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La
Vocación Empresarial
por Robert A. Sirico
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Introducción de William E. Lamothe
Occasional Papers no 13E
Este ensayo fue originalmente ofrecido como la alocución
de clausura para los retiros de ejecutivos empresariales y las conferencias
"Hacia una Sociedad Libre y Virtuosa" patrocinados por el Instituto Acton para
el Estudio de la Religión y la Libertad.
Introducción
Para aquellos de nosotros que hemos pasado la mayor parte de nuestros
años en el mundo de los negocios, el título de este ensayo por
el P. Robert Sirico puede sonar un poco extraño. En mi propia experiencia,
la misma palabra vocación generalmente significó un llamado
que, por su lado, usualmente implicó, un llamado de la vida como un sacerdote
o una monja, o como un religioso o misionero. La pregunta que el título
trae consigo es, entonces, esta: ¿ cómo los conceptos de empresario
y vocación se juntan y logran sentido?
En este ensayo, el Padre Sirico responde esa pregunta. El punto
de vista se establece desde el hecho que todos los empresarios creen fuertemente
en sus ideas, como para aceptar el hecho que estas ideas implican un llamado,
un llamado que surge en ellos, a menudo hasta el punto de arriesgar todo con
tal que suceda. Si un producto o servicio es exitoso, éste satisface
una necesidad a aquellos que lo compran, y el empresario puede volverse famoso
y rico. Aun si un producto dado no resulta exitoso, el empresario puede mantener
la confianza, si está convencido que Dios lo ha elegido para este tipo
de tarea como el trabajo de su vida.
El Padre Sirico señala la necesidad que tienen los empresarios
de poseer un marco moral en el que puedan entender sus esfuerzos. Este entendimiento
ayuda al hombre de negocios a afirmar la dignidad de la empresa que él
ha tomado. Esto también le imparte ciertas responsabilidades; ya que
no puede pensar acerca de sus esfuerzos comerciales sin referencia a los dictados
de su conciencia y los principios religiosos a los cuales se adhiere.
Este ensayo también resalta la necesidad de que otros,
especialmente los líderes religiosos, reconozcan y aprecien el carácter
moral de los esfuerzos del empresario. Muchos líderes religiosos son
recelosos del sistema de libre empresa y, del empresario. El Padre Sirico no
sólo intenta clarificar la división existente entre hombres de
negocios y el clero, sino también ofrece una manera de conciliar esta
división. Lo hace elucidando los principios cristianos que son inherentes
al espíritu empresarial.
El Padre Sirico se sitúa de manera excepcional para analizar
las esferas de la religión y los negocios. Como miembro del clero, ha
pasado por la experiencia del seminario y la educación teológica
y ha trabajado como pastor. Entiende las exigencias de justicia social y exhibe
una profunda preocupación por aquellos quienes no han sido capaces de
compartir la riqueza creada por la economía de mercado.
Al mismo tiempo, ha sido un estudiante del sistema de libre mercado.
Ha escrito y hablado extensamente sobre la excelencia de una sociedad que es
a la vez libre y virtuosa. También ha trabajado y guiado a líderes
empresariales. El Padre Sirico no sólo convoca al clero para que se ocupe
de los hombres de negocios y viceversa, sino que él ha iniciado este
llamado. Puedo testificar, en la base de una experiencia de primera mano, que
sus seminarios para ejecutivos de negocios son eventos que ponen en práctica
los principios esbozados en este ensayo. Me he beneficiado ampliamente con las
reflexiones del Padre Sirico, las cuales me han conducido a un mejor entendimiento
de mi papel como hombre de negocios y de las responsabilidades que vienen con
ese llamado.
Es mi sincera esperanza que todos los empresarios y hombres de
negocios (así como otros) lleguen, a través de este ensayo, a
un mejor entendimiento del papel de la actividad empresarial y su sublime dimensión
como llamado de Dios.
William E. LaMothe
Catedrático Emérito
Corporación Kellogg
Hubo un tiempo, en el pasado no muy distante, cuando los estereotipos
eran socialmente aceptables. Sin embargo, los estereotipos, que
típicamente funcionan como atajos al conocimiento, son hoy considerados
ofensivos. Esto es así, sin
tomar en consideración si éstos elucidan o no las
características de un grupo.
La gente no debería ser juzgada meramente por las asociaciones
que mantiene, sin
consideración a su persona o a sus cualidades individuales. Tal
tendencia es objetable para cualquiera que tenga sensibilidad moral.
A pesar de la encomiable actitud de la cultura popular contra prejuicios de
cualquier forma, todavía queda un grupo sobre el cual ha sido declarada
una temporada abierta: los empresarios. Uno observa una vívida evidencia
de este prejuicio a casi cada momento, particularmente en los términos
de formas populares de comunicación. Considere, por ejemplo, obras literarias
clásicas (digamos, de Charles Dickens1,o
Sinclair Lewis2), programas de televisión
(tales como Dallas y Dinastía), películas (El
Síndrome de China, Wall Street, y algunas versiones de
Un Árbol de Navidad), tiras cómicas (tales como Doonesbury
y Dilbert), y aún sermones en los cuales los empresarios son descritos
como ambiciosos, inmorales, e inescrupulosos3.
En la rara ocasión en que los
creadores de opinión, especialmente líderes morales, se abstienen
de denunciar el ‘apetito rapaz’ y el ‘consumismo obsceno y conspicuo’ de estos
capitalistas, lo mejor que uno puede esperar es que la gente de negocios sea
tolerada como un mal necesario. La
mayoría de los editores de noticias, los novelistas, los productores de
cine, y el clero asumen que el comercio requiere una amplia y complicada red de
controles para servir necesidades humanas genuinas. Aun los amigos del capitalismo frecuentemente muestran la
misma actitud. Los líderes
religiosos y los críticos del mercado a menudo sufren de una
confusión en su pensamiento económico y moral. Esto puede ser visto, por
ejemplo, en su rechazo a conceder
cualquier moralidad al empresario.
Así, en vez de elogiar al empresario como una persona de ideas,
un innovador económico, o un proveedor de capital, el sacerdote o
ministro promedio piensa a las personas de negocios como individuos que traen
consigo una culpa adicional. ¿Por qué? Por poseer, controlar, o manipular un porcentaje
desproporcionado de la riqueza “de la sociedad”.
Al tiempo que los
empresarios no deberían ser injustamente criticados por hacer dinero,
tampoco deben ser tratados como víctimas de una injusta
discriminación que merece una bendición especial. Sin embargo, es también verdad
que la profesión que han escogido ha de ser legitimada por su fe. El público debe empezar a
reconocer el valor de la vocación empresarial, la sabia
administración de talentos, y las contribuciones tangibles de los
empresarios a la sociedad.
Las consecuencias de un divorcio entre el mundo de los negocios y el mundo
de la fe serían desastrosas en ambos campos. Para el mundo de negocios,
esto significaría no reconocer ningún valor superior a la conveniencia,
la ganancia, y la utilidad, lo cual resultaría en lo que ha sido descrito
como capitalismo sangriento o salvaje4.Esto
conduciría a una visión truncada de los consumidores, así
como de los productores, cuyo único valor sería medido por la
utilidad. No requiere mucha imaginación calcular el efecto que tales
actitudes ejercerían en un amplio dominio de normas sociales y cívicas.
Similarmente, las preconcebidas nociones de líderes religiosos deben
ser desafiadas para evitar el cargo de “estar tan ocupados con las cosas del
cielo que no son suficientemente buenos para las cosas de la tierra”. Olvidando
que la actividad empresarial requiere discernimiento o intuición, y no
meramente un punto de referencia transcendente señalando el bien común
de la sociedad, los críticos religiosos no prestan atención a
la dimensión espiritual implícita en la labor empresarial.
Algunos moralistas5 parecen ver la ética
de los negocios como un oximoron o como un esfuerzo en subordinar lo que es
un mecanismo intrínseca y moralmente comprometido a leyes morales. Con
respecto a esta forma de pensar, la ética y los negocios se encuentran
en una tensión fundamental el uno con el otro. Sin embargo, yo veo estos
asuntos de una manera diferente. Mi trabajo con grupos de exitosos líderes
de negocios, extensas lecturas en los campos de la economía y la ética
de negocios, y una buena parte de meditación y oración en estos
asuntos, me ha llevado a la conclusión de que la búsqueda de la
excelencia es el principio de una búsqueda de Dios. Dicho sucintamente,
la sed humana por lo trascendente es lo que impulsa a las personas a buscar
la excelencia, aunque ellas lo reconozcan o no. No obstante, esto no excluye
nuestro impulso inicial e intuición de ser “remolcadores” divinos en
la dirección correcta. Esto también sucede con la capacidad humana
del conocimiento. Varios filósofos y teólogos sostienen que la
búsqueda humana por el conocimiento revela que los seres humanos están
ontológicamente orientados hacia la verdad6.
La mente humana fue originalmente diseñada para tener una inmediata conciencia
de la verdad.El principal argumento de este ensayo es que tanto la búsqueda
de la excelencia, como la constitución original de la mente, develan
la orientación ontológica de la humanidad hacia el más
elevado y supremo bien, a saber, la perfecta aprehensión de Dios en el
cielo (cf. Cor. 13:12).
Administración de Talentos: La Brecha Intelectual entre Líderes
Religiosos y Empresariales.
Ya es tiempo de
que las instituciones religiosas y los líderes traten la actividad
empresarial como una vocación digna, como un llamado sagrado. Todos los laicos tienen un papel que
jugar en la economía de la salvación, compartiendo el objetivo de
fomentar la fe, utilizando sus talentos en formas complementarias. A cada persona creada en la imagen de
Dios, le han sido dadas ciertas habilidades naturales que Dios desea que sean
cultivadas y tratadas como dones buenos. Si el don resulta ser una
inclinación para los negocios, bolsa de valores, o inversiones
bancarias, la comunidad religiosa no debería condenar a la persona
meramente en base a su profesión.
En respuesta a
mis escritos en una variedad de revistas de negocios, me contacta gente de un
perfil particular. En una
ocasión, un caballero me llamó para hacerme saber que acababa de
leer un artículo mío en Forbes. Esto resultó, como él
explicó, en una impactante experiencia emocional ya que en toda su
educación religiosa católica y asistencia regular a misa, nunca
había escuchado hablar a un sacerdote tan profundamente acerca de las
responsabilidades, tensiones, y riesgos inherentes a emprender un negocio. ¿No había, él se
preguntaba algún componente espiritual en aquello que había
ocupado tanto en su vida? Al leer
el artículo, se sintió afirmado por primera vez- por un líder religioso en el
punto de su vida donde pasó mayor tiempo y esfuerzo: en el mundo del
trabajo.
Este hombre
representa a muchos otros cuyas historias son demasiado numerosas para contar
aquí. Muy a menudo, se
trata de individuos relativamente exitosos, con convicciones religiosas y
morales profundas. Sin embargo,
cada uno de ellos experimenta una tensión moral, no debido a que lo que
hacen es de alguna manera incorrecto, sino a que, usualmente, el liderazgo
religioso ha fallado en captar la dinámica de su vocación y
así proveerlos de una relevante guía moral y afirmación.
Estas personas
representan una variedad de tradiciones cristianas, y todas ellas expresan un sentido de ser desarraigados y
alienados de sus iglesias. Los
líderes religiosos generalmente muestran muy poco entendimiento de la
vocación empresarial, de lo que requiere, y de lo que contribuye a la
sociedad. Desafortunadamente, la ignorancia de los hechos no los ha apartado de
moralizar sobre asuntos económicos y causar gran daño al
desarrollo espiritual de las personas de negocios. En particular, recuerdo un hombre, uno que se
describía a sí mismo como cristiano conservador, diciendo que ya
no atendía a los servicios de la iglesia debido a que rechazaba sentarse
en el banco de la iglesia con su familia y, en efecto, ser discriminado por su
perspicacia en los negocios. ¿ Cuántos sermones críticos
puede escuchar un pequeño propietario de negocios o un banquero de
inversiones antes que él o ella se desanime y decida dormir en el
día de culto?
Michael Novak relata otra experiencia
demostrando la casi impenetrable resistencia de algunos clérigos a
admitir el potencial moral del liberalismo de mercado. Su experiencia ocurrió en una
conferencia sobre economía en la cual diversos sacerdotes de
América Latina estuvieron participando. La conferencia se mantuvo por varios días, durante
los cuales un persuasivo caso se presentó acerca de cómo la
economía libre es capaz de sacar al pobre de su pobreza a través
de los medios productivos del mercado.
Los sacerdotes permanecieron en silencio hasta el último
día de la conferencia y Novak ofrece un interesante relato de lo que
pasó a continuación:
En la última sesión de lo que había sido un feliz seminario,
uno de los sacerdotes se levantó para decir que sus colegas se habían
reunido la noche anterior y le pidieron hacer una declaración en su representación.
“Nosotros, dijo, hemos disfrutado enormemente esta semana. Hemos aprendido mucho.
Vemos muy bien que el capitalismo es la manera más efectiva de producir
riqueza, y aún que distribuye riqueza más ampliamente y equitativamente
que los sistemas económicos que vemos en América Latina. Pero
todavía pensamos que el capitalismo es un sistema inmoral7”.
¿Por
qué esta situación todavía persiste? ¿Por
qué es tan común que
la gente de negocios no escuche nada mejor de un líder religioso que
algo parecido a, “Bueno, la manera de redimirte es darnos tu dinero”? ¿Por qué sucede que
muchos de aquellos que forman la conciencia moral de nuestro mundo no captan ni
los fundamentos morales ni los principios básicos del mercado?
Una obvia razón de esta ignorancia es la asombrosa carencia de cualquier
entrenamiento en economía en virtualmente todos los seminarios. Es raro
encontrar un solo curso de seminario que explique los principios económicos
fundamentales, el complicado mundo de las acciones, o de la dinámica
de la microeconomía. Históricamente, en la mayoría de los
cursos de ética social, los seminaristas fueron acostumbrados a escuchar
las consignas vacías de los proponentes de la teología de la liberación,
quienes creían que las naciones desarrolladas explotan a las naciones
menos desarrolladas, manteniéndolas así en un perpetuo estado
de pobreza8. Generalmente, estos
argumentos eran propuestos por teólogos que tenían poco entendimiento
de la economía.
La Brecha Práctica entre Líderes Religiosos y Empresarios
Sumada a la
brecha intelectual o académica hay, por lo regular, una clase de brecha
práctica entre los líderes religiosos y los empresarios en su
entendimiento de las operaciones del mercado. Esto se debe a que los dos grupos tienden a operar desde
diferentes visiones del mundo y emplean diferentes modelos en sus operaciones
diarias. Note ahora como estas
diferencias se manifiestan típicamente. En la mañana de un
domingo, una canasta de colectas se pasa en la mayoría de las iglesias.
Los lunes, las cuentas son pagadas, las obras de caridad atendidas, y los
diezmos pagados a las sedes de las denominaciones. Sin embargo, cuando la colecta no alcanza, haciendo
difícil pagar las cuentas, la mayoría de los ministros predican
un sermón sobre la responsabilidad de la distribución. En la mente de muchos clérigos,
las decisiones económicas se asemejan a dividir un pastel en partes
iguales. Desde este punto de
vista, la riqueza es vista como una entidad estática, lo que significa
que para que alguien con un pequeño trocito aumente su porción
del pastel, otra persona tiene necesariamente que recibir una porción
más pequeña. La ‘solución
moral’ que surge de este modelo económico es la redistribución de
la riqueza, que puede ser llamada la moralidad de Robin Hood.
Los empresarios operan desde un entendimiento muy distinto acerca del dinero
y la riqueza. Ellos hablan de hacer dinero, no recolectarlo; de producir riqueza,
no distribuirla. Los empresarios deben considerar las necesidades y deseos de
los consumidores, debido a que la única forma de satisfacer sus propias
necesidades pacíficamente sin depender de la caridad es ofrecer algo
de valor como intercambio. Estas personas, entonces, ven el mundo de manera
dinámica. Al referirnos al libre mercado como dinámico, sin embargo,
es fácil tener la impresión de que estamos describiendo un lugar
u objeto. Sin embargo, el mercado es de hecho un proceso una serie de elecciones
hechas por personas que actúan independientemente, las cuales ponen valores
monetarios sobre bienes y servicios. Este proceso de asignar subjetivamente
valores determinados es el responsable de producir ‘la riqueza de las naciones’,
una frase que es típicamente asociada con el título del clásico
trabajo del siglo dieciocho escrito por Adam Smith9,pero
que de hecho, fue empleada por primera vez en el libro de Isaías (60:5)
10. La visión creativa de la economía
tomada por la gente de negocios aparece también en las Escrituras.
Desafortunadamente,
el argumento anterior podría ser malinterpretado señalando que la
religión adopta, en el fondo, una mentalidad de pérdida y
ganancia en relación a su misión, pero esto sería una
grave distorsión.
Concuerdo con que en la práctica cristiana existe un lugar significativo a cerca de compartir la
riqueza y los recursos de hecho, un sitio obligatorio. En su visión trascendente, las comunidades de fe reconocen
que algunos asuntos no se pueden colocar dentro de los limitados
cálculos del intercambio económico o ser evaluados en
términos de dinero. Sin
embargo, es también verdad que para mantener credibilidad en el mundo de
los negocios y las finanzas, el clero debe entender primero el mecanismo
interior de la economía de mercado, ya que sólo así su
guía moral será de ayuda.
Pero hay otro
factor, tal vez bastante confuso, que contribuye a la hostilidad hacia el
capitalismo que uno frecuentemente encuentra en círculos
religiosos. Muchos líderes
religiosos pasan gran parte de sus vidas confrontando personalmente la
adversidad de la pobreza. La
pobreza nos entristece y encoleriza, y nosotros queremos ponerle un fin. Este sentimiento es enteramente apropiado,
sin mencionar que incumbe moralmente a los cristianos. Sin embargo, se presenta un problema
cuando este sentimiento se combina con la ignorancia económica descrita
arriba. Cuando esto sucede, el
justo grito contra la pobreza se convierte en un odio ilegítimo contra
la riqueza en cuanto tal, como si esto último hubiese creado lo primero. Mientras que esta reacción
es entendible, es sin embargo, mal informada y puede conducir a reacciones exageradas. Las personas que reaccionan en
esta forma no llegan a conocer que la superación de la pobreza
será conseguida sólo produciendo riqueza y protegiendo una
economía libre.
Lo Apropiado del Descontento Moral
Hay una
comprensible resistencia moral a la imagen de la empresa exitosa si uno
presupone que el motor de tal actividad está animado por la ambición,
el egoísmo, el deseo de poseer, o el orgullo. El punto no es que algunos empresarios sean ambiciosos u
orgullosos; sino si estas fallas en el carácter constituyen la norma en los empresarios exitosos. La intención aquí no es pasar por alto
el hecho de que existen serias tentaciones asociadas con la riqueza y el
éxito, sino llegar a una
apreciación más balanceada del carácter moral de los
empresarios.
Por alguna
razón, los críticos morales a menudo se concentran en las
ganancias personales de los empresarios como si la riqueza en sí misma
fuera de algún modo injusta- pero pierden de vista los muchos riesgos
personales con que cargan estos individuos. Mucho antes de que los empresarios vean una retribución a su idea o
inversión , deben entregar su tiempo y posesiones a un destino
desconocido. Pagan impuestos altos
aún antes de saber si su predicción ha sido acertada. No tienen ninguna seguridad de
ganancias. Cuando las inversiones
retornan con ganancias, muchas de
ellas usualmente se reinvierten (y
algo va a la caridad y a las instituciones religiosas). Algunas veces los empresarios cometen
errores de juicio y malos cálculos, y el negocio sufre pérdida
financiera. La naturaleza de la
vocación es tal, que los mismos empresarios deben aceptar la
responsabilidad por sus pérdidas sin poner el peso de la culpa en el
público. De manera que la persona con una verdadera vocación para
ser un agente de cambio, debe permanecer vigilante, ya que las condiciones
económicas están siempre cambiando.
Cuando un riesgo
económico falla, los profesionales religiosos deberían considerar
si no es mejor alentarlos que condenarlos. ¿O las pérdidas económicas sufridas por
los capitalistas deberían ser vistas como lo que justamente merecen? ¿Por qué no
mejor hacer de tales ocasiones oportunidades para demostrarles simpatía
o cuidado pastoral? Ya sea que ellos ganen o pierdan, poniéndose ellos
mismos y su propiedad en peligro, los empresarios hacen del futuro algo un poco
más seguro para el resto de nosotros.
Lo que es
único sobre la institución de la actividad empresarial es que
ésta no requiere la intervención de un tercer partido ya sea para
establecerla o mantenerla. No requiere ningún programa gubernamental o
manuales gubernamentales. No requiere préstamos de bajos intereses, un
trato especial de impuestos, o subsidios públicos. Ni siquiera requiere de una educación
especializada o un título universitario prestigioso. La actividad empresarial es una
institución que se desarrolla orgánicamente de la inteligencia
humana situada en el contexto del orden natural de la libertad. Aquellos con el talento, el llamado, y
la aptitud para la creatividad económica están compelidos a
entrar a la vocación empresarial con el propósito de producir
bienes y servicios y proveer trabajos.
Verdaderamente,
los dones que los empresarios ofrecen a la sociedad en toda su extensión
se encuentran más allá de lo que ellos u otros puedan comprender
plenamente. Los empresarios son la
fuente de más bien social y espiritual que lo que generalmente se
reconoce. Este hecho, sin embargo,
no contradice el papel propio de la dirección espiritual de un pastor,
refiriéndose no solamente a fallas morales, sino también a prioridades
desubicadas, rechazo a la familia, e inatención al desarrollo espiritual
debido al exceso de trabajo. El
clero debe recordar a cada uno de la seriedad del pecado y convocar a la
virtud, lo cual significa que debe, de la misma manera, desafiar a los
empresarios cuando siguen un rumbo equivocado. Para ser auténtica, esta dirección espiritual
debe estar cimentada en un entendimiento de lo que el judaísmo y el
cristianismo han tradicionalmente entendido como pecado, no en alguna
ideología políticamente correcta disfrazada como teología
moral.
Ésta es una difícil transición para muchos líderes
religiosos, especialmente porque el marco moral que han heredado para entender
la productividad económica fue desarrollado en un mundo pre-capitalista.
Es una ardua tarea traducir y aplicar la doctrina social cristiana pre-moderna
al ambiente dinámico de un mundo post-agrario, post-industrial, y ahora,
post-comunista. Es especialmente difícil porque, mientras la naturaleza
humana no cambia, el contexto socio-económico en el cual la naturaleza
humana existe es radicalmente diferente de aquellas culturas y sociedades donde
los principios de la teología moral se desarrollaron primero11.
Empresarios y Economistas: ¿Disputa de familia o rivalidad entre
hermanos?
La teoría económica ha tenido desde hace mucho dificultad en
entenderse con la naturaleza de la actividad empresarial, probablemente porque
ésta no se ajusta bien a las ecuaciones econométricas y gráficas
que describen la economía como una gran máquina. Es, además,
una labor demasiado humana para ser entendida sólo por la ciencia. Aquí
es donde la religión puede ser de ayuda para reconciliar a esta gente
con la vida de la fe. Los líderes religiosos deben investigar cómo
entender a los empresarios y alentarlos a usar sus dones dentro del contexto
de la fe. Por supuesto, con la riqueza viene la responsabilidad, y el Papa Juan
Pablo II insiste que aun la decisión de invertir tiene una dimensión
moral irrenunciable12. Los empresarios, al tomar
riesgos, servir al público, y expandir el resultado económico
para cada uno, pueden ser considerados como los más grandes hombres y
mujeres de fe en la Iglesia.
Capitalistas
Anti-Capitalista. Aun más desconcertante que el prejuicio
anti-capitalista entre el clero, es el prejuicio que se halla entre los mismos
capitalistas. En intentos
desencaminados por alcanzar un alto nivel de “responsabilidad social” en sus
compañías, algunos líderes de negocios han sucumbido
a falsas concepciones del
mercado. Mientras están
creando riqueza para la sociedad a través de exitosos negocios,
simultáneamente apoyan causas antitéticas al crecimiento
económico, la libre empresa, y la libertad humana. ¿Por qué la retórica de “responsabilidad social
corporativa” parece tener tal prejuicio anticapitalista? A mediados de los
’90, poco a poco, apareció
a la luz pública que gerentes generales en otras instancias exitosos
estuvieron usando sus corporaciones para financiar causas políticamente
intervencionistas bajo la rúbrica de responsabilidad social corporativa. Esto pudo ser visto particularmente en
los casos de “Patagonia”, los helados “Ben & Jerry”, y la cadena de cosméticos “The Body Shop”.
Yvon Chouinard es el fundador de “Patagonia”, un sobresaliente productor de
ropa deportiva funcional para la ocasión. Chouinard dijo a Los Angeles
Times que él puede “sentarse a conversar como igual, con el presidente
de cualquier compañía, en cualquier momento, en cualquier lugar,
y convencerlo [a él o ella] de que el crecimiento es malo”. Sus palabras,
de hecho, correspondieron a sus acciones. En 1991, la compañía
envió una carta a sus contratistas, anunciando que iba a “reducir el
crecimiento económico debido a razones económicas y morales. “Hemos
tomado una postura pública a favor de un consumo más racional,
para beneficiar al ambiente”, decía su declaración. Pero, como
relata el reportero Kenneth Bodenstein, de Los Angeles Times, la situación
en 1991 fue muy diferente de las declaraciones públicas de Chouinard.
Resultó que “Patagonia” no había reducido el crecimiento doméstico
con el fin de mantener un alto nivel de responsabilidad social. “La compañía
de hecho despidió al 30 por ciento de su personal, no porque ésta
se encontrara en problemas financieros, sino a que la riqueza personal de Yvon
Chouinard estuvo amenazada”. De manera interesante, en la apreciación
de Bodenstein, la situación de “Patagonia” resultó de decisiones
económicas mal informadas, por ejemplo que Chouinard se haya “rodeado
él mismo de gerentes con muy poca experiencia13”.
“Patagonia” es,
de hecho, una compañía inusual. Chouinard dona el 1% de las ventas totales de la misma, a
grupos ambientalistas; incluyendo a “Tierra Primero”, una organización
que ganó notoriedad por sabotear maquinaria de explotación
forestal e infringiendo los derechos de propiedad privada. “Patagonia”
también apoyó a “Paternidad Planeada” sobre la base de que un incremento en la
población amenaza el futuro bienestar del planeta. Chouinard desea que su
compañía sea un brillante ejemplo moral para el mundo
corporativo. “Si podemos mostrar
el propósito radical de esto y demostrar que para nosotros está
funcionando, las compañías más conservadoras darán
ese primer paso. Y un día ellas llegarán a ser buenos negocios
también”, él comenta con cierto sarcasmo.
Aunque los
empresarios de helado, Ben Cohen y Jerry Greenfield, famosos como “Ben & Jerry”, son enormemente exitosos
como tales, también promocionan dificilísimos controles
ambientales y abogan por dar mayores derechos en la esfera pública a
quienes reciben bienestar social.
Cohen y Greenfield han sido líderes en el movimiento de
restringir la producción de hormona para el crecimiento bovino, una
droga, que, cuando se inyecta a las vacas, puede incrementar el rendimiento de
leche hasta un 15%. Ellos se
oponen a la droga basados en razones económicas ya que creen que
ésta presenta una amenaza a los granjeros de productos lácteos de
pequeña escala. Sin
embargo, la hormona, la cual fue aprobada por la Administración de
Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos en Agosto 4 de 1997,
bajaría el precio de la leche, algo que sería particularmente
beneficioso a las familias pobres, y
también a los productores de helado.
“The Body Shop”, la cadena de cosméticos con inclinación naturalista,
ha sido un declamador defensor de los derechos de los animales y otras causas
del ala izquierda. La fundadora y gerente general de la compañía,
Anita Roddick, es una auto-nominada predicadora del mundo corporativo, que reprende
a los empresarios que no “están haciendo su parte”. “No estoy hablando
de personas que sólo están procurándose el sustento… Estoy
hablando de personas que tienen grandes, grandes ganancias”, le dijo al Arizona
Republic. “Ustedes saben, esos gerentes generalescuyos paquetes compensatorios
son más grandes que el PBI de algunos países africanos14”.
Hay una infinidad
de compañías puestas en circulación por radicales al
estilo de los ´60, quienes tratan de reconciliar sus éxitos en los
negocios con los valores de su juventud.
Cada persona, incluyendo a la gente de negocios, tiene un derecho a
defender una causa escogida, así como los clientes tienen el derecho de
no apoyar sus causas al boicotear
sus productos. Pero el
patrón de estos empresarios muestra una incoherencia interna y sugiere
un intento de hacer penitencia por “pecados” capitalistas, que en realidad no son para nada pecados.
Estos
capitalistas penitentes castigan a los negocios que no retribuyen suficiente a
la sociedad. Un sentido de culpa
desubicado ha obnubilado su entendimiento de cómo sus propios negocios
hacen bien a la sociedad, independientemente de su activismo social.
“Patagonia” produce bienes deportivos de alta calidad. “Ben & Jerry” sirven un helado superior. “The Body
Shop” vende cosméticos completamente naturales a precios
módicos. Cada una de estas
compañías brinda satisfacción a millones y proveen buenos
productos, así como trabajos y oportunidades de inversión. Su éxito en el mercado no
necesita y no debería ser justificado por apoyar causas
anti-mercado.
El cínico podría sugerir
que tales posturas no son más que trucos de mercadeo. Altos ejecutivos con conciencia
social, tales como Chouinard, Cohen, Greenfield, y Roddick han empaquetado el
idealismo de los ´60 y lo están vendiendo por ganancias. Cuando
usted compra una pinta de helado Rain Forest Crunch de “Ben & Jerry”, se
puede sentir bien ayudando a preservar lo que se llamaba ‘la jungla’. Los slogans políticos
izquierdistas que adornan la franquicia “The Body Shop” son parte de una imagen
de cosméticos para gente joven y “socialmente consciente”.
Compañías como “Patagonia”, “The Body Shop” y “Ben & Jerry”
venden un sentido confuso de superioridad moral. Estos empresarios, al usar slogans publicitarios
políticamente correctos, pueden creer que a pesar de su éxito
material, devuelven algo al
mundo. No obstante, sus
campañas de
“responsabilidad social” a menudo se convierten en una receta
irresponsable para la ruina económica.
Estas
compañías, y otras como ellas, ciertamente se enriquecen de su
asociación con causas de la izquierda política. Mientras tanto, los contribuyentes
sufren la defensa de estrictos controles ambientales, restricciones sobre
hormonas del crecimiento aprobadas por la FDA, y actitudes permisivas con
relación a la conducta sexual. Y, los que inician la actividad empresarial
están inhibidos por nuevas regulaciones ambientales y programas de
bienestar. Podemos elogiar a los
negocios cuando apoyan a instituciones de caridad, que sacan al pobre de su
condición, o compran
tierras para que sean preservadas, o exploran curas para las enfermedades. Las
causas legítimas, no restringen al
mercado ni propician una mal concebida acción gubernamental para
resolver problemas sociales. Sin
embargo, el capitalismo no
necesita más izquierdistas culposos que se azoten públicamente a
ellos mismos y a otros por hacer dinero.
Más bien, el capitalismo necesita más gente de negocios,
la cual entienda que, su
más grande contribución, consiste en hacer riquezas, expandiendo
los trabajos, acelerando las inversiones, incrementando la prosperidad y
haciéndolo de tal manera que se promueva una cultura integral, estable y
virtuosa. La apropiada respuesta
moral al éxito capitalista, es tanto una alabanza al Creador que nos ha
provisto del mundo material como un don para todos, como también el
apoyo al sistema económico que permite que la prosperidad florezca. Más que hacer penitencias
innecesarias, empresarios como Chouinard, Cohen, Greenfield, y Roddick
deberían estudiar teoría económica fundamental sin
mencionar la teología moral clásica.
La Teología del Dominio y la Ideología Económica.
Hasta ahora, hemos discutido la aberrante rama del pensamiento teológico
“La riqueza es mal”, idea sostenida por muchos clérigos y aun algunos
empresarios. Sin embargo, hay una segunda rama que surge de la misma raíz,
pero que toma una aproximación distinta. Ésta es vista en lo que
ha sido llamada teología del dominio o reconstrucción cristiana15.
En respuesta a la teología de la liberación y la izquierda evangélica,
los teólogos del dominio insisten, no solamente en que la Biblia es el
visto bueno para estructurar cada aspecto de la sociedad, sino también,
en que los cristianos, en tanto y en cuanto tengan un mejor entendimiento de
ella, progresivamente tomarán el dominio de la sociedad, el cual eventualmente
lo hará ujier en el reino de Dios. De acuerdo a esta teoría, los
cristianos alcanzarán un dominio global, consecuentemente, al adoptar
voluntariamente el esbozado en las escrituras. El teonomista Gary North argumenta
que la aplicación de estos principios a través del tiempo, naturalmente
hará a los cristianos afluentes, capaces de procrear efectiva y prolíficamente16.
Así, en cuanto los cristianos lleguen a ser cada vez más afluentes,
numerosos, y poderosos, asumirán el control de la sociedad. Hay una correlación
natural, parece ser, entre la racionalización del enriquecimiento del
teonomista y el llamado evangelio de la prosperidad popular en el neo-pentecostalismo.
Proponentes del evangelio de la prosperidad, también conocido como el
evangelio de la riqueza y salud, creen que Dios quiere que todos los cristianos
sean tanto sanos como ricos; y que hay ciertas ‘leyes de la prosperidad’ que,
aplicadas correctamente, inevitablemente, producen estos resultados.17 Aquellos
que sostienen esta concepción, no sólo consideran la riqueza como
un signo de la bendición de Dios, sino que también sostienen que
las dificultades económicas son producto del pecado. Craig Gay señala
cómo la teología del dominio y el evangelio de la prosperidad
coinciden:
En un sentido, entonces, la teología del domino toma la posición
de la riqueza y la prosperidad algunos pasos más allá, sugiriendo
que las aspiraciones individuales de riqueza encajan en un marco escatológico
que las legitima. Desde la perspectiva del recostruccionismo cristiano, la
falla de los cristianos en llegar a ser ricos no es solamente una indicación
de la falta de fe, sino que de hecho pospone la venida del reino de Dios. 18
Mientras que los teólogos de la dominación afirman la
importancia de la economía de libre mercado, también combinan una
visión no bíblica e imbalanceada del mandato cultural,
teología de la creación, escatología, y el reino de
Cristo. Estos excesos
teológicos podrían ser refrenados si los partidarios tanto de la
derecha como de la izquierda consultaran (más frecuentemente) la
historia del pensamiento cristiano como guía en estos asuntos.
La actividad empresarial como vocación espiritual
Implícitamente, y, a veces, explícitamente, devotos feligreses
asumen que el único llamado real es alguna clase de tiempo de trabajo
completo en la iglesia. Según esto, los laicos no tienen realmente una
vocación, aunque logren hacer lo mejor que puedan, dadas las circunstancias.
En 1891, la ley canónica ofrecía una simple pero devastadora definición
de la persona laica: “Laico: no clérigo19”.
Desde entonces, especialmente bajo la influencia del Segundo Concilio Vaticano,
una visión mucho más positiva ha emergido, una que se sumerge
en las profundidades de los objetivos misionarios de Dios, tanto dentro como
fuera de la iglesia20.
Ver al don de la habilidad para los negocios, en una forma alternativa, nos
capacita para captar su potencial moral y espiritual. Un empresario es alguien
que conecta el capital, el trabajo, y los factores materiales con el propósito
de producir un bien o servicio. Michael Novak ha argumentado que la creatividad
del empresario es similar a la actividad creadora de Dios en el primer capítulo
del Génesis. En este sentido, el empresario participa en el mandato cultural
original, dado por Dios a Adán y Eva, de someter la tierra21.
La vocación empresarial es un llamado sagrado similar al de ser padre
o madre, aun si no es tan sublime.
Por algunos años he participado
en programas diseñados para enseñar a los seminaristas la
importancia de la economía libre y las responsabilidades del empresario.
Para muchos de estos estudiantes, las ideas presentadas condujeron a
experiencias que les abrieron los ojos.
Los estudiantes descubren que el sistema de libre mercado se trata de
crear riquezas, encontrando formas más eficientes de servir a otros, y
proveer trabajos a la gente y
oportunidades para la inversión.
Ellos descubren que la brecha que separan la prosperidad y la moralidad
ya no es insuperable.
En estos seminarios, a menudo menciono el extraordinario libro de George Gilder
Riqueza y Pobreza22. Creo que todavía
se puede sostener, que Gilder es algo así como un empresario intelectual.
Su Riqueza y Pobreza han sido acreditadas por ser la fuerza intelectual
detrás de la revolución, que forzó a los economistas y
a los creadores de planes políticos a considerar por primera vez cómo
la política gubernamental, especialmente en el área tributaria,
afecta a las decisiones humanas. La popularidad de este libro ilustra bien cómo
alguien fuera de la academia puede ejercer una influencia tremenda sobre la
vida económica americana. Según mi punto de vista, sin embargo,
Gilder logró algo mucho más importante insistiendo en que la actividad
empresarial es una profesión moral legítima.
Gilder considera a los empresarios como uno de los grupos peores entendidos
y minusvalorados de la sociedad. Como visionarios con instintos prácticos,
los empresarios combinan las virtudes cristianas y clásicas para adelantar
sus propios intereses y los de la sociedad. Gilder piensa que es una equivocación
asociar el capitalismo con la ambición una asociación con el
altruismo sería mucho más exacta 23.
Cuando la gente acepta el desafío de una vocación empresarial,
ha implícitamente, decidido satisfacer las necesidades de otros a través
de los bienes y servicios que produce. Si las inversiones del empresario devengan
una ganancia, el empresario debe estar ‘dirigido al otro’. En última
instancia, las personas de negocios, en una economía de mercado, simplemente
no pueden ser a la vez egocéntricas y exitosas24.
El capítulo final de Riqueza y Pobreza es tal vez el menos leído
pero el más crucial del libro entero. Aquí Gilder presenta la
teoría de que la actividad empresarial es un acto de fe, un acto religioso
inherente25. Al fusionar la moralidad cristiana
tradicional con una celebración de crecimiento y cambio, nos ayuda a
discernir cómo el conocimiento y el descubrimiento son elementos esenciales
de la empresa.
Mucho tiempo antes de la
publicación de Riqueza y Pobreza de Gilder,
una escuela entera de
economía había crecido alrededor de la visión y actividad
empresarial de Joseph Schumpeter.
De acuerdo a Schumpeter, era la actividad empresarial más que
cualquiera otra institución académica la que prevenía
que la apatía económica y teológica retarde el crecimiento
económico. Él
consideró que la función de los empresarios era:
reformar o revolucionar el patrón de producción por medio de
la explotación de un invento, o más generalmente, una posibilidad
tecnológica no intentada, para producir una nueva comodidad o transformar
una vieja en una nueva forma, al abrir una nueva fuente de materiales o centro
de distribución para los productos, reorganizando una industria y demás26.
Los empresarios,
como agentes de cambio, motivan a la economía a ajustarse al aumento de
la población, los traslados de recursos y los cambios en las necesidades
y deseos del consumidor. Sin empresarios,
enfrentaríamos un mundo económico estático, no distinto de
los estancados pantanos económicos que el socialismo trajo a la Europa
Central.
El análisis económico que tiene sus raíces en el trabajo
de Schumpeter enseñó que los empresarios son impresarios,
visionarios que organizan numerosos factores, tomando riesgos, y cambiando recursos
para crear algo más grande que la suma de sus partes27.
Los empresarios dirigen la economía hacia delante al anticipar los deseos
del público y al crear nuevas formas de organizar los recursos. En suma,
ellos son hombres y mujeres que crean trabajos, descubren y aplican nuevos remedios,
brindan comida a aquellos en necesidades, y ayudan a los sueños a convertirse
en realidades.
El argumento bíblico a favor
de la actividad empresarial: Aquellos que consideran la vocación empresarial como
un mal necesario, que miran las ganancias con abierta hostilidad,
deberían darse cuenta de que la Escritura presta amplio apoyo a la
actividad empresarial. La Biblia
nos enseña verdades eternas pero también nos provee sorpresivamente
de lecciones prácticas para los asuntos del mundo. En Mateo 25:14-30 encontramos la
parábola de los talentos, de Jesús. Como todas las parábolas, su interpretación es
multívoca. Su significado
eterno narra cómo usar el don
de la gracia de Dios. Con
respecto al mundo material, es una historia acerca del capital,
inversión, actividad empresarial y el uso apropiado de los recursos
económicos. Es una
réplica directa a aquellos que insisten en que el triunfo en los negocios y en la vida cristiana son contradictorios. Lo que sigue es el texto de esta
parábola (NBJRA) con comentarios que aplican principios tomados de ésta a la vocación empresarial.
... Es
también como un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y
les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos, y a
otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido
cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido
dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue,
cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su
señor. Al cabo de mucho
tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuenta con ellos.
Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó
otros cinco diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí
tienes otros cinco que he ganado.
Su señor le dijo:’¡Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco
has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu
señor’. Llegándose también el de dos talentos dijo:
‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos
talentos que he ganado’. Su señor le dijo: ‘’¡ Bien, siervo bueno
y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré;
entra en el gozo de tu señor’.
Llegándose también el que había recibido un talento
dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no
sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y
escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo.’
Mas su señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso, sabías
que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí;
debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así,
al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle,
por tanto, el talento y dádselo al que tiene los diez. Porque a todo el
que tiene, se le dará y sobrará; pero al que no tiene, aun lo que
tiene se le quitará. Y al siervo inútil, echadle a las tinieblas
de afuera. Allí será el llanto y rechinar de dientes’
Esta es una
historia que muchos líderes religiosos no aplican a menudo a la vida
real. Cuando las personas piensan
acerca de las parábolas de Jesús, la de los talentos no es la
primera que viene en mente. Tal
vez esto se deba a que la mayoría de los líderes religiosos se
apegan a una ética donde la ganancia es sospechosa y la actividad
empresarial es mal vista. Sin
embargo, la historia precedente ofrece un significado ético
aparentemente inmediato, sin mencionar lecciones aún más
profundas para el rendimiento de cuentas económicas y una apropiada
administración.
La palabra talento en esta parábola tiene dos significados. Primero:
Es una unidad monetaria, tal vez la de mayor denominación en los tiempos
de Jesús. Los editores del “Comentario de la Nueva Biblia”, concuerdan
con que un talento era una suma de dinero muy grande; en tiempos modernos, éste
habría sido el equivalente a algunos miles de dólares28.
Así, sabemos que la cantidad dada a cada sirviente fue considerable.
Segundo: Más ampliamente interpretada, la palabra talento se refiere
a todos los diversos dones que Dios nos ha dado para cultivar y multiplicar.
Esta definición acoge a todos los dones, incluyendo nuestras habilidades
naturales y recursos, así como nuestra salud, educación, posesiones,
dinero, y oportunidades.
No pretendo construir una ética completa para el capitalismo a partir
de esta parábola. Hacerlo así sería cometer un ejemplar
error exegético e histórico, similar a aquellos cometidos por
los teólogos de la liberación y de los teólogos de la dominación.
Sin embargo, una de las más sencillas lecciones de esta parábola
tiene que ver con cómo usamos nuestras capacidades y recursos dados por
Dios. Esto, sostengo, debe ser parte de una ética que guíe la
actividad económica y la toma de decisiones en el mercado. En un nivel,
de la misma manera en que el señor esperaba actividad productiva de sus
siervos, Dios quiere que usemos nuestros talentos hacia fines constructivos.
Aquí vemos que al prepararse para su viaje, el señor permite a
sus siervos decidir acerca de la mejor manera de invertir. Con relación
a esto, ellos tienen plena libertad. De hecho, ni siquiera les ordena invertir
para obtener ganancias; en vez de esto, él simplemente asume la buena
voluntad de ellos y sus propios intereses en sus propiedades. Dada esta implícita
confianza, es fácil entender el disgusto eventual del señor con
el siervo, que no obtuvo ganancias. No es tanto la falta de productividad que
ofende al señor sino la actitud subyacente que el siervo exhibe ante
el señor y su propiedad. Uno puede imaginarse el razonamiento del siervo:
Sólo dejar pasar; pondré este talento fuera de vista de tal manera
que no tenga que preocuparme por él, cuidarlo, o dar cuentas de él”.
Un erudito de la Biblia, Leopold Fonck, observa que “no es solamente el mal
uso de los dones recibidos lo que trae la culpa a quien los recibe, sino también
el que no los use”.29 El maestro invitó
a cada uno de los sirvientes diligentes a regocijarse en su propio regocijo,
una vez se habían mostrado productivos para sí mismos. Ellos fueron
generosamente recompensados; de hecho, el señor dio el talento del siervo
perezoso a aquel que había recibido diez.
La parábola de los talentos, sin embargo, presupone un entendimiento
local de la apropiada administración de dinero. De acuerdo a le ley rabínica,
enterrar el dinero era considerado como la mejor seguridad contra el robo. Si
una persona a quien se le ha confiado dinero lo enterrase tan pronto como lo
recibiera, sería libre de responsabilidad, por cualquier cosa que le
pasara al dinero. Para el dinero meramente envuelto en una tela, la cuestión
era diferente. En este caso, la persona era responsable de cubrir cualquier
pérdida incurrida debido a la naturaleza irresponsable del depósito30.
Sin embargo, en la parábola de los talentos, el señor exhorta
a tomar un riesgo razonable. Él considera el acto de enterrar el talento
y así terminar sin pérdidas como irracional, porque considera
que el capital debe revertir en una cantidad razonable. En este entendimiento,
el tiempo es dinero (otra forma de comprender el interés).
Una segunda lección crítica de esta parábola es ésta:
No es inmoral beneficiarse de nuestros recursos, ingenio, y labor. Aunque escribiendo
para una audiencia y contexto enteramente diferente, el economista austríaco
Israel Kizner emplea el concepto de alerta empresarial, para mostrar el significado
de la habilidad natural, tiempo, y recursos personales. Basándose en
la obra de Ludwig von Mises reconoce que al buscar nuevas oportunidades y al
encargarse de una actividad dirigida a un fin, los empresarios luchan no sólo
por perseguir logros, donde medios y fines están claramente identificados,
sino también por la energía y estado de alerta que se necesita
para identificar por cuáles fines uno debe luchar y saber cuáles
medios están disponibles31. Sin exagerar
en la similitud entre el concepto de Kizner y la parábola de los talentos,
parece haber una conexión natural entre el descubrimiento de oportunidades
empresariales y la advertencia del Señor en Mateo 25 de ser cautelosos
a su regreso y de ser cuidadosos de su propiedad. Así, con respecto a
las ganancias, la única alternativa es la pérdida, la cual en
el caso del tercer siervo constituye una mala administración32.
Sin embargo, la renuncia voluntaria de la riqueza, tal como sucede en la limosnería,
o una forma más radical de renunciar al derecho de poseer una propiedad
(como en el voto de pobreza tomado por miembros de algunas órdenes religiosas)
33, no debería ser confundido con la pérdida
económica. En el primer caso, un bien legítimo se abandona al
intercambiarlo por uno hacia el cual se tiene un llamado único. En el
otro caso, fallar deliberadamente en una empresa económica, o hacerlo
como resultado de la pereza es mostrar irrespeto por el don de Dios y la responsabilidad
propia como administrador.
Sin embargo,
debemos distinguir apropiadamente entre las obligaciones morales que deben ser
económicamente creativas y productivas, por una parte, y emplear
nuestros talentos y recursos prudente y magnánimamente, por otra
parte. Esto está claro a
partir de nuestra discusión de la parábola de los talentos y el
mandato cultural que aparece en Génesis 1, el cual señala que al
someter la tierra, las personas necesitan estar atentas a las posibilidades de
cambio, de desarrollo, e inversión. Además, ya que los seres humanos son creados en la
imagen de Dios y han sido dotados de razón y libre voluntad, las
acciones humanas necesariamente implican una dimensión creativa,
Así, pues, en el caso del tercer siervo que colocó su
único talento bajo tierra, no se hizo uso de su habilidad para estar alerta de
posibilidades futuras las cuales incluían cualquier retorno productivo del
dinero del señor- lo que condujo a que fuera severamente recriminado.
Quizá no hay, tal vez, ilustración más clara de emplear
los talentos y recursos personales prudentemente para el bien de todos que los
monjes cistercienses de los monasterios medievales. En cuanto éstos,
eran gobernados por una constitución religiosa que dividía el
día de cada monje en segmentos dedicados a la oración, contemplación,
culto, y trabajo; la cantidad de tiempo disponible para invertir en actividades
productivas fue apretadamente regulada. Además del temprano y frecuente
uso de molinos, los monjes cistercienses también experimentaron con plantas,
abonos y crianza de ganado que les permitían usar su creatividad dada
por Dios sabia y productivamente para acumular dinero para el monasterio y ayudar
al pobre34.
La
economía muestra que la tasa de ganancias del capital a largo plazo es
similar a la tasa de interés.
La tasa de interés, a su vez, es el pago dado por posponer el
consumo presente para uno futuro (a veces denominado la tasa de tiempo
preferencial). Al señor en
la parábola de Jesús no le era suficiente recuperar meramente el
valor original del talento; más bien, el señor esperaba que el
siervo incrementara su valor al participar de la economía. Aun un mínimo nivel de
participación, tal como mantener el dinero en una cuenta para
que gane intereses, habría producido una pequeña tasa de
ganancias en el capital del señor. Enterrar el capital en la tierra sacrifica aun esa
tasa mínima de ganancias, lo cual
fue lo que enojó al señor con respecto a la indolencia de
su siervo.
En el libro del Génesis, leemos que Dios dio la tierra con todos sus
recursos a Adán y Eva. Adán debía combinar su trabajo con
el material en bruto de la creación para producir bienes utilizables
para su familia35. De manera similar, el señor
de la parábola de los talentos esperaba que sus sirvientes usaran los
recursos a su disposición para incrementar el valor de su pertenencia.
Más que mantener pasivamente lo que habían recibido, los dos siervos
fieles invirtieron el dinero. Pero el maestro se enojó de manera justa
por la timidez del siervo que había recibido un talento. A través
de esta parábola, Dios nos manda a usar nuestros talentos productivamente.
Por medio de la misma, somos exhortados a trabajar, ser creativos, y rechazar
la pereza.
A través
de toda la historia, las personas se han encargado de construir instituciones
que maximicen la seguridad y minimicen el riesgo tanto como el siervo que
falló trató de hacer con el dinero del señor. Tales esfuerzos existen desde los
Estados de Bienestar grecorromanos hasta las comunas luditas de los ’60, hasta
el totalitarismo soviético en escala absoluta.. De tiempo en tiempo, estos esfuerzos han sido
acogidos como soluciones ‘cristianas’ a las inseguridades futuras. Sin embargo, la incertidumbre no es
sólo el azar que debe ser evitado; éste puede ser una oportunidad
para glorificar a Dios a través del sabio uso de sus dones. En la parábola de los talentos,
la valentía frente a un futuro incierto fue generosamente recompensada
en el caso del primer siervo, al que se le confió la mayor
cantidad. Él usó los
cinco talentos para adquirir cinco más. Habría sido más
seguro depositar el dinero en un banco y recibir una tasa de interés
nominal. Al tomar riesgos razonables y mostrar
habilidad empresarial, se le permitió retener su dotación inicial
así como sus nuevas ganancias.
Además de lo anterior, se le invitó a regocijarse con el
señor. El sirviente
perezoso pudo haber evitado su destino sombrío demostrando una
iniciativa más empresarial.
Si él hubiera hecho un esfuerzo por incrementar los bienes de su
señor, aunque hubiese fallado en el proceso, no hubiera sido juzgado tan
duramente.
La
parábola de los talentos implica una obligación moral de
confrontar la incertidumbre en una forma aventurera. No hay un ejemplo más apto de tal individuo que el del
empresario. Los empresarios miran
al futuro con valentía y un
sentido de oportunidad. Al crear
nuevas empresas, abren nuevas opciones para la gente con respecto a ganar un
salario y desarrollar sus habilidades.
Sin embargo, nada de lo que ha sido dicho debe ser tomado para implicar
que el empresario, debido a la importancia que él o ella tienen para la
sociedad, debería ser eximido de rendir cuentas en el sentido
espiritual. El comportamiento inmoral
puede ser encontrado entre los empresarios no menos que entre cualquier grupo
de seres humanos pecadores. No
obstante, es importante que ni se canonice la pobreza ni se demonice el
éxito económico.
Sin duda, en la
búsqueda de su vocación, los líderes de negocios
serán tentados de muchas maneras.
A veces, la tentación será pensar que el ruidoso mundo de
los negocios y las finanzas es espiritualmente insignificante y que el objetivo
final es similar. En tales
momentos, los empresarios deben reflexionar nuevamente sobre el vigésimo
quinto capítulo del evangelio de Mateo y captar el hecho que Dios les ha
confiado con sus talentos y espera
que los empresarios sean industriosos, generosos, e innovadores con ellos. Y si ellos son fieles a su llamado, podrían esperar escuchar las
palabras pronunciadas por el Señor de esos siervos: “Bien hecho, siervo
bueno y fiel. Has sido fiel en lo
poco; te haré dueño de mucho. Entra y regocíjate en el gozo de tu Señor”
(Mateo. 25:21)
Notas
- Charles Dickens, Hard Times for These Times (London: Oxford University
Press, 1955 [1854]); Dealings with the Firm of Dombey and Son, Wholesale,
Retail, and for Exportation (London: Oxford University Press, 1964 [18471848]).
- Sinclair Lewis, Babbitt (New York: Harcourt, Brace, and Company,
1922).
- Para una descripción más extensa de cómo el hombre
de negocios ha sido caracterizado en la literatura, véase Michael J.
McTague, The Businessman in Literature: Dante to Melville (New York:
Philosophical Library, 1979)
- Ibid., 6371.
- Un depuradísimo representante histórico de esta posición
sería Bernard Mandeville, quien pensaba que la prosperidad económica
provenía del resultado de las acciones de individuos egoístas
y amorales. Mandeville sostenía que para lograr éxito económico,
las personas debían liberarse de las restricciones de la moralidad
convencional. Esto relegó las prescripciones de la ética empresarial
al estatus de ficciones útiles, creadas para mantener el orden y asegurar
resultados predecibles. The Fable of the Bees, vol. 1, ed. F. B. Kaye
(London: Oxford University Press, 1924 [1705]), 46. Para una crítica
sobre Mandeville y sus seguidores contemporáneos, véase Norman
P. Barry, Anglo-American Capitalism and the Ethics of Business (Wellington,
New Zealand: New Zealand Business Roundtable, 1999), 816; También
Cf., Norman P. Barry, The Morality of Business Enterprise (Aberdeen:
Aberdeen University Press, 1991), 36.
- John Paul II, Crossing the Threshold of Hope, ed. Vittorio Messori
(New York: Alfred A. Knopf, 1994), 3236; Carta Encíclica Fides
et Ratio (Septiembre 14, 1998), nos. 45, 27.
- Michael Novak, This Hemisphere of Liberty: A Philosophy of the Americas
(Washington, D.C.: aei Press, 1990), 38.
- De acuerdo a Gregory Baum, entonces profesor de teología y estudios
religiosos en el Saint Michael’s College, University of Toronto, “-la dependencia
económica de los países latinoamericanos a los sistemas de capitalismo
corporativo, con su centro en las comunidades del norte Atlántico y
más especialmente en los EE.UU., ha, no solamente, conducido al empobrecimiento
de la masa de la población en las ciudades y el país, sino también
ha afectado a las instituciones culturales y educacionales y, a través
de ellas, a la conciencia de la gente en general.” The Social Imperative:
Essays on the Critical Issues That Confront the Christian Churches (New
York: Paulist Press, 1979), 10. O, como escribe La catedrática de la
universidad de Northwestern, profesora Rosemary Ruether : “- Sucede solamente
en América Latina que la verdadera teología de la liberación
puede ser escrita, mientras que los europeos y norteamericanos, quienes permanecen
comprendidos dentro de su propio estatus de beneficiarios del poder opresivo,
pueden tan sólo comentar sobre ésta desde afuera.” Liberation
Theology: Human Hope Confronts Christian History and American Power (New
York: Paulist Press, 1972), 181. Para una crítica convincente sobre
estos enfoques, véase Michael Novak, Will It Liberate? Questions
about Liberation Theology (New York: Paulist Press, 1986).
- Adam Smith, An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations,
ed. R. H. Campbell and A. S. Skinner (Oxford: Oxford University Press, 1976
[1776]).
- El texto de éste versículo dice (NSRV):
Entonces verás y estarás radiante;
tu corazón se estremecerá y regocijará,
porque se te traerá la abundancia del mar,
-
la riqueza de las naciones vendrá a ti.
- En los dos años precediendo su acogida en la Iglesia Católica
Apostólica y Romana (1843-1845) John Henry Cardinal Newman escribió
su famoso trabajo An Essay on the Development of Christian Doctrine (London:
J. Toovey, 1845). Desafortunadamente, tanto entonces como ahora, es muy común
que los bien intencionados y fieles católicos, asocien un creciente
autoconocimiento cristiano y una madurez en el área de la doctrina
y la moral, con una visión relativista del mundo. Es cierto que algunos
teólogos corren el riesgo de deslizarse hacia el relativismo; sin embargo,
sostener, como hacen algunos, que cualquier enmienda doctrinaria va necesariamente
a conducir al relativismo, es falso. En el caso del Cardenal Newman, la
mayor tarea de su ensayo fue examinar las diferencias principales entre la
corrupción doctrinaria y el desarrollo doctrinario. En el ensayo, él
insiste que una idea verdadera y fértil está dotada de una cierta
vitalidad y energía asimilativa por sí sola, la cual, sin experimentar
un cambio sustancial, logra una expresión más completa a medida
que encuentra nuevos aspectos de verdad o choca con nuevos errores en el transcurso
del tiempo.
De esta manera, el Cardenal Newman emplea una metáfora orgánica
para describir cómo las ideas doctrinarias se desarrollan en el curso
del tiempo, a través de las nuevas experiencias de la iglesia, descubrimientos
y revelaciones. Para fortalecer su línea de razonamiento, provee
una serie de pruebas para distinguir entre el verdadero desarrollo y la
corrupción, siendo la principal, la preservación del tipo
y la continuidad de los principios. Es importante, por consiguiente, entender
que la esencia de la doctrina en ambas: sus anteriores y últimas
formas- estuvo contenida en la versión original dada a la iglesia
por Cristo y sus apóstoles y garantizada por su Magisterio.
- John Paul II, Carta Encíclica Centesimus Annus (Mayo 1, 1991),
nos. 29, 32.
- Kenneth Bodenstein, “Pure Profit: For Small Companies That Stress Social
Values as much as the Bottom Line, Growing Up Hasn’t Been an Easy Task,” Los
Angeles Times Magazine (Febrero 5, 1995): 4.
- Jodie Snyder, “Social Awareness: Corporate America Cultivates Conscience,”
Arizona Republic (Mayo 12, 1994): 6.
- Los exponentes principales de la teología de la dominación
son Gary North Rousas J. Rushdoony, Greg Bahnsen, David Chilton, Rodney Clapp,
y Gary DeMar.
- Gary North, Liberating Planet Earth: An Introduction to Biblical Blueprints
(Fort Worth: Dominion Press, 1987), 81.
- Véase Bruce Barton, The Health and Wealth Gospel (Downers
Grove, Ill.: InterVarsity Press, 1987).
- Craig M. Gay, With Liberty and Justice for Whom? The Recent Evangelical
Debate over Capitalism (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Company,
1991), 103, nota 191. Para una exposición incisiva y crítica
de la teología de la dominación, véanse las páginas
101-109
- Véase Yves Congar, O.P., “The Laity,” en Vatican II: An Interfaith
Appraisal (Notre Dame: University of Notre Dame Press, 1966), 240.
- En Gaudium et Spes, el Segundo Concilio Vaticano promulga una comprensión
mucho más positiva del rol del laicado. En le párrafo 43, el
Concilio establece:
Siguiendo el ejemplo de Cristo, quien ejerció el artesanado, enorgullézcanse
los cristianos de poder ejercer todas sus actividades terrenales haciendo
una síntesis del esfuerzo humano, familiar, profesional, científico
y técnico, con los valores religiosos, bajo cuya altísima
jerarquía todo coopera a la gloria de Dios.
Compete a los laicos propiamente, aunque no exclusivamente, las tareas
y el dinamismo seculares. Cuando actúan, individual o colectivamente,
como ciudadanos del mundo, no solamente deben cumplir las leyes propias
de cada disciplina, sino que deben esforzarse por adquirir verdadera competencia
en todos los campos. Es su tarea cultivar una conciencia bien formada. A
la conciencia bien formada del seglar le toca lograr que la ley divina quede
grabada en la ciudad terrena. De los sacerdotes, los laicos pueden esperar
orientación e impulso espiritual. Sin embargo, no piensen que sus
pastores están siempre en condiciones de poderles dar inmediatamente
solución concreta en todas las cuestiones, aun graves, que surjan.
No es ésta su misión. Cumplen más bien los laicos su
propia función con la luz de la sabiduría cristiana y con
la observancia atenta de la doctrina de la Iglesia.
Los laicos, son llamados a desempeñarse activamente en toda la vida
de la Iglesia, no solamente deben animar al mundo con el espíritu
de la Cristiandad, sino que además su vocación se extiende
a ser testigos de Cristo en todas las circunstancias y en el corazón
de la comunidad humana.
- Michael Novak, The Spirit of Democratic Capitalism (New York: Simon
and Schuster, 1982), 98.
- George Gilder, Wealth and Poverty, rev. ed. (San Francisco: ics
Press, 1993).
- Ibid., 21, 24.
- Ibid., 28.
- Ibid., 276280.
- Joseph A. Schumpeter, Capitalism, Socialism, and Democracy, 3d ed.
(New York: Harper and Brothers Publishers, 1950), 132.
- Schumpeter provee la siguiente descripción atinada del empresario:
“actuar con confianza más allá de los faros conocidos y vencer-
la resistencia requiere de aptitudes que están presentes en tan sólo
una pequeña fracción de la población y eso define al
tipo empresario tanto como a su función. Ibid.
- G. J. Wenham, J. A. Motyer, D. A. Carson, and R. T. France, eds., New
Bible Commentary, Twenty-First Century Edition (Downers Grove, Ill.: InterVarsity
Press, 1997), 938.
- Leopold Fonck, The Parables of the Gospel: An Exegetical and Practical
Explanation, 3d ed., ed. George O’Neill, trans. E. Leahy (New York: F.
Pustet, 1914 [1902]), 542.
- De acuerdo a la enseñanza del Rabino Gemara, “Samuel dijo: el dinero
puede solamente ser custodiado [poniéndolo] en la tierra. Dijo Raba:
Sin embargo, Samuel admite que en la víspera del Sabbath, al crepúsculo,
los Rabinos no asignaron esa tarea a nadie. Entonces, si él [Samuel]se
tomó demasiado tiempo al finalizar el Sabbath -suficiente como para
enterrarlo [el dinero]- pero omitió hacerlo, él es responsable.
[si fuese robado].” The Babylonian Talmud (Seder Nezikin), Baba
Metzia, vol. 1, trans. H. Freedman (New York: Rebecca Bennet Publications
Inc., 1959), 250251. También, véase la sección a continuación
(páginas 254-259) para una discusión detallada de la deuda relativa
al depósito de dinero con un oficial, individuo particular, o tercera
parte.
- Israel M. Kirzner, Competition and Entrepreneurship (Chicago: University
of Chicago Press, 1973), 33.
32- Kirzner señala que la respuesta empresarial a los cambios en
la información no debería ser entendida como proceso de cálculo.
Mas bien, a la dimensión empresarial le concierne aquel elemento
de una decisión que involucra “una evaluación sagaz y sabia
de las realidades (ambas, presentes y futuras) dentro del contexto en el
cual la decisión debe ser tomada.”
Discovery and the Capitalist Process (Chicago: University of Chicago
Press, 1985), 17. Samuel Gregg comenta en forma incisiva sobre la afirmación
de Kirzner: “`Evaluación´ es la palabra clave aquí.
Resalta la realidad de que el conocimiento de cada persona es limitado y
de que los actos de cada individuo, consecuentemente, toman lugar en y contribuyen
a un contexto de incertidumbre. Sin ésta, la toma de decisiones requeriría
meramente del cálculo preciso de los hechos y las opciones, en cuyo
caso, los humanos no serían más que robots. La realidad es,
sin embargo, que no importa qué tan precisos sean los cálculos
de uno, una decisión será pobre si el componente empresario-
especulativo involucra un juicio pobre.” “The Rediscovery of Entrepreneurship:
Developments in the Catholic Tradition,” en Christianity and Entrepreneurship:
Protestant and Catholic Thoughts (Australia: Center for Independent
Studies, 1999), 65.
- Los monasterios fueron originalmente concebidos como refugio de los apetitos
mundanos y como un lugar donde los asuntos espirituales dominaban la vida
cotidiana. Estaban regulados por una constitución o un conjunto de
reglas internas, que se aplicaban a la Orden Benedictina y a la Cisterciense.
Dicho conjunto de reglas expuso pautas específicas que controlaban
la organización y operación de los mismos y regulaban las actividades
diarias de los monjes. Para ver una traducción reciente con una excelente
introducción y notas explicativas, véase The Rule of Saint Benedict,
trad. Anthony C. Meisel y M. L. del Mastro (Garden City, N.Y.: Image Books,
1975)
- Robert B. Ekelund, Jr., Robert F. Hébert, Robert D. Tollison, Gary
M. Anderson, y Audrey B. Davidson, Verdad Sagrada: La Iglesia Medieval como
Empresa Económica (New York: Oxford University Press, 1996), 5354.
- El Decreto del Segundo Concilio Vaticano sobre El Apostolado De los Laicos
(18 de noviembre, 1965) expande este argumento en la siguiente extensa cita:
Que los hombres, trabajando en armonía, renueven el orden temporal
y lo perfecciones gradualmente: ése es el designio de Dios para el
mundo.
Todo lo que se requiere para constituir el orden temporal: valores personales
y familiares, cultura, intereses económicos, oficios y profesiones,
instituciones de la comunidad política, relaciones internacionales,
y demás, así como también su desarrollo gradual- todas
estas características no son una mera contribución hacia el
fin último del hombre; poseen valor en sí mismas, un valor
que Dios les concedió, tanto si se las considera individualmente
como si se las considera partes de una estructura temporal integral: “Y
vió Dios todas las cosas que había hecho; y eran en gran manera
buenas” (Gen. 1:31). A ésa bondad natural se agrega la dignidad de
su relación con la persona humana, para cuyo uso han sido creadas.
Y luego, además, Dios quiso reunir todo lo natural y lo sobrenatural
en una misma totalidad en Cristo, “ para que en todo tenga él la
primacía” (Col. 1:18). Lejos de privar al orden temporal de su autonomía,
de sus fines específicos, de sus leyes y recursos propios, o su importancia
para el bienestar humano, este designio, por lo contrario, engrandece su
energía y excelencia, al mismo tiempo, elevándolo al nivel
de la vocación íntegra del hombre. (no.7)
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