Las causas fundamentales del hambre
Samuel Gregg
El Comercio, Martes, 21 de Octubre de 2003
Una de las peores tragedias de la pobreza humana es el hambre. Pocas cosas
nos entristece más que ver a un niño latinoamericano, africano
o asiático sufriendo de mala nutrición. Por eso es que la promesa
de alimentos genéticamente mejorados entusiasma a tanta gente. La posibilidad
de plantaciones resistentes a la sequía, que puedan crecer en terrenos
poco fértiles y lograr cosechas mayores es el milagro que muchos deseamos.
La preocupación por los pobres es un principio de la fe cristiana y
no sorprende que el Vaticano esté actualmente redactando un documento
que aparentemente apoyará la producción de alimentos genéticamente
mejorados. El respaldo moral a los alimentos genéticamente modificados
es fuerte. Desde el punto de vista de la ética cristiana, el mundo existe
para ser utilizado, por los humanos. Por ello, la iglesia nunca ha considerado
moralmente problemático la práctica de varios siglos de manipular
genéticamente a plantas y animales . El Vaticano también está
consciente que no hay evidencia científica de que las modificaciones
genéticas de las plantas puedan dañar a la gente, a los animales
ni a las plantas mismas. Pero con o sin alimentos genéticamente mejorados,
no hay razón para que haya hambre.
El hambre no es causada por la naturaleza. El hambre surge principalmente por
falta de derechos de propiedad, Estado de derecho y libre comercio. Si no hay
derechos de propiedad, el campesino no tiene incentivos para cultivar la tierra.
Sin Estado de derecho, no tienen ninguna seguridad de que sus productos no serán
robados por funcionarios corruptos, y sin libre comercio, los agricultores de
los países en desarrollo no tienen chance de competir con los protegidos
y subsidiados agricultores de Europa y Estados Unidos.
En otras palabras, las causas fundamentales del hambre se encuentran en malas
políticas instrumentadas por los hombres. Consideremos las siguientes
estadísticas. En los últimos 10 años han muerto de hambre
2 millones de norcoreanos por las políticas colectivistas de su gobierno.
En los años treinta 8 millones de ucranianos murieron de hambre durante
la campaña de Stalin para acabar con las fincas privadas. Las muertes
masivas en Etiopía en los años 80 fueron causadas por la guerra
y por las políticas del régimen marxista-leninista. Actualmente,
miles confrontan una hambruna en Zimbabwe como resultado de la destrucción
sistemática, por parte del dictador Mugabe, de los derechos de propiedad
de los agricultores blancos de ese país, pasándole las tierras
robadas a sus compinches; allá sufren la desaparición del Estado
de derecho y el colapso de la agricultura. El hambre también destruye
la dignidad intrínseca de la persona.
La producción de alimentos genéticamente mejorados encuadra bien
con la ética cristiana y puede ser parte de la solución. Pero
la Iglesia no debe olvidar tampoco las causas fundamentales del hambre. De ello
dependerán muchas vidas.
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