"ESTAMOS FRENTE A UNA HUMANOFOBIA"
EN EL NOMBRE DE LAS PLANTAS..
El Mercurio
Domingo, 16 de Mayo de 1999
Decidido defensor de los principios de la economía de mercado y un
crítico de los postulados del ambientalismo radical, el sacerdote norteamericano
y asesor de comisiones del Vaticano Robert Sirico vino a Chile al lanzamiento
del libro "Ecología Humana" y de paso a explicar su posición frente
a ambos temas.
NI las homilías de los sacerdotes que desde los púlpitos critican
a los empresarios por obtener riquezas ni las arengas de los ambientalistas
radicales que han transformado su ideología en una religión son
para el padre Robert Sirico situaciones aceptables. La razón es que él
cree que tanto la solución para terminar con la pobreza como la protección
del medio ambiente pasan por un sistema que se llama economía personificada,
donde prevalecen los principios de la economía de mercado centrada en
el hombre.
Preocupado por el desconocimiento de las comunidades religiosas sobre los fundamentos
económicos que hay detrás de los problemas sociales, el padre
Sirico decidió fundar el Instituto Acton. El objetivo de este organismo
es educar a futuros líderes religiosos en los principios y procesos de
la libre empresa y resaltar las dimensiones morales de la libertad y del sistema
de mercado. Sus conocimientos traspasan fronteras, y es así que ha asesorado
a distintas comisiones en el Vaticano en temas ambientales, económicos
y sociales.
Sin embargo, este sacerdote no siempre navegó por esta corriente. Cuando
Robert Sirico tenía 25 años se relacionó con la izquierda
política en el estado de California, donde residía. "Era de esos
activistas que me paseaba con pancartas por la calle, y estaba totalmente alejado
de la Iglesia; incluso dudaba de la existencia de Dios. En una ocasión
que discutía con un amigo, él me pasó algunos libros sobre
economía de mercado, los que resultaron el primer paso hacia mi conversión
económica." La conversión espiritual vendría más
adelante. Pasarían 13 años para que volviera a pisar una iglesia,
y poco tiempo después ya estaba en el seminario. Estudió filosofía
y ética durante el período más fuerte de la teología
de la liberación y pasaba muchas horas intentando hacer entender a otros
sobre los errores de esta postura. Finalmente, en los años 80 el
Papa denunció públicamente los peligros de esta corriente.
Robert Sirico tiene estudios en la Universidad de Southern, California; en
la Universidad de Londres y un posgrado en Divinidad en la Universidad Católica
de América. Es miembro de la Sociedad Mont Pelerin, de la Academia Americana
de Religión, de la Sociedad Filadelfia y del Instituto Cívico
de Praga. Es conferencista regular de la Academia Internacional de Liechtenstein
y vino a Chile invitado por la Corporación Natura, patrocinadora, junto
con el Instituto Libertad y Desarrollo, de la versión española
del libro "Ecología Humana".
Hoy reparte su vida en actividades pastorales (las que han incluido un período
como capellán para pacientes de Sida) y como presidente del Instituto
Acton para el estudio de la religión y la libertad.
Usted es un gran defensor de la economía de mercado. ¿No se
contrapone este sistema con la labor de la Iglesia en su opción por los
pobres?
Yo defiendo, al igual que el Papa Juan Pablo II, la economía libre,
la que sin duda puede a veces ser egoísta, pero que también puede
ser muy generosa. Este sistema refleja los verdaderos valores de la humanidad...
los que incluyen lo peor y mejor de nuestra cultura
¿Por qué se involucró en este tema con tanta pasión?
Porque deseo que en nuestra sociedad prevalezca lo mejor de nuestra cultura,
la excelencia humana, y sin duda la productividad del hombre mejora a la humanidad.
El sistema de libre mercado permite que los marginales produzcan bienes para
sus familias y crea abundante riqueza para proteger a todos quienes son incapaces
de protegerse a sí mismos.
No se puede distribuir lo que uno no produce. Y algunas personas crean estructuras
para ayudar a la gente pobre, estructuras que elevan los impuestos, que aumentan
la inflación, con lo que sólo dañan la economía,
y a esos "pobres" los dejan sin trabajo.
En sus conferencias usted utiliza el término de economía personalista.
¿Qué significa?
Nuestro instituto hace un esfuerzo para enseñar, por un lado, a las
comunidades religiosas sobre el potencial moral de la economía de mercado
y, por otro, enseñar a los economistas que la verdad económica
acerca del hombre no es toda la verdad. La tendencia de algunos religiosos es
decir "todos deben vivir bien", pero no señalan cómo hacerlo.
Los economistas, por otro lado, sólo enfocan el análisis económico
y se olvidan del ser humano. Se debe hacer un esfuerzo para situar al hombre
como centro de la producción. No se puede hablar de economía sin
hablar de seres humanos. Ofrecemos una forma innovadora de ayudar a la economía
libre que tiene un potencial moral. La vocación del hombre es multiplicarse
y dominar el mundo para servir a la familia humana. El Concilio Vaticano II
dice que el hombre está creado por sí mismo y que toda la naturaleza
está destinada a servir a este ser que debe tener acceso a la inteligencia
e información. En este sentido, la economía de mercado puede ser
muy útil.
Juguete intelectual
Hay quienes culpan al liberalismo económico de la destrucción
del medio ambiente. ¿Cómo se puede conciliar progreso con protección
ambiental?
Aquí hay un error de concepto. Los países más capitalistas
son los que tienen más limpio el ambiente; en cambio, los socialistas
sufren de graves problemas ecológicos. Y esto tiene una explicación.
¿Me preocupo más de mi propio auto, o del coche de alquiler? Cuando
la propiedad es socializada, se desintegra; cuando se privatiza y la gente puede
invertir en ella, se cuida. Todos queremos vivir en un ambiente limpio, pero
la pregunta es ¿cómo lo logramos?
Los ambientalistas radicales, entre los que hay muchos cristianos, incluso
sacerdotes, parecen tener la respuesta...
¿Respuesta? La misma gente que una vez propagó la Teología
de la Liberación y que vio el fracaso absoluto de esta corriente cuando
colapsó el socialismo, hoy ha encontrado un nuevo juguete intelectual.
Existe una gran similitud entre los ecologistas profundos y esta corriente religiosa,
ya que sostienen los mismos principios económicos. La idea marxista de
lucha de clases reaparece en la ecología profunda. La "hostilidad entre
empresarios y trabajadores" se reproduce ahora en "hostilidad intrínseca
entre hombre y medio ambiente", donde el ser humano es el explotador y la nueva
víctima es la naturaleza. Aunque, en realidad, existe una diferencia:
al menos los socialistas dicen que nacionalizan la economía en el nombre
del pueblo, mientras que los ecologistas quieren destruir las instituciones
económicas en el nombre de las plantas... La gente se deja seducir por
este romanticismo verde y no entiende las consecuencias radicales de esta posición,
donde el término "humanismo" se cambia por "especismo", y plantas, animales
y hombre quedan en un mismo plano.
¿Por qué se contrapone radicalismo ambiental con cristianismo?
Porque hay una concepción diametralmente opuesta sobre el papel del
hombre en la creación. Para el cristianismo, el ser humano es único
e irrepetible. A diferencia de un árbol, que puede ser reemplazado, una
persona jamás podrá ser reemplazada por otra.
La Iglesia es prohumana, mientras que la filosofía de la ecología
profunda le da valor al mundo natural destruyendo al hombre. Hay artículos
que incluso abogan por la extinción voluntaria del ser humano. Se trata
de una verdadera humanofobia que incluye políticas a favor del aborto,
contracepción forzada, etcétera.
Ahora, lo paradójico de esto es que la ecología profunda destruye
justamente al agente de valorización, porque toda la conversación
sobre la importancia del ambiente, todos los movimientos filosóficos
relacionados con este tema, son sustentados por seres humanos. Si se destruye
al hombre, obviamente se destruye el valor de todo lo creado. El hombre decide
no matar los animales, aunque los animales se maten entre ellos.
En algunos casos, la veneración de la tierra, en lugar de nuestro Señor,
se convierte en la esencia de la fe. Se confunden los valores religiosos a medida
que se enfatizan las causas medioambientalistas.
Pero al menos los ambientalistas crean conciencia de que hay que hacer algo
por salvar el planeta...
Venden una idea romántica, muy "políticamente correcta", pero
muy peligrosa. La meta del ambientalismo moderno es disminuir el ámbito
en el cual la gente pueda causar algún efecto en el estado original de
la naturaleza, incluso si ello da como resultado algo más agradable.
El mandamiento de Dios de cultivar y mantener la tierra se transforma en reglamentos
estatales, centralmente fiscalizados.
Como norteamericano, estoy avergonzado de todos los ricos de mi país
que hacen su fortuna en un mercado libre y luego viajan en sus jets privados
a otras naciones y adquieren tierras para convertirlas en su propio parque de
diversiones, sin darle a la gente la posibilidad de progresar como ellos lo
hicieron.
¿Se refiere al señor Tompkins?
Y a muchos otros como él que usan su dinero en su beneficio y restringen
a la gente de utilizar sus propios recursos naturales.
Pero él tiene un parque abierto al público y el fin es preservar
la selva lluviosa que se extingue para dejarla a las generaciones futuras.
Sí, él tiene el derecho de hacerlo, pero también defiendo
el derecho de otros de cosechar árboles, porque no hay que olvidar que
quien cosecha también planta, y ello trae un beneficio económico
y social.
¿Entonces los problemas ecológicos también los soluciona
el mercado?
El mercado ha hecho progresar al mundo y necesitamos una ecología humana.
Todos quieren limpiar el ambiente, pero nadie quiere sacar la basura; es decir,
nadie quiere realizar el trabajo sucio. Los ecologistas profundos quieren colectivizar
la responsabilidad, y lo que nosotros decimos es que asignando responsabilidades
concretas a las instituciones de propiedad privada se asegurará un ambiente
limpio, porque la gente se preocupa más de lo privado que de lo público.
Un ejemplo claro es lo que ha ocurrido con los elefantes en Africa. El comercio
del marfil ha puesto en peligro la población de elefantes. Los países
han enfrentado este problema de distintas formas. Algunos declararon a los elefantes
como un patrimonio nacional, mientras que otros, como Tanzania, privatizaron
los elefantes entregándolos a las tribus para que manejen la producción.
Y qué ha ocurrido: en los lugares donde los animales han sido nacionalizados,
los propios pobladores informan a los cazadores ilegales el paradero de los
elefantes, ya que los consideran un peligro para sus cosechas. Los cazadores
los matan, les sacan los colmillos y luego entierran los cuerpos. En cambio,
en Tanzania, los elefantes han sido colonizados, protegidos, se asegura su reproducción
y se faenan de acuerdo a un plan de manejo donde no sólo se obtiene el
marfil, sino que se comercializa la piel y la carne.
Las tribus de Tanzania le asignaron valor al elefante porque es de su propiedad,
y cuando algo se valoriza, se conserva, y eso mismo puede ocurrir con todos
los animales, los árboles, las montañas, etcétera.
¿Qué proponen para resolver el problema de sobrepoblación
mundial?
Este es otro mito. ¿Qué significa sobrepoblado? ¿El concepto
implica un empeoramiento de la calidad de vida? ¿Cómo se explica
que Bangladesh y Sudán tienen más terreno y menor población
que Hong Kong y tienen mucho peor calidad de vida? Hoy es posible poner a toda
la población del mundo en una parte del estado de Florida y se podría
vivir como en Nueva York. Y otra comparación: Toda la gente que ha vivido
en la tierra desde la creación cabría espalda con espalda en el
Estado de Texas. El problema no está en la sobrepoblación, sino
que en la subproducción.
En los últimos 75 años ha aumentado el acceso per cápita
a las calorías, al agua potable, ha habido una significativa mejoría
en salud y se han encontrado formas de utilizar más eficientemente la
energía.
Ustedes, al parecer, están muy lejos de la visión apocalíptica
del mundo.
Todos los pronósticos de hambrunas, epidemias, desastres naturales que
vendrían antes de fin de milenio no se han cumplido. Los ecologistas
nos han amenazado con todo tipo de catástrofes. Hace 20 años dijeron
que venía una glaciación, hoy dicen que estamos frente a un calentamiento
global. Lo que ocurre es que estos ambientalistas no son confiables en la forma
de obtener su información y la manipulan para sus propósitos políticos.
Sus bases son dudosas.
No vemos ninguna catástrofe por delante y creo que no tendremos la suerte
de ver el fin del mundo. ¡Sería bonito sacar entradas para ese espectáculo,
no me lo perdería por nada, pero falta mucho para que los tickets salgan
a la venta!
Ana Campos G.
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