqueza. Ellos hablan de hacer dinero, no recolectarlo; de producir riqueza, no distribuirla. Los empresarios deben considerar las necesidades y deseos de los consumidores, debido a que la única forma de satisfacer sus propias necesidades pacíficamente ­sin depender de la caridad­ es ofrecer algo de valor como intercambio. Estas personas, entonces, ven el mundo de manera dinámica. Al referirnos al libre mercado como dinámico, sin embargo, es fácil tener la impresión de que estamos describiendo un lugar u objeto. Sin embargo, el mercado es de hecho un proceso ­ una serie de elecciones hechas por personas que actúan independientemente, las cuales ponen valores monetarios sobre bienes y servicios. Este proceso de asignar subjetivamente valores determinados es el responsable de producir ‘la riqueza de las naciones’, una frase que es típicamente asociada con el título del clásico trabajo del siglo dieciocho escrito por Adam Smith9,pero que de hecho, fue empleada por primera vez en el libro de Isaías (60:5) 10. La visión creativa de la economía tomada por la gente de negocios aparece también en las Escrituras.

Desafortunadamente, el argumento anterior podría ser malinterpretado señalando que la religión adopta, en el fondo, una mentalidad de pérdida y ganancia en relación a su misión, pero esto sería una grave distorsión. Concuerdo con que en la práctica cristiana existe un lugar significativo a cerca de compartir la riqueza y los recursos ­ de hecho, un sitio obligatorio. En su visión trascendente, las comunidades de fe reconocen que algunos asuntos no se pueden colocar dentro de los limitados cálculos del intercambio económico o ser evaluados en términos de dinero. Sin embargo, es también verdad que para mantener credibilidad en el mundo de los negocios y las finanzas, el clero debe entender primero el mecanismo interior de la economía de mercado, ya que sólo así su guía moral será de ayuda.

Pero hay otro factor, tal vez bastante confuso, que contribuye a la hostilidad hacia el capitalismo que uno frecuentemente encuentra en círculos religiosos. Muchos líderes religiosos pasan gran parte de sus vidas confrontando personalmente la adversidad de la pobreza. La pobreza nos entristece y encoleriza, y nosotros queremos ponerle un fin. Este sentimiento es enteramente apropiado, sin mencionar que incumbe moralmente a los cristianos. Sin embargo, se presenta un problema cuando este sentimiento se combina con la ignorancia económica descrita arriba. Cuando esto sucede, el justo grito contra la pobreza se convierte en un odio ilegítimo contra la riqueza en cuanto tal, como si esto último hubiese creado lo primero. Mientras que esta reacción es entendible, es sin embargo, mal informada y puede conducir a reacciones exageradas. Las personas que reaccionan en esta forma no llegan a conocer que la superación de la pobreza será conseguida sólo produciendo riqueza y protegiendo una economía libre.

Lo Apropiado del Descontento Moral

Hay una comprensible resistencia moral a la imagen de la empresa exitosa si uno presupone que el motor de tal actividad está animado por la ambición, el egoísmo, el deseo de poseer, o el orgullo. El punto no es que algunos empresarios sean ambiciosos u orgullosos; sino si estas fallas en el carácter constituyen la norma en los empresarios exitosos. La intención aquí no es pasar por alto el hecho de que existen serias tentaciones asociadas con la riqueza y el éxito, sino llegar a una apreciación más balanceada del carácter moral de los empresarios.

Por alguna razón, los críticos morales a menudo se concentran en las ganancias personales de los empresarios ­ como si la riqueza en sí misma fuera de algún modo injusta- pero pierden de vista los muchos riesgos personales con que cargan estos individuos. Mucho antes de que los empresarios vean una retribución a su idea o inversión , deben entregar su tiempo y posesiones a un destino desconocido. Pagan impuestos altos aún antes de saber si su predicción ha sido acertada. No tienen ninguna seguridad de ganancias. Cuando las inversiones retornan con ganancias, muchas de ellas usualmente se reinvierten (y algo va a la caridad y a las instituciones religiosas). Algunas veces los empresarios cometen errores de juicio y malos cálculos, y el negocio sufre pérdida financiera. La naturaleza de la vocación es tal, que los mismos empresarios deben aceptar la responsabilidad por sus pérdidas sin poner el peso de la culpa en el público. De manera que la persona con una verdadera vocación para ser un agente de cambio, debe permanecer vigilante, ya que las condiciones económicas están siempre cambiando.

Cuando un riesgo económico falla, los profesionales religiosos deberían considerar si no es mejor alentarlos que condenarlos. ¿O las pérdidas económicas sufridas por los capitalistas deberían ser vistas como lo que justamente merecen? ¿Por qué no mejor hacer de tales ocasiones oportunidades para demostrarles simpatía o cuidado pastoral? Ya sea que ellos ganen o pierdan, poniéndose ellos mismos y su propiedad en peligro, los empresarios hacen del futuro algo un poco más seguro para el resto de nosotros.

Lo que es único sobre la institución de la actividad empresarial es que ésta no requiere la intervención de un tercer partido ya sea para establecerla o mantenerla. No requiere ningún programa gubernamental o manuales gubernamentales. No requiere préstamos de bajos intereses, un trato especial de impuestos, o subsidios públicos. Ni siquiera requiere de una educación especializada o un título universitario prestigioso. La actividad empresarial es una institución que se desarrolla orgánicamente de la inteligencia humana situada en el contexto del orden natural de la libertad. Aquellos con el talento, el llamado, y la aptitud para la creatividad económica están compelidos a entrar a la vocación empresarial con el propósito de producir bienes y servicios y proveer trabajos.

Verdaderamente, los dones que los empresarios ofrecen a la sociedad en toda su extensión se encuentran más allá de lo que ellos u otros puedan comprender plenamente. Los empresarios son la fuente de más bien social y espiritual que lo que generalmente se reconoce. Este hecho, sin embargo, no contradice el papel propio de la dirección espiritual de un pastor, refiriéndose no solamente a fallas morales, sino también a prioridades desubicadas, rechazo a la familia, e inatención al desarrollo espiritual debido al exceso de trabajo. El clero debe recordar a cada uno de la seriedad del pecado y convocar a la virtud, lo cual significa que debe, de la misma manera, desafiar a los empresarios cuando siguen un rumbo equivocado. Para ser auténtica, esta dirección espiritual debe estar cimentada en un entendimiento de lo que el judaísmo y el cristianismo han tradicionalmente entendido como pecado, no en alguna ideología políticamente correcta disfrazada como teología moral.

Ésta es una difícil transición para muchos líderes religiosos, especialmente porque el marco moral que han heredado para entender la productividad económica fue desarrollado en un mundo pre-capitalista. Es una ardua tarea traducir y aplicar la doctrina social cristiana pre-moderna al ambiente dinámico de un mundo post-agrario, post-industrial, y ahora, post-comunista. Es especialmente difícil porque, mientras la naturaleza humana no cambia, el contexto socio-económico en el cual la naturaleza humana existe es radicalmente diferente de aquellas culturas y sociedades donde los principios de la teología moral se desarrollaron primero11.

Empresarios y Economistas: ¿Disputa de familia o rivalidad entre hermanos?

La teoría económica ha tenido desde hace mucho dificultad en entenderse con la naturaleza de la actividad empresarial, probablemente porque ésta no se ajusta bien a las ecuaciones econométricas y gráficas que describen la economía como una gran máquina. Es, además, una labor demasiado humana para ser entendida sólo por la ciencia. Aquí es donde la religión puede ser de ayuda para reconciliar a esta gente con la vida de la fe. Los líderes religiosos deben investigar cómo entender a los empresarios y alentarlos a usar sus dones dentro del contexto de la fe. Por supuesto, con la riqueza viene la responsabilidad, y el Papa Juan Pablo II insiste que aun la decisión de invertir tiene una dimensión moral irrenunciable12. Los empresarios, al tomar riesgos, servir al público, y expandir el resultado económico para cada uno, pueden ser considerados como los más grandes hombres y mujeres de fe en la Iglesia.

Capitalistas Anti-Capitalista. Aun más desconcertante que el prejuicio anti-capitalista entre el clero, es el prejuicio que se halla entre los mismos capitalistas. En intentos desencaminados por alcanzar un alto nivel de “responsabilidad social” en sus compañías, algunos líderes de negocios han sucumbido a falsas concepciones del mercado. Mientras están creando riqueza para la sociedad a través de exitosos negocios, simultáneamente apoyan causas antitéticas al crecimiento económico, la libre empresa, y la libertad humana. ¿Por qué la retórica de “responsabilidad social corporativa” parece tener tal prejuicio anticapitalista? A mediados de los ’90, poco a poco, apareció a la luz pública que gerentes generales ­en otras instancias exitosos­ estuvieron usando sus corporaciones para financiar causas políticamente intervencionistas bajo la rúbrica de responsabilidad social corporativa. Esto pudo ser visto particularmente en los casos de “Patagonia”, los helados “Ben & Jerry”, y la cadena de cosméticos “The Body Shop”.

Yvon Chouinard es el fundador de “Patagonia”, un sobresaliente productor de ropa deportiva funcional para la ocasión. Chouinard dijo a Los Angeles Times que él puede “sentarse a conversar como igual, con el presidente de cualquier compañía, en cualquier momento, en cualquier lugar, y convencerlo [a él o ella] de que el crecimiento es malo”. Sus palabras, de hecho, correspondieron a sus acciones. En 1991, la compañía envió una carta a sus contratistas, anunciando que iba a “reducir el crecimiento económico debido a razones económicas y morales. “Hemos tomado una postura pública a favor de un consumo más racional, para beneficiar al ambiente”, decía su declaración. Pero, como relata el reportero Kenneth Bodenstein, de Los Angeles Times, la situación en 1991 fue muy diferente de las declaraciones públicas de Chouinard. Resultó que “Patagonia” no había reducido el crecimiento doméstico con el fin de mantener un alto nivel de responsabilidad social. “La compañía de hecho despidió al 30 por ciento de su personal, no porque ésta se encontrara en problemas financieros, sino a que la riqueza personal de Yvon Chouinard estuvo amenazada”. De manera interesante, en la apreciación de Bodenstein, la situación de “Patagonia” resultó de decisiones económicas mal informadas, por ejemplo que Chouinard se haya “rodeado él mismo de gerentes con muy poca experiencia13”.

“Patagonia” es, de hecho, una compañía inusual. Chouinard dona el 1% de las ventas totales de la misma, a grupos ambientalistas; incluyendo a “Tierra Primero”, una organización que ganó notoriedad por sabotear maquinaria de explotación forestal e infringiendo los derechos de propiedad privada. “Patagonia” también apoyó a “Paternidad Planeada” sobre la base de que un incremento en la población amenaza el futuro bienestar del planeta. Chouinard desea que su compañía sea un brillante ejemplo moral para el mundo corporativo. “Si podemos mostrar el propósito radical de esto y demostrar que para nosotros está funcionando, las compañías más conservadoras darán ese primer paso. Y un día ellas llegarán a ser buenos negocios también”, él comenta con cierto sarcasmo.

Aunque los empresarios de helado, Ben Cohen y Jerry Greenfield, famosos como “Ben & Jerry”, son enormemente exitosos como tales, también promocionan dificilísimos controles ambientales y abogan por dar mayores derechos en la esfera pública a quienes reciben bienestar social. Cohen y Greenfield han sido líderes en el movimiento de restringir la producción de hormona para el crecimiento bovino, una droga, que, cuando se inyecta a las vacas, puede incrementar el rendimiento de leche hasta un 15%. Ellos se oponen a la droga basados en razones económicas ya que creen que ésta presenta una amenaza a los granjeros de productos lácteos de pequeña escala. Sin embargo, la hormona, la cual fue aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos en Agosto 4 de 1997, bajaría el precio de la leche, algo que sería particularmente beneficioso a las familias pobres, y también a los productores de helado.

“The Body Shop”, la cadena de cosméticos con inclinación naturalista, ha sido un declamador defensor de los derechos de los animales y otras causas del ala izquierda. La fundadora y gerente general de la compañía, Anita Roddick, es una auto-nominada predicadora del mundo corporativo, que reprende a los empresarios que no “están haciendo su parte”. “No estoy hablando de personas que sólo están procurándose el sustento… Estoy hablando de personas que tienen grandes, grandes ganancias”, le dijo al Arizona Republic. “Ustedes saben, esos gerentes generalescuyos paquetes compensatorios son más grandes que el PBI de algunos países africanos14”.

Hay una infinidad de compañías puestas en circulación por radicales al estilo de los ´60, quienes tratan de reconciliar sus éxitos en los negocios con los valores de su juventud. Cada persona, incluyendo a la gente de negocios, tiene un derecho a defender una causa escogida, así como los clientes tienen el derecho de no apoyar sus causas al boicotear sus productos. Pero el patrón de estos empresarios muestra una incoherencia interna y sugiere un intento de hacer penitencia por “pecados” capitalistas, que en realidad no son para nada pecados.

Estos capitalistas penitentes castigan a los negocios que no retribuyen suficiente a la sociedad. Un sentido de culpa desubicado ha obnubilado su entendimiento de cómo sus propios negocios hacen bien a la sociedad, independientemente de su activismo social. “Patagonia” produce bienes deportivos de alta calidad. “Ben & Jerry” sirven un helado superior. “The Body Shop” vende cosméticos completamente naturales a precios módicos. Cada una de estas compañías brinda satisfacción a millones y proveen buenos productos, así como trabajos y oportunidades de inversión. Su éxito en el mercado no necesita ­ y no debería ­ ser justificado por apoyar causas anti-mercado.

El cínico podría sugerir que tales posturas no son más que trucos de mercadeo. Altos ejecutivos con conciencia social, tales como Chouinard, Cohen, Greenfield, y Roddick han empaquetado el idealismo de los ´60 y lo están vendiendo por ganancias. Cuando usted compra una pinta de helado Rain Forest Crunch de “Ben & Jerry”, se puede sentir bien ayudando a preservar lo que se llamaba ‘la jungla’. Los slogans políticos izquierdistas que adornan la franquicia “The Body Shop” son parte de una imagen de cosméticos para gente joven y “socialmente consciente”. Compañías como “Patagonia”, “The Body Shop” y “Ben & Jerry” venden un sentido confuso de superioridad moral. Estos empresarios, al usar slogans publicitarios políticamente correctos, pueden creer que a pesar de su éxito material, devuelven algo al mundo. No obstante, sus campañas de “responsabilidad social” a menudo se convierten en una receta irresponsable para la ruina económica.

Estas compañías, y otras como ellas, ciertamente se enriquecen de su asociación con causas de la izquierda política. Mientras tanto, los contribuyentes sufren la defensa de estrictos controles ambientales, restricciones sobre hormonas del crecimiento aprobadas por la FDA, y actitudes permisivas con relación a la conducta sexual. Y, los que inician la actividad empresarial están inhibidos por nuevas regulaciones ambientales y programas de bienestar. Podemos elogiar a los negocios cuando apoyan a instituciones de caridad, que sacan al pobre de su condición, o compran tierras para que sean preservadas, o exploran curas para las enfermedades. Las causas legítimas, no restringen al mercado ni propician una mal concebida acción gubernamental para resolver problemas sociales. Sin embargo, el capitalismo no necesita más izquierdistas culposos que se azoten públicamente a ellos mismos y a otros por hacer dinero. Más bien, el capitalismo necesita más gente de negocios, la cual entienda que, su más grande contribución, consiste en hacer riquezas, expandiendo los trabajos, acelerando las inversiones, incrementando la prosperidad ­ y haciéndolo de tal manera que se promueva una cultura integral, estable y virtuosa. La apropiada respuesta moral al éxito capitalista, es tanto una alabanza al Creador que nos ha provisto del mundo material como un don para todos, como también el apoyo al sistema económico que permite que la prosperidad florezca. Más que hacer penitencias innecesarias, empresarios como Chouinard, Cohen, Greenfield, y Roddick deberían estudiar teoría económica fundamental ­ sin mencionar la teología moral clásica.

La Teología del Dominio y la Ideología Económica. Hasta ahora, hemos discutido la aberrante rama del pensamiento teológico “La riqueza es mal”, idea sostenida por muchos clérigos y aun algunos empresarios. Sin embargo, hay una segunda rama que surge de la misma raíz, pero que toma una aproximación distinta. Ésta es vista en lo que ha sido llamada teología del dominio o reconstrucción cristiana15. En respuesta a la teología de la liberación y la izquierda evangélica, los teólogos del dominio insisten, no solamente en que la Biblia es el visto bueno para estructurar cada aspecto de la sociedad, sino también, en que los cristianos, en tanto y en cuanto tengan un mejor entendimiento de ella, progresivamente tomarán el dominio de la sociedad, el cual eventualmente lo hará ujier en el reino de Dios. De acuerdo a esta teoría, los cristianos alcanzarán un dominio global, consecuentemente, al adoptar voluntariamente el esbozado en las escrituras. El teonomista Gary North argumenta que la aplicación de estos principios a través del tiempo, naturalmente hará a los cristianos afluentes, capaces de procrear efectiva y prolíficamente16. Así, en cuanto los cristianos lleguen a ser cada vez más afluentes, numerosos, y poderosos, asumirán el control de la sociedad. Hay una correlación natural, parece ser, entre la racionalización del enriquecimiento del teonomista y el llamado evangelio de la prosperidad popular en el neo-pentecostalismo. Proponentes del evangelio de la prosperidad, también conocido como el evangelio de la riqueza y salud, creen que Dios quiere que todos los cristianos sean tanto sanos como ricos; y que hay ciertas ‘leyes de la prosperidad’ que, aplicadas correctamente, inevitablemente, producen estos resultados.17 Aquellos que sostienen esta concepción, no sólo consideran la riqueza como un signo de la bendición de Dios, sino que también sostienen que las dificultades económicas son producto del pecado. Craig Gay señala cómo la teología del dominio y el evangelio de la prosperidad coinciden:

En un sentido, entonces, la teología del domino toma la posición de la riqueza y la prosperidad algunos pasos más allá, sugiriendo que las aspiraciones individuales de riqueza encajan en un marco escatológico que las legitima. Desde la perspectiva del recostruccionismo cristiano, la falla de los cristianos en llegar a ser ricos no es solamente una indicación de la falta de fe, sino que de hecho pospone la venida del reino de Dios. 18

Mientras que los teólogos de la dominación afirman la importancia de la economía de libre mercado, también combinan una visión no bíblica e imbalanceada del mandato cultural, teología de la creación, escatología, y el reino de Cristo. Estos excesos teológicos podrían ser refrenados si los partidarios tanto de la derecha como de la izquierda consultaran (más frecuentemente) la historia del pensamiento cristiano como guía en estos asuntos.

La actividad empresarial como vocación espiritual

Implícitamente, y, a veces, explícitamente, devotos feligreses asumen que el único llamado real es alguna clase de tiempo de trabajo completo en la iglesia. Según esto, los laicos no tienen realmente una vocación, aunque logren hacer lo mejor que puedan, dadas las circunstancias. En 1891, la ley canónica ofrecía una simple pero devastadora definición de la persona laica: “Laico: no clérigo19”. Desde entonces, especialmente bajo la influencia del Segundo Concilio Vaticano, una visión mucho más positiva ha emergido, una que se sumerge en las profundidades de los objetivos misionarios de Dios, tanto dentro como fuera de la iglesia20.

Ver al don de la habilidad para los negocios, en una forma alternativa, nos capacita para captar su potencial moral y espiritual. Un empresario es alguien que conecta el capital, el trabajo, y los factores materiales con el propósito de producir un bien o servicio. Michael Novak ha argumentado que la creatividad del empresario es similar a la actividad creadora de Dios en el primer capítulo del Génesis. En este sentido, el empresario participa en el mandato cultural original, dado por Dios a Adán y Eva, de someter la tierra21. La vocación empresarial es un llamado sagrado similar al de ser padre o madre, aun si no es tan sublime.

Por algunos años he participado en programas diseñados para enseñar a los seminaristas la importancia de la economía libre y las responsabilidades del empresario. Para muchos de estos estudiantes, las ideas presentadas condujeron a experiencias que les abrieron los ojos. Los estudiantes descubren que el sistema de libre mercado se trata de crear riquezas, encontrando formas más eficientes de servir a otros, y proveer trabajos a la gente y oportunidades para la inversión. Ellos descubren que la brecha que separan la prosperidad y la moralidad ya no es insuperable.

En estos seminarios, a menudo menciono el extraordinario libro de George Gilder Riqueza y Pobreza22. Creo que todavía se puede sostener, que Gilder es algo así como un empresario intelectual. Su Riqueza y Pobreza han sido acreditadas por ser la fuerza intelectual detrás de la revolución, que forzó a los economistas y a los creadores de planes políticos a considerar por primera vez cómo la política gubernamental, especialmente en el área tributaria, afecta a las decisiones humanas. La popularidad de este libro ilustra bien cómo alguien fuera de la academia puede ejercer una influencia tremenda sobre la vida económica americana. Según mi punto de vista, sin embargo, Gilder logró algo mucho más importante insistiendo en que la actividad empresarial es una profesión moral legítima.

Gilder considera a los empresarios como uno de los grupos peores entendidos y minusvalorados de la sociedad. Como visionarios con instintos prácticos, los empresarios combinan las virtudes cristianas y clásicas para adelantar sus propios intereses y los de la sociedad. Gilder piensa que es una equivocación asociar el capitalismo con la ambición ­una asociación con el altruismo sería mucho más exacta ­23. Cuando la gente acepta el desafío de una vocación empresarial, ha implícitamente, decidido satisfacer las necesidades de otros a través de los bienes y servicios que produce. Si las inversiones del empresario devengan una ganancia, el empresario debe estar ‘dirigido al otro’. En última instancia, las personas de negocios, en una economía de mercado, simplemente no pueden ser a la vez egocéntricas y exitosas24.

El capítulo final de Riqueza y Pobreza es tal vez el menos leído pero el más crucial del libro entero. Aquí Gilder presenta la teoría de que la actividad empresarial es un acto de fe, un acto religioso inherente25. Al fusionar la moralidad cristiana tradicional con una celebración de crecimiento y cambio, nos ayuda a discernir cómo el conocimiento y el descubrimiento son elementos esenciales de la empresa.

Mucho tiempo antes de la publicación de Riqueza y Pobreza de Gilder, una escuela entera de economía había crecido alrededor de la visión y actividad empresarial de Joseph Schumpeter. De acuerdo a Schumpeter, era la actividad empresarial ­ más que cualquiera otra institución académica ­ la que prevenía que la apatía económica y teológica retarde el crecimiento económico. Él consideró que la función de los empresarios era:

reformar o revolucionar el patrón de producción por medio de la explotación de un invento, o más generalmente, una posibilidad tecnológica no intentada, para producir una nueva comodidad o transformar una vieja en una nueva forma, al abrir una nueva fuente de materiales o centro de distribución para los productos, reorganizando una industria y demás26.

Los empresarios, como agentes de cambio, motivan a la economía a ajustarse al aumento de la población, los traslados de recursos y los cambios en las necesidades y deseos del consumidor. Sin empresarios, enfrentaríamos un mundo económico estático, no distinto de los estancados pantanos económicos que el socialismo trajo a la Europa Central.

El análisis económico que tiene sus raíces en el trabajo de Schumpeter enseñó que los empresarios son impresarios, visionarios que organizan numerosos factores, tomando riesgos, y cambiando recursos para crear algo más grande que la suma de sus partes27. Los empresarios dirigen la economía hacia delante al anticipar los deseos del público y al crear nuevas formas de organizar los recursos. En suma, ellos son hombres y mujeres que crean trabajos, descubren y aplican nuevos remedios, brindan comida a aquellos en necesidades, y ayudan a los sueños a convertirse en realidades.

El argumento bíblico a favor de la actividad empresarial: Aquellos que consideran la vocación empresarial como un mal necesario, que miran las ganancias con abierta hostilidad, deberían darse cuenta de que la Escritura presta amplio apoyo a la actividad empresarial. La Biblia nos enseña verdades eternas pero también nos provee sorpresivamente de lecciones prácticas para los asuntos del mundo. En Mateo 25:14-30 encontramos la parábola de los talentos, de Jesús. Como todas las parábolas, su interpretación es multívoca. Su significado eterno narra cómo usar el don de la gracia de Dios. Con respecto al mundo material, es una historia acerca del capital, inversión, actividad empresarial y el uso apropiado de los recursos económicos. Es una réplica directa a aquellos que insisten en que el triunfo en los negocios y en la vida cristiana son contradictorios. Lo que sigue es el texto de esta parábola (NBJRA) con comentarios que aplican principios tomados de ésta a la vocación empresarial.

... Es también como un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos, y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuenta con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado. Su señor le dijo:’¡Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. Llegándose también el de dos talentos dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos talentos que he ganado’. Su señor le dijo: ‘’¡ Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. Llegándose también el que había recibido un talento dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo.’ Mas su señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, el talento y dádselo al que tiene los diez. Porque a todo el que tiene, se le dará y sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y al siervo inútil, echadle a las tinieblas de afuera. Allí será el llanto y rechinar de dientes’

Esta es una historia que muchos líderes religiosos no aplican a menudo a la vida real. Cuando las personas piensan acerca de las parábolas de Jesús, la de los talentos no es la primera que viene en mente. Tal vez esto se deba a que la mayoría de los líderes religiosos se apegan a una ética donde la ganancia es sospechosa y la actividad empresarial es mal vista. Sin embargo, la historia precedente ofrece un significado ético aparentemente inmediato, sin mencionar lecciones aún más profundas para el rendimiento de cuentas económicas y una apropiada administración.

La palabra talento en esta parábola tiene dos significados. Primero: Es una unidad monetaria, tal vez la de mayor denominación en los tiempos de Jesús. Los editores del “Comentario de la Nueva Biblia”, concuerdan con que un talento era una suma de dinero muy grande; en tiempos modernos, éste habría sido el equivalente a algunos miles de dólares28. Así, sabemos que la cantidad dada a cada sirviente fue considerable. Segundo: Más ampliamente interpretada, la palabra talento se refiere a todos los diversos dones que Dios nos ha dado para cultivar y multiplicar. Esta definición acoge a todos los dones, incluyendo nuestras habilidades naturales y recursos, así como nuestra salud, educación, posesiones, dinero, y oportunidades.

No pretendo construir una ética completa para el capitalismo a partir de esta parábola. Hacerlo así sería cometer un ejemplar error exegético e histórico, similar a aquellos cometidos por los teólogos de la liberación y de los teólogos de la dominación. Sin embargo, una de las más sencillas lecciones de esta parábola tiene que ver con cómo usamos nuestras capacidades y recursos dados por Dios. Esto, sostengo, debe ser parte de una ética que guíe la actividad económica y la toma de decisiones en el mercado. En un nivel, de la misma manera en que el señor esperaba actividad productiva de sus siervos, Dios quiere que usemos nuestros talentos hacia fines constructivos. Aquí vemos que al prepararse para su viaje, el señor permite a sus siervos decidir acerca de la mejor manera de invertir. Con relación a esto, ellos tienen plena libertad. De hecho, ni siquiera les ordena invertir para obtener ganancias; en vez de esto, él simplemente asume la buena voluntad de ellos y sus propios intereses en sus propiedades. Dada esta implícita confianza, es fácil entender el disgusto eventual del señor con el siervo, que no obtuvo ganancias. No es tanto la falta de productividad que ofende al señor sino la actitud subyacente que el siervo exhibe ante el señor y su propiedad. Uno puede imaginarse el razonamiento del siervo: Sólo dejar pasar; pondré este talento fuera de vista de tal manera que no tenga que preocuparme por él, cuidarlo, o dar cuentas de él”. Un erudito de la Biblia, Leopold Fonck, observa que “no es solamente el mal uso de los dones recibidos lo que trae la culpa a quien los recibe, sino también el que no los use”.29 El maestro invitó a cada uno de los sirvientes diligentes a regocijarse en su propio regocijo, una vez se habían mostrado productivos para sí mismos. Ellos fueron generosamente recompensados; de hecho, el señor dio el talento del siervo perezoso a aquel que había recibido diez.

La parábola de los talentos, sin embargo, presupone un entendimiento local de la apropiada administración de dinero. De acuerdo a le ley rabínica, enterrar el dinero era considerado como la mejor seguridad contra el robo. Si una persona a quien se le ha confiado dinero lo enterrase tan pronto como lo recibiera, sería libre de responsabilidad, por cualquier cosa que le pasara al dinero. Para el dinero meramente envuelto en una tela, la cuestión era diferente. En este caso, la persona era responsable de cubrir cualquier pérdida incurrida debido a la naturaleza irresponsable del depósito30. Sin embargo, en la parábola de los talentos, el señor exhorta a tomar un riesgo razonable. Él considera el acto de enterrar el talento ­ y así terminar sin pérdidas ­ como irracional, porque considera que el capital debe revertir en una cantidad razonable. En este entendimiento, el tiempo es dinero (otra forma de comprender el interés).

Una segunda lección crítica de esta parábola es ésta: No es inmoral beneficiarse de nuestros recursos, ingenio, y labor. Aunque escribiendo para una audiencia y contexto enteramente diferente, el economista austríaco Israel Kizner emplea el concepto de alerta empresarial, para mostrar el significado de la habilidad natural, tiempo, y recursos personales. Basándose en la obra de Ludwig von Mises reconoce que al buscar nuevas oportunidades y al encargarse de una actividad dirigida a un fin, los empresarios luchan no sólo por perseguir logros, donde medios y fines están claramente identificados, sino también por la energía y estado de alerta que se necesita para identificar por cuáles fines uno debe luchar y saber cuáles medios están disponibles31. Sin exagerar en la similitud entre el concepto de Kizner y la parábola de los talentos, parece haber una conexión natural entre el descubrimiento de oportunidades empresariales y la advertencia del Señor en Mateo 25 de ser cautelosos a su regreso y de ser cuidadosos de su propiedad. Así, con respecto a las ganancias, la única alternativa es la pérdida, la cual en el caso del tercer siervo constituye una mala administración32. Sin embargo, la renuncia voluntaria de la riqueza, tal como sucede en la limosnería, o una forma más radical de renunciar al derecho de poseer una propiedad (como en el voto de pobreza tomado por miembros de algunas órdenes religiosas) 33, no debería ser confundido con la pérdida económica. En el primer caso, un bien legítimo se abandona al intercambiarlo por uno hacia el cual se tiene un llamado único. En el otro caso, fallar deliberadamente en una empresa económica, o hacerlo como resultado de la pereza es mostrar irrespeto por el don de Dios y la responsabilidad propia como administrador.

Sin embargo, debemos distinguir apropiadamente entre las obligaciones morales que deben ser económicamente creativas y productivas, por una parte, y emplear nuestros talentos y recursos prudente y magnánimamente, por otra parte. Esto está claro a partir de nuestra discusión de la parábola de los talentos y el mandato cultural que aparece en Génesis 1, el cual señala que al someter la tierra, las personas necesitan estar atentas a las posibilidades de cambio, de desarrollo, e inversión. Además, ya que los seres humanos son creados en la imagen de Dios y han sido dotados de razón y libre voluntad, las acciones humanas necesariamente implican una dimensión creativa, Así, pues, en el caso del tercer siervo que colocó su único talento bajo tierra, no se hizo uso de su habilidad para estar alerta de posibilidades futuras ­las cuales incluían cualquier retorno productivo del dinero del señor- lo que condujo a que fuera severamente recriminado.

Quizá no hay, tal vez, ilustración más clara de emplear los talentos y recursos personales prudentemente para el bien de todos que los monjes cistercienses de los monasterios medievales. En cuanto éstos, eran gobernados por una constitución religiosa que dividía el día de cada monje en segmentos dedicados a la oración, contemplación, culto, y trabajo; la cantidad de tiempo disponible para invertir en actividades productivas fue apretadamente regulada. Además del temprano y frecuente uso de molinos, los monjes cistercienses también experimentaron con plantas, abonos y crianza de ganado que les permitían usar su creatividad dada por Dios sabia y productivamente para acumular dinero para el monasterio y ayudar al pobre34.

La economía muestra que la tasa de ganancias del capital a largo plazo es similar a la tasa de interés. La tasa de interés, a su vez, es el pago dado por posponer el consumo presente para uno futuro (a veces denominado la tasa de tiempo preferencial). Al señor en la parábola de Jesús no le era suficiente recuperar meramente el valor original del talento; más bien, el señor esperaba que el siervo incrementara su valor al participar de la economía. Aun un mínimo nivel de participación, tal como mantener el dinero en una cuenta para que gane intereses, habría producido una pequeña tasa de ganancias en el capital del señor. Enterrar el capital en la tierra sacrifica aun esa tasa mínima de ganancias, lo cual fue lo que enojó al señor con respecto a la indolencia de su siervo.

En el libro del Génesis, leemos que Dios dio la tierra con todos sus recursos a Adán y Eva. Adán debía combinar su trabajo con el material en bruto de la creación para producir bienes utilizables para su familia35. De manera similar, el señor de la parábola de los talentos esperaba que sus sirvientes usaran los recursos a su disposición para incrementar el valor de su pertenencia. Más que mantener pasivamente lo que habían recibido, los dos siervos fieles invirtieron el dinero. Pero el maestro se enojó de manera justa por la timidez del siervo que había recibido un talento. A través de esta parábola, Dios nos manda a usar nuestros talentos productivamente. Por medio de la misma, somos exhortados a trabajar, ser creativos, y rechazar la pereza.

A través de toda la historia, las personas se han encargado de construir instituciones que maximicen la seguridad y minimicen el riesgo ­ tanto como el siervo que falló trató de hacer con el dinero del señor. Tales esfuerzos existen desde los Estados de Bienestar grecorromanos hasta las comunas luditas de los ’60, hasta el totalitarismo soviético en escala absoluta.. De tiempo en tiempo, estos esfuerzos han sido acogidos como soluciones ‘cristianas’ a las inseguridades futuras. Sin embargo, la incertidumbre no es sólo el azar que debe ser evitado; éste puede ser una oportunidad para glorificar a Dios a través del sabio uso de sus dones. En la parábola de los talentos, la valentía frente a un futuro incierto fue generosamente recompensada en el caso del primer siervo, al que se le confió la mayor cantidad. Él usó los cinco talentos para adquirir cinco más. Habría sido más seguro depositar el dinero en un banco y recibir una tasa de interés nominal. Al tomar riesgos razonables y mostrar habilidad empresarial, se le permitió retener su dotación inicial así como sus nuevas ganancias. Además de lo anterior, se le invitó a regocijarse con el señor. El sirviente perezoso pudo haber evitado su destino sombrío demostrando una iniciativa más empresarial. Si él hubiera hecho un esfuerzo por incrementar los bienes de su señor, aunque hubiese fallado en el proceso, no hubiera sido juzgado tan duramente.

La parábola de los talentos implica una obligación moral de confrontar la incertidumbre en una forma aventurera. No hay un ejemplo más apto de tal individuo que el del empresario. Los empresarios miran al futuro con valentía y un sentido de oportunidad. Al crear nuevas empresas, abren nuevas opciones para la gente con respecto a ganar un salario y desarrollar sus habilidades. Sin embargo, nada de lo que ha sido dicho debe ser tomado para implicar que el empresario, debido a la importancia que él o ella tienen para la sociedad, debería ser eximido de rendir cuentas en el sentido espiritual. El comportamiento inmoral puede ser encontrado entre los empresarios no menos que entre cualquier grupo de seres humanos pecadores. No obstante, es importante que ni se canonice la pobreza ni se demonice el éxito económico.

Sin duda, en la búsqueda de su vocación, los líderes de negocios serán tentados de muchas maneras. A veces, la tentación será pensar que el ruidoso mundo de los negocios y las finanzas es espiritualmente insignificante y que el objetivo final es similar. En tales momentos, los empresarios deben reflexionar nuevamente sobre el vigésimo quinto capítulo del evangelio de Mateo y captar el hecho que Dios les ha confiado con sus talentos y espera que los empresarios sean industriosos, generosos, e innovadores con ellos. Y si ellos son fieles a su llamado, podrían esperar escuchar las palabras pronunciadas por el Señor de esos siervos: “Bien hecho, siervo bueno y fiel. Has sido fiel en lo poco; te haré dueño de mucho. Entra y regocíjate en el gozo de tu Señor” (Mateo. 25:21)

Notas

  1. Charles Dickens, Hard Times for These Times (London: Oxford University Press, 1955 [1854]); Dealings with the Firm of Dombey and Son, Wholesale, Retail, and for Exportation (London: Oxford University Press, 1964 [1847­1848]).
  2. Sinclair Lewis, Babbitt (New York: Harcourt, Brace, and Company, 1922).
  3. Para una descripción más extensa de cómo el hombre de negocios ha sido caracterizado en la literatura, véase Michael J. McTague, The Businessman in Literature: Dante to Melville (New York: Philosophical Library, 1979)
  4. Ibid., 63­71.
  5. Un depuradísimo representante histórico de esta posición sería Bernard Mandeville, quien pensaba que la prosperidad económica provenía del resultado de las acciones de individuos egoístas y amorales. Mandeville sostenía que para lograr éxito económico, las personas debían liberarse de las restricciones de la moralidad convencional. Esto relegó las prescripciones de la ética empresarial al estatus de ficciones útiles, creadas para mantener el orden y asegurar resultados predecibles. The Fable of the Bees, vol. 1, ed. F. B. Kaye (London: Oxford University Press, 1924 [1705]), 46. Para una crítica sobre Mandeville y sus seguidores contemporáneos, véase Norman P. Barry, Anglo-American Capitalism and the Ethics of Business (Wellington, New Zealand: New Zealand Business Roundtable, 1999), 8­16; También Cf., Norman P. Barry, The Morality of Business Enterprise (Aberdeen: Aberdeen University Press, 1991), 3­6.
  6. John Paul II, Crossing the Threshold of Hope, ed. Vittorio Messori (New York: Alfred A. Knopf, 1994), 32­36; Carta Encíclica Fides et Ratio (Septiembre 14, 1998), nos. 4­5, 27.
  7. Michael Novak, This Hemisphere of Liberty: A Philosophy of the Americas (Washington, D.C.: aei Press, 1990), 38.
  8. De acuerdo a Gregory Baum, entonces profesor de teología y estudios religiosos en el Saint Michael’s College, University of Toronto, “-la dependencia económica de los países latinoamericanos a los sistemas de capitalismo corporativo, con su centro en las comunidades del norte Atlántico y más especialmente en los EE.UU., ha, no solamente, conducido al empobrecimiento de la masa de la población en las ciudades y el país, sino también ha afectado a las instituciones culturales y educacionales y, a través de ellas, a la conciencia de la gente en general.” The Social Imperative: Essays on the Critical Issues That Confront the Christian Churches (New York: Paulist Press, 1979), 10. O, como escribe La catedrática de la universidad de Northwestern, profesora Rosemary Ruether : “- Sucede solamente en América Latina que la verdadera teología de la liberación puede ser escrita, mientras que los europeos y norteamericanos, quienes permanecen comprendidos dentro de su propio estatus de beneficiarios del poder opresivo, pueden tan sólo comentar sobre ésta desde afuera.” Liberation Theology: Human Hope Confronts Christian History and American Power (New York: Paulist Press, 1972), 181. Para una crítica convincente sobre estos enfoques, véase Michael Novak, Will It Liberate? Questions about Liberation Theology (New York: Paulist Press, 1986).
  9. Adam Smith, An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, ed. R. H. Campbell and A. S. Skinner (Oxford: Oxford University Press, 1976 [1776]).
  10. El texto de éste versículo dice (NSRV):

    Entonces verás y estarás radiante;
    tu corazón se estremecerá y regocijará,
    porque se te traerá la abundancia del mar,

  11. la riqueza de las naciones vendrá a ti.

  12. En los dos años precediendo su acogida en la Iglesia Católica Apostólica y Romana (1843-1845) John Henry Cardinal Newman escribió su famoso trabajo An Essay on the Development of Christian Doctrine (London: J. Toovey, 1845). Desafortunadamente, tanto entonces como ahora, es muy común que los bien intencionados y fieles católicos, asocien un creciente autoconocimiento cristiano y una madurez en el área de la doctrina y la moral, con una visión relativista del mundo. Es cierto que algunos teólogos corren el riesgo de deslizarse hacia el relativismo; sin embargo, sostener, como hacen algunos, que cualquier enmienda doctrinaria va necesariamente a conducir al relativismo, es falso. En el caso del Cardenal Newman, la mayor tarea de su ensayo fue examinar las diferencias principales entre la corrupción doctrinaria y el desarrollo doctrinario. En el ensayo, él insiste que una idea verdadera y fértil está dotada de una cierta vitalidad y energía asimilativa por sí sola, la cual, sin experimentar un cambio sustancial, logra una expresión más completa a medida que encuentra nuevos aspectos de verdad o choca con nuevos errores en el transcurso del tiempo.

    De esta manera, el Cardenal Newman emplea una metáfora orgánica para describir cómo las ideas doctrinarias se desarrollan en el curso del tiempo, a través de las nuevas experiencias de la iglesia, descubrimientos y revelaciones. Para fortalecer su línea de razonamiento, provee una serie de pruebas para distinguir entre el verdadero desarrollo y la corrupción, siendo la principal, la preservación del tipo y la continuidad de los principios. Es importante, por consiguiente, entender que la esencia de la doctrina ­en ambas: sus anteriores y últimas formas- estuvo contenida en la versión original dada a la iglesia por Cristo y sus apóstoles y garantizada por su Magisterio.

  13. John Paul II, Carta Encíclica Centesimus Annus (Mayo 1, 1991), nos. 29, 32.
  14. Kenneth Bodenstein, “Pure Profit: For Small Companies That Stress Social Values as much as the Bottom Line, Growing Up Hasn’t Been an Easy Task,” Los Angeles Times Magazine (Febrero 5, 1995): 4.
  15. Jodie Snyder, “Social Awareness: Corporate America Cultivates Conscience,” Arizona Republic (Mayo 12, 1994): 6.
  16. Los exponentes principales de la teología de la dominación son Gary North Rousas J. Rushdoony, Greg Bahnsen, David Chilton, Rodney Clapp, y Gary DeMar.
  17. Gary North, Liberating Planet Earth: An Introduction to Biblical Blueprints (Fort Worth: Dominion Press, 1987), 81.
  18. Véase Bruce Barton, The Health and Wealth Gospel (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press, 1987).
  19. Craig M. Gay, With Liberty and Justice for Whom? The Recent Evangelical Debate over Capitalism (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1991), 103, nota 191. Para una exposición incisiva y crítica de la teología de la dominación, véanse las páginas 101-109
  20. Véase Yves Congar, O.P., “The Laity,” en Vatican II: An Interfaith Appraisal (Notre Dame: University of Notre Dame Press, 1966), 240.
  21. En Gaudium et Spes, el Segundo Concilio Vaticano promulga una comprensión mucho más positiva del rol del laicado. En le párrafo 43, el Concilio establece:

    Siguiendo el ejemplo de Cristo, quien ejerció el artesanado, enorgullézcanse los cristianos de poder ejercer todas sus actividades terrenales haciendo una síntesis del esfuerzo humano, familiar, profesional, científico y técnico, con los valores religiosos, bajo cuya altísima jerarquía todo coopera a la gloria de Dios.

    Compete a los laicos propiamente, aunque no exclusivamente, las tareas y el dinamismo seculares. Cuando actúan, individual o colectivamente, como ciudadanos del mundo, no solamente deben cumplir las leyes propias de cada disciplina, sino que deben esforzarse por adquirir verdadera competencia en todos los campos. Es su tarea cultivar una conciencia bien formada. A la conciencia bien formada del seglar le toca lograr que la ley divina quede grabada en la ciudad terrena. De los sacerdotes, los laicos pueden esperar orientación e impulso espiritual. Sin embargo, no piensen que sus pastores están siempre en condiciones de poderles dar inmediatamente solución concreta en todas las cuestiones, aun graves, que surjan. No es ésta su misión. Cumplen más bien los laicos su propia función con la luz de la sabiduría cristiana y con la observancia atenta de la doctrina de la Iglesia.

    Los laicos, son llamados a desempeñarse activamente en toda la vida de la Iglesia, no solamente deben animar al mundo con el espíritu de la Cristiandad, sino que además su vocación se extiende a ser testigos de Cristo en todas las circunstancias y en el corazón de la comunidad humana.

  22. Michael Novak, The Spirit of Democratic Capitalism (New York: Simon and Schuster, 1982), 98.
  23. George Gilder, Wealth and Poverty, rev. ed. (San Francisco: ics Press, 1993).
  24. Ibid., 21, 24.
  25. Ibid., 28.
  26. Ibid., 276­280.
  27. Joseph A. Schumpeter, Capitalism, Socialism, and Democracy, 3d ed. (New York: Harper and Brothers Publishers, 1950), 132.
  28. Schumpeter provee la siguiente descripción atinada del empresario: “actuar con confianza más allá de los faros conocidos y vencer- la resistencia requiere de aptitudes que están presentes en tan sólo una pequeña fracción de la población y eso define al tipo empresario tanto como a su función. Ibid.
  29. G. J. Wenham, J. A. Motyer, D. A. Carson, and R. T. France, eds., New Bible Commentary, Twenty-First Century Edition (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press, 1997), 938.
  30. Leopold Fonck, The Parables of the Gospel: An Exegetical and Practical Explanation, 3d ed., ed. George O’Neill, trans. E. Leahy (New York: F. Pustet, 1914 [1902]), 542.
  31. De acuerdo a la enseñanza del Rabino Gemara, “Samuel dijo: el dinero puede solamente ser custodiado [poniéndolo] en la tierra. Dijo Raba: Sin embargo, Samuel admite que en la víspera del Sabbath, al crepúsculo, los Rabinos no asignaron esa tarea a nadie. Entonces, si él [Samuel]se tomó demasiado tiempo al finalizar el Sabbath -suficiente como para enterrarlo [el dinero]- pero omitió hacerlo, él es responsable. [si fuese robado].” The Babylonian Talmud (Seder Nezikin), Baba Metzia, vol. 1, trans. H. Freedman (New York: Rebecca Bennet Publications Inc., 1959), 250­251. También, véase la sección a continuación (páginas 254-259) para una discusión detallada de la deuda relativa al depósito de dinero con un oficial, individuo particular, o tercera parte.
  32. Israel M. Kirzner, Competition and Entrepreneurship (Chicago: University of Chicago Press, 1973), 33.

    32- Kirzner señala que la respuesta empresarial a los cambios en la información no debería ser entendida como proceso de cálculo. Mas bien, a la dimensión empresarial le concierne aquel elemento de una decisión que involucra “una evaluación sagaz y sabia de las realidades (ambas, presentes y futuras) dentro del contexto en el cual la decisión debe ser tomada.”

    Discovery and the Capitalist Process (Chicago: University of Chicago Press, 1985), 17. Samuel Gregg comenta en forma incisiva sobre la afirmación de Kirzner: “`Evaluación´ es la palabra clave aquí. Resalta la realidad de que el conocimiento de cada persona es limitado y de que los actos de cada individuo, consecuentemente, toman lugar en y contribuyen a un contexto de incertidumbre. Sin ésta, la toma de decisiones requeriría meramente del cálculo preciso de los hechos y las opciones, en cuyo caso, los humanos no serían más que robots. La realidad es, sin embargo, que no importa qué tan precisos sean los cálculos de uno, una decisión será pobre si el componente empresario- especulativo involucra un juicio pobre.” “The Rediscovery of Entrepreneurship: Developments in the Catholic Tradition,” en Christianity and Entrepreneurship: Protestant and Catholic Thoughts (Australia: Center for Independent Studies, 1999), 65.

  33. Los monasterios fueron originalmente concebidos como refugio de los apetitos mundanos y como un lugar donde los asuntos espirituales dominaban la vida cotidiana. Estaban regulados por una constitución o un conjunto de reglas internas, que se aplicaban a la Orden Benedictina y a la Cisterciense. Dicho conjunto de reglas expuso pautas específicas que controlaban la organización y operación de los mismos y regulaban las actividades diarias de los monjes. Para ver una traducción reciente con una excelente introducción y notas explicativas, véase The Rule of Saint Benedict, trad. Anthony C. Meisel y M. L. del Mastro (Garden City, N.Y.: Image Books, 1975)
  34. Robert B. Ekelund, Jr., Robert F. Hébert, Robert D. Tollison, Gary M. Anderson, y Audrey B. Davidson, Verdad Sagrada: La Iglesia Medieval como Empresa Económica (New York: Oxford University Press, 1996), 53­54.
  35. El Decreto del Segundo Concilio Vaticano sobre El Apostolado De los Laicos (18 de noviembre, 1965) expande este argumento en la siguiente extensa cita:

    Que los hombres, trabajando en armonía, renueven el orden temporal y lo perfecciones gradualmente: ése es el designio de Dios para el mundo.

    Todo lo que se requiere para constituir el orden temporal: valores personales y familiares, cultura, intereses económicos, oficios y profesiones, instituciones de la comunidad política, relaciones internacionales, y demás, así como también su desarrollo gradual- todas estas características no son una mera contribución hacia el fin último del hombre; poseen valor en sí mismas, un valor que Dios les concedió, tanto si se las considera individualmente como si se las considera partes de una estructura temporal integral: “Y vió Dios todas las cosas que había hecho; y eran en gran manera buenas” (Gen. 1:31). A ésa bondad natural se agrega la dignidad de su relación con la persona humana, para cuyo uso han sido creadas. Y luego, además, Dios quiso reunir todo lo natural y lo sobrenatural en una misma totalidad en Cristo, “ para que en todo tenga él la primacía” (Col. 1:18). Lejos de privar al orden temporal de su autonomía, de sus fines específicos, de sus leyes y recursos propios, o su importancia para el bienestar humano, este designio, por lo contrario, engrandece su energía y excelencia, al mismo tiempo, elevándolo al nivel de la vocación íntegra del hombre. (no.7)

www.acton.org

About | Book Shoppe | Calendar | Programs | Policy | Publications | Press | Research | Audio | Discuss | Support

Acton Institute for the Study of Religion and Liberty
161 Ottawa NW, Ste. 301 • Grand Rapids, MI 49503
phone: (616) 454-3080 • fax: (616) 454-9454 • email: info@acton.org
Site Map | Contact Us